La lección que Europa no va a olvidar abre una oportunidad millonaria para la Argentina
La guerra en Medio Oriente volvió a exponer la vulnerabilidad energética europea; con Vaca Muerta como motor, el país emerge como alternativa concreta para el suministro de petróleo y GNL
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BRUSELAS.– En primavera, esta ciudad engaña: las temperaturas raramente superan los 18 grados y el cielo suele estar cubierto. Pero bajo esa grisura funciona el engranaje político más influyente del continente europeo. Aquí se proponen y negocian las normas que rigen a 450 millones de personas y es donde los gobiernos de los 27 estados miembros y las empresas hacen lobby para incidir en las decisiones que impulsa la Comisión Europea, el órgano que actúa como poder ejecutivo del bloque.
En este escenario, periodistas de América Latina —entre ellos LA NACION— participan del programa de Diálogos Climáticos de la Unión Europea (EUCD). La discusión está marcada por una certeza que se repite en cada exposición: la dependencia energética es una vulnerabilidad estratégica y Europa lo sabe por experiencia propia.
“Nunca es bueno depender de una sola fuente de suministro. La Unión Europea lo tuvo que aprender de mala manera hace cuatro años”, dijo Isaac Valero, director general para la Energía de la Comisión Europea. La referencia era precisa: en 2021, el 45% del gas y el 26% del petróleo que consumía el bloque provenía de Rusia. Cuando comenzó la invasión a Ucrania, esa dependencia se convirtió en una crisis de precios sin precedentes: el gas se multiplicó casi por 10, pasó de cotizar 32 euros a 316 el MWh en 2022.
Hoy, en plena guerra en Medio Oriente, cotiza en torno a los 51 euros: un 60% más que antes del 28 de febrero pasado, cuando se inició el conflicto, pero muy lejos del pico de cuatro años atrás. La diferencia no es casual: la Unión Europea (UE) hizo los deberes.

La diversificación energética europea es hoy un hecho consumado. Las importaciones de gas ruso cayeron al 12% y en petróleo, al 2,2%. El lugar que dejó Rusia lo ocupó principalmente Estados Unidos: en gas, la participación norteamericana trepó del 6% al 26%; en petróleo, del 8,4% al 14,5%.
América Latina también ganó terreno en crudo: Brasil representa hoy el 3,5% de las importaciones totales de la UE; Guyana, el 3,8%, y México, el 2,2%. Son países que en 2021 prácticamente no figuraban como proveedores del bloque. La Argentina, por ahora, no aparece en ese cuadro. Pero eso podría cambiar a partir de 2027.
Otro componente de la resiliencia europea es la reducción del consumo de fósiles: representaban el 73% de la matriz energética en 2010 y bajaron al 66% en 2024; en gas, el bloque consume hoy un 18% menos que en 2021: pasó de 408.000 millones de metros cúbicos a 337.000 millones en 2025. Para tener una referencia de escala: la Argentina consume alrededor de 40.000 millones de metros cúbicos por año. La UE no produce hidrocarburos propios: importa el 100% de lo que consume y eso la deja expuesta a cualquier sacudón geopolítico.

Pese a dos crisis energéticas consecutivas que elevaron los costos de suministro, la Comisión Europea mantiene sus objetivos climáticos. En Bruselas, de hecho, invierten el argumento: no es a pesar de las crisis, sino por ellas, que hay que acelerar la transición. La meta es ambiciosa: neutralidad en emisiones para 2050. Para 2040, las renovables deberían pasar del 17% de la matriz actual al 50 o 60%, y los fósiles retroceder del 70% actual a entre el 27 y el 37%.
Pero los interrogantes se acumulan. La UE se había propuesto dejar de comprarle gas a Rusia para 2027, cuando vence el último contrato de tránsito vigente, y en los pasillos de la Comisión pocos creen que ese calendario se cumpla del todo. A eso se suma el avance de la inteligencia artificial: los data centers que demanda dispararon el consumo eléctrico en Estados Unidos y Japón y amenazan con hacer lo mismo en Europa. Los objetivos están; la ejecución, como siempre, es otra historia.
Es en ese marco en el que América Latina cobra otro peso. “Con líderes tan impredecibles, buscamos socios fiables y estabilidad. Nunca la relación con los países de América Latina fue tan estrecha“, dijo Valero. Es en ese contexto donde la Argentina aparece como una alternativa concreta.
La gran oportunidad argentina
El país ya es exportador neto de petróleo: produce 890.000 barriles diarios y exporta alrededor del 40% de ese volumen, unos 320.000 barriles por día. La infraestructura avanza: el oleoducto VMOS, de 437 kilómetros, que conectará Vaca Muerta con Punta Colorada, en Río Negro, permitirá que atraquen buques VLCC (Very Large Crude Carrier) capaces de transportar alrededor de 2 millones de barriles, lo que hará disminuir los costos logísticos. La industria apunta a alcanzar el millón de barriles de exportación diarios para 2028.
Pero el negocio que más interés despierta en Europa es el del gas natural licuado (GNL). Por eso no es casual que el primer contrato de venta que firmó el país haya sido con la empresa estatal alemana Securing Energy for Europe (SESE). Adquirió el 80% de la capacidad del primer buque de licuefacción que Southern Energy (SESA) traerá al país, el consorcio integrado por Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y la noruega Golar (10%). El acuerdo contempla la provisión de 2 millones de toneladas anuales (MTPA) por ocho años, a partir de 2027.

El segundo proyecto es de mayor escala. YPF y la italiana ENI trabajan en un plan que prevé la construcción de hasta tres unidades flotantes de licuefacción. ENI sería la principal compradora. El CEO de la compañía, Claudio Descalzi, lo explicó sin rodeos cuando visitó la Argentina el año pasado: “Europa debe diversificar sus fuentes de abastecimiento luego de lo que ocurrió con Rusia”.
Hoy, Noruega lidera el suministro de gas a la UE con el 31%, le sigue Estados Unidos con el 26%, el norte de África aporta el 13%, y Azerbaiyán, Qatar y Gran Bretaña contribuyen con alrededor del 4% cada uno.
El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea —uno de los más grandes del mundo— abre además una dimensión que va más allá de la energía: la Argentina puede proveer alimentos y manufacturas producidas con energía renovable, lo que refuerza su rol como socio en la agenda de descarbonización europea.
A eso se suma la posibilidad de convertirse en proveedor de minerales críticos. En 2023, la Comisión Europea concluyó una alianza con la Argentina sobre cadenas de valor sostenibles de materias primas, sobre todo cobre y litio, dos insumos esenciales para baterías y paneles solares. La empresa francesa Eramet ya produce litio en Salta y exporta al continente. En ese mapa, la Argentina tiene, por primera vez en mucho tiempo, un lugar concreto.
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