
La empanada invade a Buenos Aires
La cadena El Noble Repulgue proyecta abrir un local por semana durante este año
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Uno por semana, de aquí hasta fines de año. Esa es la consigna de El Noble Repulgue, la cadena dedicada a la venta de empanadas, que planea llegar al último día de 1999 con 100 locales franquiciados en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
El caso de la empanadería es atípico por el bajo perfil con el que llevó adelante su expansión. Nacida en 1986 con una boca en Ituzaingó, que quebró en 1989, cuando se endeudó en dólares durante la hiperinflación para fabricar pan dulce, levantó vuelo a partir de 1991, y ya no volvió a caer. Desde entonces, la firma se multiplicó hasta sumar 50 locales repartidos por todo el conurbano -desde Zárate a La Plata, y apostó a este año para desembarcar masivamente en Buenos Aires. Con un local insigna instalado desde hace poco menos de un mes en la avenida Callao, a metros de Santa Fe, donde despacha 35.000 empanadas por semana, El Noble Repulgue ya sumó suficientes franquiciados porteños como para garantizarse una apertura semanal. Inauguraron en Scalabrini Ortiz y Córdoba, y en Charcas y Coronel Díaz;mañana lo harán en Juramento y Moldes, y así seguirán.
"Durante estos años hemos estado creciendo en silencio, pero no queríamos entrar en la Capital hasta lograr mayor respaldo", explica Guillermo Bonavetti, socio y gerente de la firma.
La empresa, que desechó la idea de administrar locales propios, para concentrarse en la fabricación de empanadas en la planta de Los Polvorines y en la comercialización de franquicias, vende en la actualidad un millón y medio de unidades mensuales, con una facturación anual de seis millones. A eso se suman los 10.000 pesos que cobran para ingresar en la cadena a cada nuevo miembro.
Sin ánimo de competir con McDonalds con una propuesta de fast food típicamente argentina ("nos especializamos en la venta para llevar", explican), la empresa creada por el productor agropecuario Fernando Crespo desarrolló un nicho de mercado con un producto tradicional que siempre fue tratado de modo secundario.
El Noble Repulgue se jacta de sus 39 variedades de empanadas y del poder de las recomendaciones boca a boca, que los han llevado a recibir llamados desde Miami y Los Angeles con propuestas para radicar sucursales.
"Primero queremos ser una cadena nacional y después veremos", dice Bonavetti, que por temor a perder calidad descarta de momento la posibilidad de crear una línea de congelados para competir en los hipermercados.
Una vez que haya logrado copar cada uno de los barrios porteños, El Noble Repulgue se orientará hacia la costa atlántica y, después, hacia las ciudades principales del interior.
Un buen plato
Las franquicias cuestan $ 10.000. A esto hay que sumar un costo de instalación de entre 80.000 y 90.000 pesos, lo cual incluye local, maquinarias, computadoras, motos y personal. Los dueños de la cadena -entre los que también se cuentan Marcelino Pedrozo, Segundo Pasminio y Marcelo Giacovini- aseguran que cada negocio factura de 25.000 a $40.000 mensuales, con una renta de entre 10 y 15 por ciento.
El Noble Repulgue emplea directamente a 120 personas y tiene un plantel de inspectores que recorren los locales para garantizar la uniformidad del negocio, "y evitar que se nos vaya de las manos", como le ha ocurrido a otras cadenas.



