
Propuesta indecente
Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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La princesa Zhukovski, angustiada, le ofreció compartir el suculento botín a cambio de su silencio. Nunca hubiera podido imaginar lo que él le contestaría:
-Podemos dejar a un lado lo que significan la honestidad, el sentido de lealtad a los que nos emplean, y así sucesivamente. Usted puede dudar de ellas, así que las dejaremos a un lado. Soy un detective porque este trabajo me gusta. Me pagan un sueldo regular, y podría encontrar otros trabajos en los que me pagarían más. Incluso cien dólares más por mes serían mil doscientos al año. Suponga unos veinticinco o treinta mil dólares en los años que me quedan hasta que cumpla los sesenta.
"Ahora renuncio a unos veinticinco o treinta mil dólares de dinero ganado honradamente porque me gusta ser detective, me gusta este trabajo. Y cuando a uno le gusta el trabajo procura hacerlo tan bien como puede. De otro modo, no tendría sentido. Esto es lo que soy yo. No sé nada más, no me divierte nada, no quiero saber ni divertirme con nada distinto. Usted no puede comparar esto con ninguna cantidad de dinero. El dinero es una cosa buena. No tengo nada contra él. Pero en los últimos dieciocho años me he estado divirtiendo cazando a criminales y resolviendo enigmas, con lo que mi diversión es cazar a criminales y resolver enigmas. Es el único deporte que conozco. Y no puedo imaginarme un futuro más agradable que unos veintipico de años haciendo lo mismo. °No voy a eliminarlo de repente!"
A continuación, la seductora princesa se ofreció a sí misma para sellar un acuerdo y fracasó nuevamente. Convencida de la irresistible atracción que ejercía sobre los hombres, intentó irse tranquilamente, pero él la detuvo metiéndole una bala en la pantorrilla de la pierna izquierda.
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La acción resumida corresponde al final del cuento El saqueo de Couffignal, escrito en la década de 1920 por Dashiell Hammett, un precursor de la novela policial negra. Esta se caracteriza porque sus héroes nunca son bebes de pecho, sino tipos duros y poco devotos a los sentimentalismos, como se observa en el fragmento descripto. Hammett no pretendió en este cuento, de modo alguno, elaborar una tesis sobre las relaciones laborales; sin embargo, pone al descubierto una clave simple: cualquiera que esté identificado y satisfecho con su trabajo no admite corruptelas.
La afirmación contraria -quien desprecia su trabajo, se corrompe con mayor facilidad- no sólo es válida, sino iluminadora de miles de hechos que se registran en las empresas. Hay una relación íntima entre lo que se valora y lo que se arriesga. El rudo detective de la historia hasta saca cuentas de lo que se priva de ganar por optar por su actual ocupación. Este cálculo siempre está, de un modo u otro, en la cabeza de un trabajador. Aparece cuando decide cambiar de empresa, colaborar en poca o mucha medida, o participar de un ilícito para beneficio personal. Es la relación mercantil impuesta por los hechos de la vida y la sociedad y, que con frecuencia se insiste en ignorar.
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Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar





