
¿Sirve hacer un MBA en Harvard?
En 1970, en Estados Unidos se recibieron 26.490 alumnos; en 2004, la cifra llegó a 139.347
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NUEVA YORK (The New York Times).- Adam Richman, cofundador de Double Nickel Entertainment, productora de cine y televisión, se graduó en la Harvard Business School (HSB) en 1996. Un año antes había emprendido un proyecto extracurricular: averiguar cuánto valía, en la vida real, una maestría en administración de empresas (MBA), en especial una de Harvard. ¿Era un pasaje hacia la buena vida, como creía la gente? Decidió rastrear a un grupo de compañeros, hablar con ellos de sus ambiciones personales y profesionales, y visitarlos cada 5 años, hasta 2026.
También los filmaría en una serie documental. Su título: Building Career Foundations (Echando los cimientos de una carrera). "Quería saber cómo tomaban sus decisiones profesionales y empresariales, y cómo definían el éxito", explica.
Su asesora en lo referente a la serie es Monica C. Higgins, profesora asociada de la HBS. "Nos interesa mucho ver cómo los impactos externos afectan las carreras y esta promoción egresó en vísperas del auge de las empresas virtuales -dice-. ¿Quiénes deciden abandonarlo todo por un sueño, cómo lo deciden y por qué."
Tras un largo proceso en el que encuestaron a unos 140 estudiantes, eligieron como sujetos principales para 1996 a cuatro mujeres y seis hombres. En 2001, enviaron cuestionarios similares a todos ellos y filmaron a los diez elegidos. El documental es una especie de medición microcósmica.
Aun así, ofrece una visión de cuánto vale un MBA de Harvard que cuesta más de 70.000 dólares (matrícula y aranceles por 2 años) y cuál es su utilidad general. En 1970, en los Estados Unidos se otorgaron 26.490 MBA; en 2004, la cifra saltó a 139.347. Sin embargo, no hay consenso respecto de sus beneficios tangibles. "Es el título más versátil; puede aplicarse a cualquier ámbito. La mayoría de los otros son muy específicos", opina Rachel Edgington, directora de investigación del Graduate Management Admission Council, entidad sin fines de lucro de McLean (Virginia).
"Los programas de MBA forman mal a individuos inadecuados; de ahí las consecuencias. No se puede crear un gerente en un aula. Si les hacen sentirse convertidos en gerentes cuando no lo son, el resultado es una soberbia desmedida", objeta Henry Mintzberg, profesor de la McGill University de Montreal. En 2003, rastreó la carrera de 19 graduados en la HBS que habían figurado entre los mejores de la promoción 1990. Diez habían fracasado por completo; cuatro tenían un desempeño, cuando menos, dudoso. Sólo les iba bien a cinco.
Este año, la Lubin School of Business de la Pace University, investigó a 482 compañías que cotizan en la Bolsa neoyorquina. Sólo 162 tenían CEO con títulos de posgrado en administración de empresas. Aquellas cuyos CEO los habían obtenido en universidades prestigiosas no marchaban ni mejor ni peor que las otras. No está clara la razón. Aron A. Gottesman, coautor del estudio, aventura una posible explicación: quien no se ha graduado en una universidad prestigiosa tiene que esforzarse mucho más para triunfar. En cambio, en un estudio de gerentes de fondos mutualistas de inversión, Gottesman y un colega descubrieron que, en general, los egresados de universidades muy prestigiosas se desempeñaban mejor que los otros. "Quizá se deba a que enseñan mejor las técnicas o a que sus estudiantes tienen un coeficiente intelectual más alto", especula Gottesman.
Sea cual fuere el valor de un MBA, la mayoría de sus poseedores parece estar satisfecho, incluidos los 140 ex compañeros de Richman. En 1996 y 2001, Richman y Higgins les preguntaron cómo definirían el éxito. En ambos años, sus respuestas fueron éstas, en orden descendiente de importancia: satisfacción personal o equilibrio, el respeto de sus pares, y el puesto de CEO o ejecutivo financiero máximo en una corporación.
El último lugar fue para los sueldos altos. El equilibrio, la seguridad financiera y el poder en la empresa encabezaron la lista. Llegar a CEO perdió terreno frente a los cargos de liderazgo en general. El respeto de los pares quedó a la zaga. También citaron con frecuencia el "impacto personal", o sea, la influencia positiva sobre la sociedad. La importancia del "equilibrio" y la "felicidad" obedecerían a la paternidad actual o futura, a los sentimientos en torno del 11 de septiembre y al colapso de las empresas virtuales.
La reunión de este año con el grupo principal reveló que cinco de los 10 sujetos habían sufrido un gran trauma profesional (despido, colapso de su empresa o su absorción por otra). Los otros cinco habían invertido con éxito o habían aprovechado la salida a la Bolsa de las compañías en que las que trabajaban.
Según un informe presentado en 2005 por la University of Maryland, otro beneficio de las MBA es la idea que la gente tiene de ellas. Los reclutadores pagan sueldos más altos a los graduados en universidades de primer nivel. A ojos de terceros, el renombre de éstas otorga legitimidad al título. El valor real de una MBA de Harvard, Princeton, Yale u otra universidad de ese nivel no radicaría en la formación de sus estudiantes, sino en su selección por inteligencia, energía y logros anteriores.
Traducción de Zoraida J. Valcárcel





