Europa flexibiliza una norma clave que beneficia al gas argentino antes de las primeras exportaciones de GNL
La UE decidió no aplicar, por ahora, las multas previstas en su reglamento de metano, una negociación impulsada por Estados Unidos que la Argentina seguía de reojo; una delegación de la Comisión Europea ya se reunió con técnicos de YPF y PAE
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BRUSELAS.– La Unión Europea (UE) nació por la energía. El 9 de mayo de 1950, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, propuso integrar las industrias del carbón y del acero de Europa Occidental para que ningún país pudiera volver a fabricar armas contra los demás. Seis países —Alemania, Francia, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo— firmaron en 1951 el tratado que creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), el embrión del bloque que hoy integran 27 estados miembros. Exactamente 75 años después, la energía volvió al centro de la agenda. Esta vez, la Argentina aparece en el mapa.
El bloque flexibilizó una medida que las empresas argentinas productoras de gas seguían con atención: la regulación sobre las emisiones de metano, el principal componente del gas natural y un gas de efecto invernadero con un poder de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono.
Esa regulación era una preocupación para Vaca Muerta. En la comparación internacional, las emisiones de metano de la formación neuquina son bajas —países como Argelia están más complicados frente a la nueva normativa—, pero están creciendo con fuerza a raíz del aumento de la producción de petróleo.
El problema tiene nombre técnico: venteo o flaring, en inglés. El petróleo extraído llega a la superficie con gas asociado y, como muchas veces no hay infraestructura para evacuarlo, se lo quema en las antorchas típicas de las zonas petroleras de Neuquén. Es, en rigor, una falla de mercado: construir un gasoducto cuesta más que el valor de ese gas y almacenarlo es complejo y caro.

Según un informe del Banco Mundial, la Argentina fue el país que más aumentó la intensidad de quema de gas entre 2016 y 2021 —duplicó sus registros anteriores—, por encima de México, Siria, Irán, China y Rusia, y es el segundo de América Latina con mayores niveles de venteo, detrás de Venezuela.
El reglamento europeo, aprobado en 2024, les exige cada vez más a los importadores de petróleo, gas y carbón. Desde mayo del año pasado deben informar de dónde viene cada cargamento, qué ruta siguió y cómo se midieron sus emisiones. El año próximo tendrán que demostrar, además, que los hidrocarburos fueron producidos en países con controles equivalentes a los europeos y en 2028 deberán reportar cuánto metano se emitió para producirlos. El punto final llega en 2030: solo podrá ingresar al bloque la energía que esté por debajo de un techo de emisiones que fijará la Comisión Europea.
La novedad es que Bruselas eliminará, al menos de manera temporal, las multas a las energéticas ante la crisis de suministro. No hay lugar para penalidades fuertes en este contexto de alza de los precios de la energía, según pudo saber LA NACION. En los últimos meses, Estados Unidos —segundo proveedor de gas del bloque— hizo un fuerte lobby para morigerar la regulación, una negociación que la Argentina miraba de reojo y que la beneficia.
Una delegación de la Comisión Europea incluso se reunió de manera virtual con técnicos de YPF y de Pan American Energy (PAE) a fines del año pasado. Fue un taller donde los funcionarios europeos evacuaron consultas y las empresas argentinas comentaron qué están haciendo para medir y reducir sus emisiones de metano, la nueva vara con la que Bruselas evaluará a sus proveedores de energía.

En abril pasado, además, Neuquén presentó el Procedimiento de Reporte de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para medir las emisiones del sector hidrocarburífero, junto con un plan que fija una meta de reducción del 16% de la intensidad de gases para los próximos 20 años, aun contemplando un fuerte crecimiento de la producción.
Rumbo a Europa
La letra chica del metano importa porque la Argentina comenzará a exportarle gas natural licuado (GNL) a Europa en 2027. La estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE) fue la primera en firmar un contrato de compra: adquirió el 80% de la capacidad del primer buque de licuefacción que traerá al país Southern Energy (SESA), el consorcio integrado por PAE (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y la noruega Golar (10%). El segundo proyecto es de mayor escala: YPF y la italiana ENI trabajan en un plan que prevé la construcción de hasta tres unidades flotantes de licuefacción, en el que la petrolera europea sería la principal compradora.
La búsqueda de nuevos proveedores no es casual: la dependencia energética es una vulnerabilidad estratégica, y Europa lo sabe por experiencia propia. La invasión de Rusia a Ucrania, en febrero de 2022, fue un mazazo que expuso el riesgo de haber dependido en exceso de las importaciones de gas ruso. Desde entonces, la UE aceleró la diversificación y redujo el consumo: hoy utiliza un 18% menos de gas que en 2021, al pasar de 408.000 millones de metros cúbicos a 337.000 millones en 2025. Noruega lidera el suministro con el 31%, seguida por Estados Unidos (26%), el norte de África (13%) y Rusia (12%), mientras que Azerbaiyán, Qatar y Gran Bretaña aportan alrededor del 4% cada uno.
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