
La autogestión como herramienta
Con un adecuado planeamiento, las células autónomas de trabajo pueden aumentar la productividad.
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A medida que vamos creciendo en la vida personal y en la trayectoria laboral, los cambios se producen con una velocidad tal que se terminan asumiendo como algo natural, y se actúa ante ellos en consecuencia.
Se trata de anticiparlos y amortiguarlos, no por una cuestión de comodidad, sino por una elemental necesidad de sobrevivir a ellos.
Junto con estos diarios cambios, concurren temas que mantienen una permanente actualidad en las organizaciones, como reducir costos y ser más eficientes y eficaces logrando satisfacción en los Recursos Humanos.
Así, una y otra vez se piensa en los métodos de trabajo que permiten alcanzar la eficiencia y se evalúa el estilo gerencial para alcanzar la eficacia.
Aunque resulte poco creíble, estas exigencias que impone el cambio no han sido totalmente internalizadas en muchas organizaciones, así como la idea de que el real cambio de las empreas se impone en el gerenciamiento de los grupos humanos.
Existe resistencia en aceptar que los conceptos de management sustentados en el mando y el control son cada vez más obsoletos y repercuten directa y negativamente en la productividad.
Poder de decisión
Estos conceptos van siendo reemplazados por hábitos mucho más profundos, basados en la cooperación responsable entre personas con capacidad de autogestionarse y que constituyen verdaderos equipos de trabajo autodirigidos.
Cuando estos equipos engloban la totalidad del proceso de una compañía se los llama células autónomas.
Esta forma de organización permite otorgar poder de acción y decisión a personas que, mediante su conocimiento y la información sobre su trabajo, sean capaces de responsabilizarse por el cumplimiento de objetivos y se encuentren motivadas para aceptar el compromiso.
Con planificación
Las células autónomas de producción y administración constituyen una herramienta idónea para el incremento de la productividad y la reducción de costos de cualquier emprendimiento industrial y de servicios, siempre que se encaren con un real planeamiento estratégico de los recursos humanos.
Los miembros de las células actúan en forma conjunta, con apoyo mutuo y midiéndose permanentemente sobre la base de parámetros fijados y acordados en forma anticipada.
Los parámetros de medición deben ser concretos y referirse a productividad, accidentes de trabajo, reducción de costos, trabajo en equipo, presentación de ideas y solución de problemas. La misión de la compañía, además, debe ser conocida y comprendida por cada uno de los miembros del grupo.
Para volverse operativas, se debe definir qué tipo de personal requiere la planta industrial o unidad operativa en la que estas células se desempeñan; qué capacitación necesitan en el corto, mediano y largo plazo, y definir la forma de medir la adquisición de nuevos conocimientos y su aplicación en la práctica.
Todos los miembros de las unidades operativas, además, deben trabajar colaborando entre sí, sin pérdidas de tiempo ni competencias desleales.
El autor es director de la consultora Industrial Relations & Management Consultant





