Informales y cuentapropistas, con alta inestabilidad laboral

Entre los asalariados no registrados, la tasa anual de salida de un puesto es superior al 50% y, entre los autónomos, de 32%; qué factores llevan a esas tasas de rotación y cuáles son las consecuencias
Entre los asalariados no registrados, la tasa anual de salida de un puesto es superior al 50% y, entre los autónomos, de 32%; qué factores llevan a esas tasas de rotación y cuáles son las consecuencias Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Silvia Stang
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15 de septiembre de 2019  

Este mes, sí. El próximo, no. El que llegará después, no se sabe. Para un grupo de trabajadores, la intermitencia en las tareas por hacer para obtener ingresos es lo que caracteriza la vida laboral. Es un rasgo vinculado con los altos índices de pobreza e informalidad y, en muchos casos, con los bajos niveles de capacitación y acceso a ciertos servicios. Al menos, eso es lo que sugieren los resultados de un informe de la oficina del Cono Sur de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre rotación ocupacional e informalidad.

El trabajo, elaborado por la economista Roxana Maurizio, docente e investigadora en la Universidad de Buenos Aires y en el Conicet, concluye que la tasa de salida anual desde una ocupación por parte de los trabajadores es en nuestro país de 27,3% en promedio. Las diferencias son significativas cuando se miran los datos según el tipo de ocupación: entre los asalariados formales, deja su puesto a lo largo de un año el 12,2%; entre los dependientes informales, la tasa trepa al 51,1%, en tanto que entre los no asalariados la situación relevada se ubica en un lugar intermedio: el índice de salida es de 32,2%. La tendencia en cuanto a las brechas entre los tres grupos es la misma en los otros países de la región incluidos en el informe: Brasil, Ecuador, México, Paraguay y Perú.

Sí existen diferencias en el mapa laboral entre esos países, como puede verse en el gráfico que acompaña esta nota. En la Argentina, el 47% de los ocupados son empleados formales; el 26,8%, asalariados informales; el 19,5%, cuentapropistas no profesionales; el 3,8%, patrones y el 2,9%, cuentapropistas profesionales. En Brasil, los dependientes formales llegan al 55,7%, en tanto que en Paraguay ese índice es de solo el 24,5%.

Los datos fueron estimados sobre la base de los relevamientos oficiales: en el caso argentino, la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, en la cual hay un sistema por el cual los consultados se repiten en una determinada cantidad de ediciones. La información publicada por la OIT permite ver, por ejemplo, cuál es la situación ocupacional inmediata de los cuentapropistas que se quedan sin tareas: el 36,8% pasa a la inactividad (probablemente, a un período entre changa y changa) y el 16,9%, al desempleo (condición en la que se incluye a quienes declaran buscar trabajo activamente). Solo el 6,2% se va a un empleo asalariado formal, mientras que el 18% pasa a ser empleado informal y el 22,1% sigue con tareas en forma autónoma.

¿Cómo puede evaluarse el hecho de que exista una alta tasa de rotación, es decir que haya cambios frecuentes de empleo o de situación laboral? En principio, es un fenómeno fuertemente asociado a la informalidad y también al cuentapropismo que, a su vez, en países como la Argentina se vincula en forma significativa a la precariedad y a bajos niveles de capacitación (sin ignorar que hay casos en los que se emprende por vocación y no por ser la opción "de última instancia").

Cuando se tienen en cuenta los factores del párrafo anterior, puede concluirse que la alta rotación es en buena medida un emergente de los problemas laborales. Y es un problema en sí mismo también. Según Maurizio, hay al menos dos efectos desfavorables de la alta rotación: uno es que los ingresos de las familias se vuelven fluctuantes; el otro es que caen las posibilidades de acumular conocimientos y algún tipo de capacitación. Una consecuencia, esta última, que agrava el problema, sobre todo si no hay intervención de políticas públicas o estrategias sociales o empresarias. Se entiende, claro, que todo esto ocurre cuando los cambios no se explican por deseos personales o estímulos profesionales.

El hecho de contar con un mayor nivel de preparación es identificado, en el informe de la OIT, como una de las causas por las cuales la rotación es mucho más baja en el empleo formal. Otro elemento relacionado con ese dato es el costo del despido para el empleador. "Los puestos formales son ocupados con mayor intensidad por trabajadores de nivel educativo alto, que suelen recibir una mayor capacitación específica, lo que contribuye a la estabilidad", se señala.

Otro aspecto relacionado con la alta rotación es que para los trabajadores afectados muchas veces no se cumplen los derechos de la seguridad social. Por lo general, se trata de quienes no tienen aportes ni a la jubilación ni a la obra social, ni protección ante un accidente laboral.

Según los datos de la EPH al primer trimestre del año, los asalariados sin descuento jubilatorio son el 33,9%. Pero la tasa de informalidad en la población urbana ocupada del país (es decir, cuando se considera no solo a los asalariados sino también a quienes trabajan por cuenta propia) es mucho más elevada: se estima cercana al 50%. Son índices altos que persisten desde hace muchos años, según otras publicaciones de fuentes como la propia OIT y el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Un informe reciente de este último centro de estudios señala que en 2018 el 49,3% de los ocupados estaba en la economía micro-informal, una condición que agrupa a quienes hacen actividades no profesionales de manera autónoma o en unidades muy pequeñas, con baja productividad y alta rotación.

Entre los cuentapropistas hay alta incidencia de situaciones de falta total o de intermitencia de aportes, más allá de los problemas del diseño del sistema formal para los no asalariados. En el monotributo -que se pensó como un "puente" hacia el régimen general de autónomos y que se convirtió en "puente eterno", por temas como la falta de un empalme adecuado entre ambos esquemas-, los pagos jubilatorios son bajos en relación con los de otros aportantes, por lo cual se lo considera un régimen subsidiado, sin que se justifique siempre por el nivel de ingresos.

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