
La escasez de gas afecta cada vez más a las casas de familia
Usuarios de varias ciudades se quejan de la baja presión; las empresas distribuidoras lo desmienten
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Nadie podría atribuirle a Martín B. impericia sobre cómo encender una estufa. Primero, porque vive desde hace cuatro años en el mismo dos ambientes de Vicente López. Pero además porque no es un poeta desarraigado del mundo material, sino ingeniero. Tiene 31 años y es la primera vez que le pasa. "No tengo suficiente presión de gas, la llamita queda en el piloto", dice, y teme el cuentón que le llegará de electricidad porque está usando un radiador como reemplazo. Más lejos, a ocho cuadras de la Casa Rosada, en Perú al 600, la pequeña Julia, de 3 años, tuvo que dormir las dos últimas noches con lo que Alberto, su padre, llama "pijama de esquimales". No había caso: dos calefactores que no prendieron hasta ayer a las 15.30, cuando agarraron por fin. "Los revisamos en febrero para que estuvieran a punto", se queja Alberto.
La escasez de gas llegó a los hogares. No a todos por igual, porque eso depende de innumerables factores. El más común, explicado a LA NACION por técnicos del sector con años de trabajo en el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) y empresas privadas, es la baja presión como consecuencia de la magra inyección en las cañerías. Algo que las compañías niegan. "El único reclamo de ese tipo, hasta ayer, lo tuvimos en Bernal, no sabemos si es cierto ni la razón -dijeron en la distribuidora Metrogas-. Pero no hay problemas de presión." Argumentos parecidos dieron en Gas Natural BAN.
Dificultades cotidianas que se suman a las penurias industriales. Entre 300 y 400 grandes plantas del todo el país tenían ayer el consumo reducido a lo que el sector conoce como "mínimo técnico" (ver página 2). También lo sufren automovilistas que utilizan GNC (ver aparte).
Temor a represalias
¿A quién debería culpar por ejemplo María Gracia Chiaradia, estudiante y abuela de Caballito, por la tarta que se le secó, dice, "porque la cocción tarda más que nunca"? El horno no está para bollos en Ambrosetti y Rivadavia. Tampoco en la ciudad de Junín, donde Guillermo afirma haber tenido interrupciones en los últimos días. "No quiero dar mi apellido, éste es el país de la represalia: si hablo, me lo van a cortar más días", exagera.
La baja presión que niegan las empresas es un fenómeno típico de los días de escasez. Como el flujo es débil, no alcanza a activar algunas válvulas o artefactos. Era común en la etapa de Gas del Estado, antes de la privatización, y volvió a la Argentina en 2007, con el agravamiento de lo que el Gobierno se resiste a llamar crisis energética. El déficit asciende en estos días a 26 millones de metros cúbicos diarios para la industria, a lo que habría que agregar otros 40 millones que demandan las usinas eléctricas. Sin embargo, como estas centrales siempre tuvieron alguna restricción en los inviernos, sería injusto tomar la suma de las cifras (26 + 40) como desfase total. Vale considerar, sí, un faltante de 7 millones de m3 diarios para ese sector.
Lo que falta de gas en el país respecto de hace 10 años son, por lo tanto, más de 30 millones. Algo más que el volumen que preveía trasladar el Gasoducto del Nordeste (27 millones), una obra anunciada unas diez veces, prevista para inaugurarse en mayo de 2006, pero nunca iniciada por motivos diversos, como la incertidumbre política en Bolivia. LA NACION intentó ayer, sin éxito, obtener la palabra del Ministerio de Planificación.
Los que sí hablan son los usuarios. Ana Cornejo vive en Salta, la reserva gasífera más antigua del país, en la capital provincial. Hasta ayer, la única energía que se advertía al contactarla salía de sus cuestionamientos. "Pago una barbaridad un departamento de 70 metros cuadrados y bajo el consumo -dijo a LA NACION por correo electrónico-. No tengo gas en todo el edificio. ¿Por qué no se ocupan de lo que se tienen que ocupar? Nos morimos de frío. Esto no es vida. ¿Qué hacen los legisladores? ¿Por qué no se ocupan de lo prioritario? ¿Hasta cuándo? No creo que lo llegue a ver."
Salta es una de las zonas más complicadas. Durante el fin de semana, áreas como Villa San Lorenzo, Castellanos y Grand Bourg tuvieron escasez. Son sectores con redes de presión media, es decir, de entre 1,5 y 4 bares (unidad de medida que equivale a kilogramos por centímetro cuadrado). En las áreas oeste y centro de la Capital Federal, en cambio, se trabaja con baja presión, de 0,2 bares. A veces, la presión no alcanza para activar el ingreso del fluido en los edificios. Se deberá entonces llamar a un técnico, o esperar que el consumo baje o, lo que es lo mismo, que llegue la primavera.






