
Lejos de la sabiduría de los líderes celtas
Tres cosas que son el deber de todos; escuchar humildemente; responder discretamente y juzgar bondadosamente
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Tríada celta. En Leyendas celtas irlandesas, Editorial Lonngseller, mayo 2004.
La cultura celta tuvo su apogeo allá por el año 480 a.C. Luego de distintos retrocesos, forzados por guerras e invasiones -entre ellas, la encabezada por Julio César- se refugió, casi intacta, en la región que actualmente conocemos como Irlanda. Quienes administraban el poder eran los druidas, una especie de sacerdocio militar, cuya función primordial consistía en organizar la sociedad. Se basaban en principios enunciados en tríadas, como la que citamos.
Es un modo de pensar diferente del dualismo con el que entendemos el mundo hoy: cuerpo o alma, bueno o malo, ganador o perdedor. En la tríada, cada concepto tiene su propia identidad y a la vez envuelve a los otros, manteniéndose en equilibrio, como la Santísima Trinidad. Las tríadas contienen una profunda y mágica sabiduría, que se acentúa al ubicarlas en esa región poblada de hadas y gnomos de Irlanda. Las conclusiones que siguen, por lo tanto, son casi una profanación: trasladar aquellos principios a los estilos de conducción argentinos, desde una óptica maliciosa y caricaturesca.
Escuchar humildemente. ¿Quién? ¿Yo? ¡Este principio lesiona la autoridad! El jefe siempre tiene razón. Sabe más, tiene mayor información sobre la compañía, la defiende a rajatablas y por esto lo ponen en ese puesto. La humildad no conduce más que a una imagen de debilidad. Un jefe debe ser duro, fuerte, decidido. En suma, inexpugnable.
Responder discretamente. Los subordinados, se sabe, suelen decir pavadas. Si traen alguna idea nueva, se ponen pesados. Si están en desacuerdo con un trabajo, hasta llegan a elevar el tono. En esos casos, hay que ponerlos en caja. Un par de gritos, bien ubicados, son muy efectivos.
Juzgar bondadosamente. ¡Esto roza la ingenuidad! Además, se puede pasar por tonto. Las debilidades o errores humanos no son más que desvíos inadmisibles y prenuncian abusos mayores. La bondad es para otros ámbitos, fuera de las empresas.
No. Las tríadas celtas no tienen lugar en nuestra gestión.
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