
Gaffoglio, un argentino que concreta sueños sobre ruedas
El empresario fabrica prototipos en California para las automotrices líderes
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Pasaron más de 40 años desde que Juan Gaffoglio comenzó a ensuciarse las manos como aprendiz en un taller mecánico de Floresta hasta que ganó su primer millón de dólares al frente de su propia empresa en los Estados Unidos.
Gaffoglio, un argentino, mecánico de profesión, que se marchó del país en 1973 con su esposa y dos hijos, tocó el cielo en 1979 cuando la Chrysler lo contrató para fabricar un vehículo en tiempo récord.
Desde entonces, no dejó de prosperar. Vive en Orange Country, al sur de Los Angeles; Metalcrafters, su compañía familiar, abastece a los líderes de la industria automotriz y cobra entre un millón y un millón y medio de dólares por cada trabajo que realiza.
Su negocio es la fabricación de prototipos -concept cars- para compañías como Chrysler, General Motors, Mercedes-Benz, Dodge, Isuzu y Nissan, que recurren a él para dar vida, en escala real, a los modelos concebidos por ingenieros y diseñadores.
En la industria automotriz, los concept cars son los autos creados para someter a testeo en las ferias del sector, antes de su producción masiva, para lo cual pueden pasar hasta cinco años. Y Gaffoglio (62), secundado por sus hijos Jorge (40), Rubén (39) y Marcelo (33), se encarga de construirlos.
"Las fábricas nos dan un dibujo del vehículo que quieren desarrollar y nosotros nos encargamos de fabricarlo pieza por pieza, en cuatro o cinco meses. Chasis, tapizado, vidrios, ruedas, carrocería, todo; para que se los lleven andando", explica a la distancia, este particular orfebre del metal, que combina el trabajo manual con la tecnología de avanzada, en una planta que emplea a 170 personas.
Gaffoglio decidió marcharse de la Argentina apesadumbrado por las turbulencias de la economía doméstica, dejando atrás una pequeña fábrica de carrocerías. Durante sus primeros seis años en California lo suyo no fue un lecho de rosas. Se empleó como chapista en un taller dedicado a la reparación de autos antiguos y no ganaba más de 18.000 dólares anuales.
Pero pronto comenzó a destacarse por su habilidad:"A los argentinos nos hizo la necesidad. Como después de la Segunda Guerra Mundial no se conseguían repuestos en el país, los que estábamos en este oficio aprendimos a darnos maña para todo", recuerda.
Golpe de suerte
El sueño americano de John Gaffoglio, como lo llaman ahora, empezó a tomar forma en 1979, cuando tomó contacto con un alto ejecutivo de la Chrysler, en una circunstancia azarosa, más propia de un cuento de Paul Auster que de la vida real.
Mientras la Chrysler se debatía en una profunda crisis interna y negociaba un acuerdo con el Parlamento de los Estados Unidos para la obtención de un crédito que le permitiera emprender el camino de la reactivación, el mítico Lee Iacocca, recién despedido de la Ford, decidió fabricar un nuevo prototipo para refrescar la imagen de la compañía.
Eran años de conflicto con los sindicatos y le encargó a un asistente la tarea de viajar a Italia para hacer fabricar aquel modelo de prueba. Pero el hombre a cargo de esa misión jamás llegó a destino. En una escala en Nueva York, proveniente de Detroit, y mientras esperaba la partida de su vuelo a Roma, telefoneó a un sobrino de California que solía frecuentar el taller donde trabajaba Gaffoglio. La llamada selló el destino de nuestro compatriota. "Su pariente le dijo que conocía a un tipo capaz de hacerle ese trabajo si le proveían los medios necesarios. El tipo era yo, claro, y así comenzó todo", explica.
Ese día, el encomendado de Iacocca no cruzó el océano Atlántico. A las 23 golpeó a la puerta de Gaffoglio, al sur de Los Angeles, en el camino a San Diego, para interrogarlo personalmente. Una semana después lo invitó a viajar a Detroit y le propuso que alquilara un local en California para poner manos a la obra en plan secreto. El modelo Imperial estuvo listo en 28 días, el argentino trabajó con su hijo mayor de sol a sombra, y recibió una paga de 20.000 dólares.
Fue el comienzo. Entonces abandonó su empleo anterior y formó The Gaffoglio Family, aunque Iacocca le sugirió colocar delante el nombre de Metalcrafters para evitar las connotaciones odiosas. "Les sonaba a mafia italiana", confía el protagonista de esta historia novelesca. Su nuevo proyecto comenzó a crecer en grande a partir de 1981. En agradecimiento, Chrysler les confía desde entonces cada nuevo prototipo y es hasta hoy su principal cliente. "No vamos a buscar a nadie, vienen solos -explica sin perder la humildad-. Hasta nos han pedido trabajos de la India. El secreto de todo es la celeridad con la que trabajamos. Nadie puede competir en velocidad con nosotros."
En los últimos 17 años construyó más de 300 vehículos originales.
De película
Las buenas artes de este hombre que vivó 15 años en Olavarría y es miembro de la Fundación Juan Manuel Fangio, también trasciende en otros ámbitos. Metalcrafters tiene una división llamada Camera Ready Cars, para atender las demandas del cine, la TV y el mundillo publicitario: preparan autos para comerciales y brindan asistencia técnica durante los rodajes.
Y con esto tampoco les va mal. Las seis camionetas que soportan la persecución de los dinosaurios en Jurasic Park, la película de Steven Spielberg, por ejemplo, también fueron construidas por su gente.





