
Los miedos y las dudas al elegir una carrera
Las posibilidades de inserción laboral, el reconocimiento de los propios intereses y las demandas del estudio universitario encabezan las preocupaciones de quienes tienen que definir su futuro profesional
1 minuto de lectura'
"Vengo a que me digan qué es lo mío." "¿Qué carrera me conviene seguir para tener trabajo?" "No voy a poder estudiar todo lo que me van a dar." "No me gusta nada." "Me gusta todo." "Quiero estudiar, pero necesito trabajar para poder hacerlo."
Armar un proyecto de vida combina la elección de la carrera específica con ansiedades personales, la incertidumbre económica del país y el impacto de pasar de la escuela media al estudio universitario.
Según los especialistas, el futuro laboral, la definición de los propios intereses y las demandas del estudio superior encabezan las preocupaciones que expresan los chicos que tienen que elegir.
Futuro incierto
La preocupación por el futuro laboral está muy presente en el momento de optar, instalada por la crisis del país tanto en los chicos como en muchos padres. Algunos orientadores afirman que muchos estudiantes están empezando a consultar primero por carreras cortas, en busca de una salida laboral más rápida. Y que otros, con una vocación clara, la postergan cuando creen que "no podrán comer con eso".
"Pesa el ámbito en el que están eligiendo. Si piensan en Ciencias Económicas, tienen menos preocupación por el tema. Si se inclinan por carreras más nuevas, o relacionadas con el campo artístico o social, aparece más esta incertidumbre, porque no les resulta fácil imaginarse en qué van a trabajar", dijo Paula Pasman, integrante del Servicio de Orientación a Estudiantes de la Universidad de Belgrano (UB), donde además de ofrecer procesos de orientación, se entrevista a todos los ingresantes y se hace un seguimiento con tutores en la carrera.
El origen social también introduce diferencias. "Cuando los chicos vienen de familias de profesionales, no se les ocurriría no estudiar. Saben que ser abogados o médicos no asegura conseguir empleo, pero llegar a tener el título parece una garantía", evaluó la psicóloga Adriana Gullco.
Para muchos, la preocupación económica comienza antes. "Aparece la conciencia de la importancia de seguir estudiando cuando se termina el secundario, pero muchos no saben si van a poder sostenerse económicamente, porque necesitan trabajar y los empleos suponen una dedicación horaria muy grande", afirmó Diana Aisenson, directora de la Dirección de Orientación al Estudiante de la UBA.
¿Cómo responder a esta inquietud justificada ante un futuro económico incierto? "Les sugiero que el punto de partida para elegir un proyecto de vida sean ellos y sus intereses, que tengan una esperanza, aunque no en el vacío. Que miren la realidad en la que están inmersos, que hablen con sus familiares y conocidos que trabajan", afirmó Adriana Hunau, coordinadora del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCu), donde se trabaja con chicos de los últimos años del polimodal y en procesos de reorientación para quienes dudan de su primera opción.
Las respuestas no son únicas. "Tratamos de que piensen que la creatividad y el esfuerzo personal tienen mucho peso a la hora de conseguir empleo; que el lugar de trabajo no está asegurado nunca, con ninguna carrera, ni se logra de arriba", dijo Pasman. La realidad laboral indica que los ámbitos de trabajo son cada vez más diversos para cada profesión y que es difícil anticipar cómo y dónde se ejercerá la actividad elegida.
Definir lo que les gusta también puede ser un problema, porque les cuesta reflexionar sobre sí mismos y porque lo hacen con ideas estereotipadas, limitadas o directamente falsas de las profesiones.
"Muchos tienen idea de un área que les interesa, no de una carrera; otros dicen que no les gusta nada, o todo, pero en muchos influye el área de polimodal que hayan hecho y no se animan a otras cosas", dijo Hunau.
Ante esto, es bueno que los adolescentes se den cuenta de que no es la primera elección que han hecho en la vida. "Ellos traen una historia en la que han hecho elecciones y han construido un modo de elegir. Tienen que aprender a priorizar y aceptar el riesgo. Muchos saben lo que les gusta, pero nunca lo han pensado así", afirmó Hunau.
La recomendación es combinar la información sobre las profesiones -que puede obtenerse en contacto con profesionales, familiares y docentes- con lo que significa estudiarlas como carrera.
"Los chicos pasan de no saber nada sobre una carrera a imaginarse directamente trabajando en eso, y no piensan en el proceso de estudio. No consideran, por ejemplo, que en Ingeniería van a tener matemáticas y física, o les sorprende que en Psicología tengan que leer tanto", dijo Pasman. Leer y analizar los planes de estudio y tener encuentros con docentes y estudiantes son herramientas útiles.
Que "la Universidad te cambia la vida" es una frase habitual en los ingresantes, pero no todos pueden definir qué quieren decir con eso.
El miedo a no poder "procesar" los volúmenes de lectura y estudio que imaginan que les exigirán es uno de los más presentes, sobre todo para los que son conscientes de que el paso por la escuela media no los ha preparado sólidamente, a veces en contenidos y otras en hábitos de estudio. "Es frecuente escuchar a los chicos decir que no pueden sentarse a estudiar, que les cuesta concentrarse", agregó Pasman.
La psicóloga recomienda una distinción. "Hay chicos que tienen estas ansiedades, pero no han tenido problemas en el secundario, tienen el hábito de la lectura incorporado. A ellos los ayudamos a que vean que pueden hacerlo, que tengan confianza en ellos mismos. Pero hay otros que sí han tenido dificultades y con ellos hay que trabajar en instalar hábitos de estudio", afirmó.
Problemas particulares
También hay preocupaciones más particulares.
Por ejemplo, las de los chicos del interior, que suman al cambio el traslado a Buenos Aires, quizás a vivir solos por primera vez. A estos chicos se les agrega una ansiedad extra: pensar qué posibilidades tendrán luego de desarrollarla en sus lugares de origen.
Con los chicos del interior, el seguimiento durante los primeros tiempos de la carrera es particularmente importante, sobre todo en lo que los especialistas conocen como "la crisis de Semana Santa", esos cuatro días en los que regresan a sus casas, que a muchos les cuesta abandonar de nuevo para retomar los estudios.
Otro grupo con demandas específicas es el de quienes ya están cursando y dudan de su elección, abandonaron una primera carrera o tuvieron malos resultados en los primeros parciales y lo atribuyen a una mala elección.
"Llegan con una vivencia de fracaso y pérdida. Trabajamos con la idea de que equivocarse no es fracasar y que se puede volver a elegir. La mayoría de ellos eligió muy influido por mandatos familiares o en la urgencia de anotarse. Han hecho una elección inmadura y con desconocimiento, en la que no fueron protagonistas", explicó Hunau. Una buena síntesis de los errores que hay que evitar.





