
Por qué el “directo de fábrica” hoy es poco frecuente
“Directo de fábrica”, es poco frecuente, porque la intermediación es principalmente un servicio
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La globalización económica es un subproducto de la reducción de los costos de transporte y comunicación, proceso a veces transitoriamente obstaculizado por la existencia de barreras arancelarias y no arancelarias. Los costos de transporte, como proporción de los costos totales, no son iguales en todas las mercaderías, lo cual explica que hace siglos que existe el comercio internacional de especias, pero ningún constructor de edificios de la Argentina se abastece de arena en el Sahara, donde es gratis. ¿Qué rol juega la intermediación entre productores y consumidores, y qué desafíos enfrenta actualmente?
Al respecto, conversé con el inglés John Harry Dunning (1927 - 2009). Según Thomas Anthony Buchanan Corley, todos los economistas de nota tienen su propia filosofía de vida, la cual influye de manera notable en la metodología que utilizan en su labor profesional. Dunning nació en el seno de una familia no conformista. El enfoque Baptista de la vida se centra en la experiencia y en la expresión, mucho más que en formulaciones teológicas precisas. La analogía en términos económicos implica inferir los principios generales a partir de una cuidadosa investigación empírica, más que desde modelos apriorísticos. Estudió en las universidades de Londres y Southampton y enseñó en esta última y en Reading. En 2008 Dunning publicó su autobiografía.
– Usted es considerado una autoridad mundial en globalización.
– Desde mediados de la década de 1960 todos mis trabajos principales se orientaron hacia los negocios internacionales. En 1991 edité una obra en 20 volúmenes, con material referido al funcionamiento de las empresas multinacionales. La teoría de la inversión extranjera directa nació en 1960, de la mano de la tesis doctoral escrita por Stephen Herbert Hymer. Dicha tesis recién fue publicada en 1976, por lo que no la conocí hasta que a fines de la década de 1960 pasé un año sabático en Estados Unidos.
– En 1976 usted se ocupó de los aspectos internacionales de la producción.
– Así es. La teoría de la organización industrial explica por qué la producción se organiza sobre una base internacional, pero no dónde se lleva a cabo. Por el otro lado, la teoría de la localización ayuda a entender el dónde, pero no por qué en determinado país las empresas extranjeras superan a las locales. Reuní los elementos dispersos en lo que denominé una teoría ecléctica, o sistémica, de la producción internacional.
– Con frecuencia se califica a la intermediación como inútil o parasitaria.
– No estoy de acuerdo. Sobre todo cuando la utilización de sus servicios es voluntaria. No hay obligación de vender un auto en una agencia, como no hay obligación de vender una casa o un departamento a través de un agente inmobiliario. Quien tiene tiempo le pone un tacho al techo del auto que quiere vender y se sienta a esperar, de la misma manera que alguien le pone un cartel que dice “dueño vende” y se sienta en la puerta del inmueble que quiere enajenar.
– Usted utilizó la palabra servicio. Entendible en la compraventa de autos e inmuebles, pero ¿también en la de cigarrillos o caramelos?
– Claro. Si no quiere ser abusado por el quiosquero de la esquina, intente comprar cigarrillos o golosinas directamente a los fabricantes. Me imagino a un elaborador de caramelos preguntándole cuántas docenas de cajas quiere. Claro que hay fabricantes que venden “por mayor y menor”, pero no son la mayoría. La fragmentación es uno de los servicios más obvios que prestan los intermediarios.
– ¿Prestan algún otro?
– El horario. Los quioscos están abiertos cuando los fabricantes ya cerraron, y en caso de alguna duda o falla frente al reclamo, existe algún ser humano que tiene que dar la cara, “pequeña diferencia” con un contestador automático.
– Lo suyo suena romántico, e ignora las implicancias del cambio tecnológico.
– En honor a los lectores, pasaré por alto la descalificación, para concentrarme en las implicancias del cambio tecnológico. No hay que haber leído a Joseph Alois Schumpeter para tener que enfrentar lo que él denominó la destrucción creativa. Más allá de los circunstanciales avatares que están viviendo quienes transportan mercaderías a través del estrecho de Ormuz, la reducción de los costos de transporte y comunicación desafían el servicio de intermediación.
– ¿Desaparecerá?
– Difícilmente, en sentido estricto y completo. Pero esta no es la cuestión. La cuestión es la forma en la cual cada intermediario absorbe el cambio tecnológico. Lo cual comienza cuando cada uno de ellos se hace una pregunta muy concreta: ¿por qué me van a contratar a mí, en vez de conectarse de manera directa? Insisto: estamos analizando casos en los cuales los servicios de intermediación son contratados de manera voluntaria, y no porque lo obliga una ley, un decreto o una resolución.
– ¿Cuál es la respuesta?
– Que lo respondan los interesados, porque una pregunta específica demanda una respuesta también concreta. Y la respuesta es importante para orientar la acción. No se trata de abrir o cerrar la empresa dedicada a la intermediación, sino reformular los servicios que ofrece a la luz de los cambios tecnológicos. Lo más probable es que algunas actividades se discontinúen y otras se expandan.
– Perdone que insista. ¿Es posible imaginar un mundo en el cual productores y consumidores de todos los productos se conectan de manera directa, y por consiguiente la intermediación desaparece?
– Es posible, pero no perdamos tiempo imaginando todo lo que es posible, porque la mera posibilidad es demasiado amplia como para que sirva para adoptar las decisiones. Déjeme darle un par de ejemplos de reconversión: cuando apareció la televisión, la radio no desapareció; pero como bien aclaró el genial Antonio Carrizo, apareció ¡otra radio! Por su parte, cuando inventaron la máquina de afeitar eléctrica, las máquinas manuales no desaparecieron, pero cualquier persona “de edad” sabe que las actuales afeitadoras manuales tienen muy poco que ver con las antiguas.
– ¿Cuándo parará esto?
– Nunca, De Pablo, nunca. Si hay algo permanente es el cambio. A veces el producto parece ser el mismo (molinos de viento en los campos, es un buen ejemplo), pero probablemente la técnica de fabricación, así como la de perforación del pozo, son muy diferentes hoy de las que existían hace un siglo. En algunos sectores las modificaciones tecnológicas son más vertiginosas que en otros (si en los celulares el cambio tecnológico es cotidiano, fabricar determinado modelo parece obsoleto desde el momento mismo en que dicha fabricación se decide, sin que haya comenzado el diseño, las pruebas y la manufactura misma), pero no hay más remedio que adaptarse a las circunstancias.
– Don John, muchas gracias.
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