Es imposible predecir la cotización del dólar en enero de 2003
Por Horacio Varela y Jorge Vázquez Gil Para LA NACION
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Predecir el valor del dólar en la Argentina en enero de 2003 es una tarea imposible. Si los derechos y garantías que consagra la Constitución no están claramente delimitados, no debería llamar la atención que la desconfianza y el desconcierto jueguen un papel central en las relaciones económicas y en la percepción del valor de los bienes. De nada sirve plantearse un esquema de variables macroeconómicas para intentar una predicción si no tenemos la íntima convicción de que todo lo que hoy se da como cierto se respetará en el futuro.
Hasta que se clarifiquen las aguas, o más precisamente las leyes, más productivo que intentar un pronóstico puede ser revisar la historia del comportamiento del tipo de cambio en los últimos 37 años para ver cómo una de las variables importantes de la economía puede aportarnos alguna enseñanza con respecto al futuro.
Para revisar tal historia hemos ajustado por inflación, a pesos de diciembre de 2001, las cotizaciones nominales del dólar a fines de cada mes, durante el período 1966 a 2002, trabajando con el índice de precios mayoristas nacionales y su correspondiente correlato en los Estados Unidos, a fin de tener valores homogéneos y comparables. Se podrán proponer otras formas de comparación, pero ésta tiene varias ventajas: sencillez, corrección matemática, carencia de emotividad y probada utilidad práctica.
Actualizando de esta manera, el valor promedio del dólar oficial para transferencias financieras, en el período 1966-2002, es de $ 0,97 y el del dólar paralelo es de $ 1,11. En este período el valor máximo del dólar paralelo alcanza $ 3,56 en mayo/junio de 1989 (en febrero de 1976 se alcanzó la segunda marca más alta: $ 3,14) y el valor mínimo $ 0,50 en enero de 1981. Si tomamos una serie más extensa, 1935-2002, es decir, 68 años, el valor promedio del dólar oficial para transferencias financieras es de $ 0,95 y el del paralelo es de $ 1,16.
Tomar el tipo de cambio oficial y paralelo, a valores actualizados, para transferencias financieras al inicio y al final del mandato de cada presidente de la Nación y sus respectivos ministros de Economía desde 1966 hasta la fecha refleja los distintos acontecimientos económicos, políticos y sociales de cada época.
Por ejemplo, la devaluación de Krieger Vasena en 1967 -el ministro de Economía de Juan Carlos Onganía asumió con un dólar oficial equivalente a $ 0,79 y se fue con la divisa en $ 0,92 y un paralelo a $ 0,96 promedio-; la "inflación cero" de Gelbard en 1974 (ingresó con $ 0,75 por dólar y se fue con $ 0,77 y un paralelo promedio de $ 1,07); la salida del control de precios con Gómez Morales (el oficial pasó de $ 0,77 a sólo $ 0,81, pero el libre trepó a $ 1,73); las devaluaciones de Celestino Rodrigo en 1975 (el oficial bajó de $ 1,14 a $ 1,03, pero el paralelo saltó a $ 1,97); la "tablita" cambiaria de Martínez de Hoz en 1980 (cuando el dólar oficial bajó a $ 0,54), la dura tarea de recomposición con Sigaut en 1981 (subió el doble, a un peso), los seguros de cambio con Cavallo en el Banco Central durante 1982, el Plan Austral en 1985 (de un dólar oficial de $ 1,29 se pasó a otro de $ 2,37 cuando se fue Sourrouille), el Plan Primavera en 1987, las hiperinflaciones, el plan Bonex en 1990, la convertibilidad en 1991, la recesión de los últimos años y la actualidad.
Con semejante historia, no deberían extrañarnos los comentarios mordaces y las prevenciones de funcionarios, intelectuales y periodistas extranjeros. Que sus dichos nos duelan es otra cuestión. En definitiva, las opiniones de los propios argentinos son aún más graves.
Se puede hablar de un dólar alto o bajo sólo en relación con el nivel de precios de cada momento. Respecto del futuro cabe la misma apreciación. Nominalmente podemos tener un dólar de $ 1,40, $ 10.000 o $ 100.000; más allá de estos valores, la historia indica que se le quitan varios ceros al signo monetario y se empieza a contar nuevamente. El nivel de precios de la economía, después de estas vivencias, será sustancialmente distinto; la vida y los patrimonios de los ciudadanos, también.
A modo de ejemplo, si repitiésemos en 2002 la historia de la evolución del tipo de cambio y de la inflación de diciembre de 1989 a enero de 1990, el valor del dólar a enero de 2003 alcanzaría los $ 113 (sí, no es un error de imprenta), el nivel de precios mayoristas internos habría crecido un 8180% y los precios al consumidor 8902% (con lo cual los ahorros en dólares pesificados a $ 1,40 ¿se comenzarían? a devolver a $ 126 por cada dólar original). Sin embargo, el elevado valor de $ 113, expresado en pesos de diciembre de 2001, sería de $ 1,33.
En términos reales, es decir con cotizaciones corregidas por inflación (en este caso ajustadas a valores de diciembre de 2001) y dado que la ciencia aún no conoce la forma de establecer los hechos futuros ni la definición exacta y objetiva de cuál es el valor de una devaluación competitiva, la única referencia concreta son las cifras históricas.
Los promedios de largo plazo no implican, en modo alguno, que el tipo de cambio más conveniente para el futuro deba ubicarse necesariamente en ese nivel. Simplemente muestra una tendencia y los problemas conexos. Todo cambia en un período tan extenso: los niveles de precios, las productividades, el signo de la balanza comercial y de los demás componentes del balance de pagos, las producciones, el déficit fiscal, la deuda externa pública y privada, la cuantía y composición de las poblaciones, la confianza interna y externa, el concepto de emergencia económica, etc.
El tipo de cambio no puede dejar de reflejar, de alguna manera, estos acontecimientos. Sin embargo, así como nadie consideraría como valor de referencia para un vuelo en avión los valores que se pagaron en Saigón (hoy Ho Chi Minh) cuando las tropas norteamericanas se retiraban de Vietnam, también se debería poner cuidado en otorgarle validez a mediano plazo al valor en términos reales que pueda alcanzar el dólar en el país en las actuales circunstancias.
Correcciones mensuales
Lamentablemente, la dinámica histórica nos muestra que salvo episodios aislados y efímeros (con bajas nominales de hasta el 22% que no perduraron más allá de uno, dos o hasta seis meses y que implicaron una acentuada disminución del tipo de cambio real), no fue el valor nominal del dólar el que retrocedió, sino el nivel de precios internos el que avanzó hacia la cotización de la divisa.
Iniciada la recomposición de precios internos o desatado un proceso inflacionario es necesario corregir mes tras mes los valores históricos de referencia que mencionamos anteriormente ($ 0,97, $ 1,11... ), por lo cual, expresados a pesos de fines de marzo de 2002 (con una estimación, quizá muy optimista, de incremento del índice de precios mayoristas internos de 15% para el mes en curso y con un fuerte arrastre para el mes siguiente), aquellos valores que mencionábamos para el período 1966-2000 serían: $ 1,28; $ 1,46; $ 4,71; $ 0,66; $ 1,28 y $ 1,56, respectivamente.
Varias preguntas, con respecto al presente y al pasado más reciente, se podrían formular a partir de estas cifras. Pensamos, sin embargo, que la mejor contribución a la comprensión de la crisis actual es proponer que, al menos, cada uno realice el ejercicio intelectual de plantearse: ¿qué estamos haciendo?
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