
La disputa entre las tabacaleras llega hasta el campo impositivo
Las empresas cruzan acusaciones y pedidos de modificaciones en el régimen fiscal
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Massalin Particulares y Nobleza Piccardo decidieron extender su puja por el control del mercado tabacalero a los cigarritos. Este negocio, que hasta un año era terreno exclusivo de pequeños productores del interior, ahora se convirtió en el centro de una nueva disputa -que incluye acusaciones cruzadas y pedidos a las autoridades para modificar los regímenes impositivos-, gracias a un crecimiento vertiginoso que les permitió en poco más de seis meses duplicar sus ventas.
La primera en abrir el fuego fue Massalin Particulares, que impulsa un cambio en los impuestos de los cigarritos para que sean equiparados a los cigarrillos comunes. En la actualidad, los cigarritos están gravados con un 16%, frente al 67,83% que pagan los cigarrillos.
Indirectamente, la presentación de la filial argentina del grupo norteamericano Philip Morris implica un inédito pedido a las autoridades para que les aumenten los impuestos, ya que Massalin participa en este segmento del mercado con su marca Dorados.
"Lo que buscamos es que bienes similares, como son los cigarrillos y los cigarritos, estén gravados con las mismas tasas, de manera de impedir una competencia desleal con las marcas que están pagando impuestos mucho mayores", argumenta Eugenio Bréard, director de Asuntos Corporativos de Massalin.
En Nobleza sostienen que la decisión de su rival de impulsar un equiparamiento impositivo entre cigarrillos y cigarritos responde exclusivamente a un tema competitivo, ya que su marca Richmond lidera claramente el nuevo segmento del mercado. "Desde un punto de vista competitivo, los cigarritos no le están quitando clientes a las marcas tradicionales de cigarrillos sino al contrabando", afirma Diego Segura, director de Relaciones Institucionales de Nobleza.
Más allá de la disputa entre las dos empresas, el crecimiento del negocio de los cigarritos se explica, básicamente, por la crisis económica. Los paquetes de 20 unidades se comercializan a un precio promedio de un peso, mientras que la marca más barata de cigarrillos no baja de $ 1,60, pese a que, al menos a simple vista, la diferencia entre ambos productos se limita al tipo de papel con que están envueltos.
El negocio de los cigarritos había vivido su mejor momento en la Argentina a fines de la década del 80, cuando la hiperinflación provocó la irrupción de marcas desconocidas. Hasta el año pasado era un mercado dominado por pequeños productores tabacaleros, aunque en agosto Nobleza reflotó la marca Richmond para el lanzamiento de su propia línea de cigarritos.
Apenas unos meses después, la compañía Massalin decidió seguir sus pasos, con la presentación de Dorados.
El negocio registró un fuerte impulso en lo que va del año, pasando desde $ 1,5 millón en enero a $ 3,5 millones en agosto.
La cifra ya representa un dos por ciento del mercado de cigarrillos y, anualizada, significa una suma cercana a los 42 millones de pesos.
De este total, los ingresos para el fisco hoy alcanzarían a $ 6,7 millones, aunque si se aumenta la alícuota de impuestos treparían a $ 28,5 millones, siempre y cuando que se mantuvieron los actuales niveles de venta.
En la actualidad, Richmond controla más de 50 por ciento de las ventas de ese segmento, frente al tercio del mercado que está en manos de Dorados.
El tercero en discordia en esta pelea es la pequeña productora Tabacalera Sarandí, que participa en el negocio con su marca Gavilán.





