
La convertibilidad, agotada por el déficit fiscal y el endeudamiento
Por Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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Cuando el 1° de abril de 1991 comenzó a regir la ley de convertibilidad, lo que hizo el Estado fue reconocer que la gente había adoptado definitivamente el dólar como moneda, rehusándose a pagar el impuesto inflacionario que había padecido durante años. A la medida del entonces ministro de Economía Domingo Cavallo no se llegó por convicción de la dirigencia política de que era mejor tener disciplina monetaria. La gente obligó al Estado a tener disciplina monetaria porque se negó a seguir utilizando la moneda que emitía el Banco Central.
Pero la convertibilidad requiere de una condición necesaria para ser sostenible: equilibrio fiscal. Sin embargo, desde1994 la política económica tuvo una gigantesca inconsistencia entre la política fiscal y la política monetaria. Mientras el Estado entraba en crecientes déficit fiscales, mantenía la convertibilidad gracias a la constante suba de la deuda pública. En rigor, lo que se hizo fue emitir pesos para financiar el déficit del Estado contra dólares surgidos del endeudamiento del sector público.
Pero, al mismo tiempo, el déficit fiscal se fue originando en un permanente incremento del gasto público, aumento que si fuera corregido por su calidad, tendería a ser infinito.
Un mayor gasto del Estado, con menor calidad de los servicios (seguridad, educación, justicia, etcétera), déficit fiscal y creciente endeudamiento es la combinación ideal para hacer estallar cualquier sistema monetario y económico. En estos 11 años se ha minado tanto el corazón de la convertibilidad que se ha puesto la economía en un tobogán que desemboca directamente en la devaluación. Devaluación que lejos está de poder resolver los problemas económicos; porque es importante recordar que la ausencia de instituciones económicas, jurídicas y políticas que incentiven la inversión, para generar crecimiento, crear puestos de trabajo productivos y aumentos del salario real no puede ser sustituida por la emisión monetaria.
Los viejos vicios que acechan
En casi 11 años de convertibilidad la gente se ha acostumbrado a la estabilidad de precios, a poder evaluar inversiones en el largo plazo, a comparar precios. Hay toda una generación de jóvenes que no sabe lo que es la inflación. Desconocen lo que significa cobrar un sueldo y salir corriendo a comprar dólares para que no se le licúe. No saben lo que son las remarcaciones de precios, los contratos indexados, los controles de precios y sus nefastas consecuencias, como el desabastecimiento.
Si bien la crisis económica ha desembocado en un serio problema del sistema financiero y monetario, el origen de ese problema tiene raíces claramente fiscales. El desaforado aumento del gasto público y la errante política tributaria son algunos de los factores que destruyeron la convertibilidad. Y el golpe de gracia fue el establecimiento del control de cambios aplicado desde principios de diciembre.
Pero, al mismo tiempo, los problemas fiscales se originan en la existencia de una dirigencia política que, en su mayoría, cree que la escasez es un invento de los economistas. Por eso les resulta realmente incómoda la convertibilidad. Porque no les permite, como en el pasado, emitir moneda para financiar un nivel de gasto público que se resisten a bajar. ¿Por qué hoy se habla de abandonar la convertibilidad? Por la razón de que ya no pueden seguir gastando alegremente gracias al endeudamiento. A partir del momento en que la Argentina se quedó sin crédito, la convertibilidad pasó a ser el enemigo de los políticos gastadores. Sin más activos para vender y sin más acceso al crédito, volver a las políticas monetarias preconvertibilidad aparece como la alternativa de esquivar la responsabilidad de bajar el gasto.
Es posible abandonar la convertibilidad y adoptar otro sistema monetario y cambiario. Pero al igual que hace 11 años, ¿está el Estado argentino en condiciones de garantizar la emisión de una moneda sin respaldo que sea aceptada por la gente?
¿Tienen las instituciones argentinas y su dirigencia política el suficiente prestigio como para emitir una moneda que sea respetada por cada uno de nosotros? El economista Hans Sennholz sostuvo alguna vez que confiarle la moneda al Estado es como confiarle un ratón a un gato hambriento. Se puede eliminar la convertibilidad. Pero, ¿por qué nuevo sistema monetario confiable puede reemplazarla este Estado hambriento de recursos?






