
Figuretis y otras yerbas
En el maravilloso mundo de la vida corporativa hay encuentros, cócteles, seminarios, invitaciones y cuanta reunión social se imagine el lector. Allí se los ve rebosantes en medio de la multitud que los reconoce. "Hay que mirar con cuidado y administrar las presencias, no vaya a ser cosa que le cuelguen el mote de Figureti. A mí no me agarran, antes disparo", dice casi con tono de honoris causa el Gurú de la cortada de la calle Estomba.
En rigor, y más allá de la ironía del avezado personaje, la administración de presencias en la vida social de los empinados hombres y mujeres de la corporación es un arte. ¿Cómo llegar a la dosis justa de exposición? ¿Cómo mantener el atractivo de un personaje sin saturarlo? ¿Cómo hacer para no dejar de estar listado entre los invitados aun sin ir siempre? Y finalmente, cómo hacer para que el mote de Figureti no acompañe al ejecutivo o a la ejecutiva.
Alguna vez, en un hotel céntrico, un CEO de una multinacional paseaba algo incómodo entre centenares de ejecutivos de empresas que no pasaban de gerentes. Dicen quienes asesoran a los números uno, es uno de los requisitos para no saturar con las presencias. ¿Quiénes van?, suele ser una de las principales preguntas que se escuchan cuando se invita a un CEO a un evento social. Sólo la certeza de que algún par estará en el encuentro podría ser la contraseña para asegurar la visita.
Sin embargo, el deseo de figurar en las listas de eventos importantes suele hacer desastres entre los consejeros de los grandes ejecutivos. Pasar de los fríos números, los opacos balances y las estrategias de negocios a los flashes, las relaciones con personajes famosos y las fotos sociales es un combo al que a muchos les cuesta resistirse.
En el punto de equilibrio radica la clave. Por caso, los CEO famosos no son bienvenidos en todos lados. Más aún son repelidos en algunas estructuras. Los remisos tampoco suelen ser aplaudidos. Según un reciente informe que publicó Odgers Berndtson Management Consultants en España, la imagen del CEO 2020 deberá ser "impoluta y con un extremo cuidado de las formas offline". El documento va un poco más allá. Considera que el líder de una organización debe tener actividad en las principales redes sociales, debe ser cercano a la tecnología, humilde y sencillo, y finalmente hasta hay algunas consideraciones de vestuario: "Debe estar vestido adecuadamente y con capacidad para adaptar su vestimenta a diversos entornos".
El CEO famoso no parece que es el elegido para el mundo que viene. Quizá la política pueda ser un buen camino para ello. Pero esta columna inició hablando de los famosos Figuretis, hombres de fácil prestancia para los eventos. Y casi llegamos al final sin hablar de los encargados de las relaciones institucionales de las empresas, cargo germinador de estos especímenes. "No sea tonto –dice casi en tono paternal el Gurú–. Los ‘institucionales’ valen más que un párrafo. Dedíqueles una columna, son coloridos." Y, la verdad, el Gurú tiene razón. Así será.





