
La historia de la división
El MAE apareció en 1989, impulsado por el sistema bancario
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Lo que hoy puede aparecer como una división artificial de los negocios, en su momento fue la manera en que se manifestó la actualización del mercado de capitales argentino al ritmo de las prácticas internacionales.
En efecto, el Mercado Abierto Electrónico (MAE) surgió como la necesidad de formalizar en una estructura los negocios de los llamados operadores extrabursátiles, que en los años 80 pretendían proporcionar una nueva dinámica y protagonismo a las operaciones con títulos y acciones.
En su definición, el MAE siguió los pasos del entonces todavía poco conocido Nasdaq (National Association of Securities Dealers Automated Quotations), que prosperaba frente a la mirada atónita de la New York Stock Exchange (NYSE) y el Amex (American Stock Exchange), los dos mercados de valores tradicionales de Nueva York.
Los extrabursátiles, decididos por completo a romper toda vinculación con los agentes de bolsa, promocionaron incluso la nueva denominación de agentes de mercado abierto.
Tenía una explicación: para ellos representaba la posibilidad de llevar los negocios con títulos valores a una dimensión donde predominaran los conceptos esenciales del mercado, como la transparencia en la determinación de los precios, el reemplazo de los derechos y las comisiones fijas por la diferencia de precio entre las cotizaciones compradoras y vendedoras y, sobre todo, la inmediatez de las transacciones.
La propuesta estaba orientada además a cubrir una necesidad.
Los agentes de mercado abierto eran en su mayoría bancos que necesitaban negociar en línea sus carteras propias de títulos públicos y las de sus grandes clientes.
El MAE les dio el marco propicio para un manejo temporal más ajustado de la liquidez, sin la necesidad del paso por el terreno de los plazos de hasta 72 horas de la Bolsa, que además le restaban diferencias apreciables por derechos y comisiones.
Tal vez por esas facilidades fue que el MAE prosperó rápidamente desde su nacimiento.
A los pocos días de su aparición formal, en marzo de 1989, llegó a multiplicar en forma creciente los montos negociados en la Bolsa, tanto en títulos públicos como en acciones.
Entidades en pugna
Quienes estuvieron cerca de ese proceso recuerdan las oleadas de barandistas que se reunían en el MAE al cierre del día, demandando de los especialistas que los ilustraran sobre las características del nuevo mercado.
La sorpresa de los inversores no era poca.
Todo se reducía a un avanzado equipo informático en una habitación climatizada de cinco por cuatro, que mantenía en conexión a todos los operadores.
Las impugnaciones al MAE por parte de la Bolsa consumieron años y cantidades de conflictos que se ventilaban en la CNV. Hasta que se alcanzó un esquema estable en el cual se destinó al MAE sólo la operación con títulos públicos y obligaciones negociables (ON).
En el proceso también cambió la Bolsa. Había incorporado modalidades de negocios más ágiles, reducido comisiones y derechos, y hasta llegó a replicar en alguna forma el sistema del MAE en su sección mercado continuo.
Pero algo más profundo estaba sucediendo en los fundamentos.
La prosperidad repentina del MAE les dio un espacio de negocios sumamente eficiente a los bancos de inversión que comenzaban a instalarse en la Argentina y que pronto comenzaron a pretender también una silla en el recinto de la Bolsa de Comercio.
La presión terminó por quebrar la resistencia de los agentes individuales, que cedieron a la creación de las sociedades de bolsa, de las que se esperaba mayor eficiencia operativa y mayor respaldo económico y profesional.
Pronto también dominaron el escenario bursátil y en su mayor parte se trató ni más ni menos que de los mismos integrantes del MAE.
De manera que esta renovada pretensión de la actual administración de la Comisión Nacional de Valores encuentra los mercados en una situación de marcada homogeneidad en cuanto a la representación operativa en ambas bolsas y con los ánimos de conflicto atemperados.
Los viejos agentes de bolsa individuales devinieron también en sociedades y ya resulta poco probable que alguien pretenda desandar el camino pretendiendo introducir antiguas restricciones.
La que alguna vez fue pugna entre el MAE y la Bolsa recuerda hoy los viejos rencores de familia que se adormecen con el correr de los años.
Si es así, con su iniciativa, la CNV no alcanzaría a lograr mucho más que un ordenamiento formal de las estructuras de mercado, casi podría decirse que cosmético.
Lo esencial es que todavía queda en suspenso descifrar la clave que permita poblar las pizarras de papeles privados que den vida y sentido al negocio bursátil.
El autor es economista, periodista y profesor de la Escuela de Periodismo de Bariloche.






