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Algo no salió bien

La increíble historia del genio de la escultura que terminó sepultado por el olvido

Carlos Manzoni
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4 de febrero de 2019  • 00:56

La vida de Stanislaw Szukalski se puede sintetizar en dos palabras: genialidad y olvido. La primera hace referencia a la capacidad que lo llevó a convertirse en el Miguel Ángel del siglo XX, mientras que la segunda remite a la oscuridad que cubrió su figura y su obra luego de que el bombardeo nazi de Varsovia destruyera su taller y su carrera.

Stanislaw (o Stas, como lo llamaban sus allegados), nació el 13 de diciembre de 1893 en Warta, un pueblo de 3000 habitantes, ubicado en el centro de Polonia y perteneciente al voivodato (provincia) de Lodz. Como su familia era muy pobre, su padre pronto tuvo que emigrar solo a los Estados Unidos para conseguir el trabajo que faltaba en la Polonia de fines del siglo XIX.

Cuando tenía siete años, Stas se puso a tallarles a unas amiguitas de su edad unas estatuillas, que eran lo único que él podía regalarles. Ellas empezaron a llamarlo "escultor" y desde ese momento él supo que eso era lo que quería ser: escultor.

Poco antes de aquel episodio, cuando apenas había cumplido cinco años, quiso averiguar cuánto podía mirar fijamente al sol (porque adoraba su brillo) y así fue cómo se hizo un hoyo en la córnea. Por eso, toda su vida dibujó y esculpió con un punto negro en la visión de uno de sus ojos.

A los 12 años, junto con su madre y su hermana viajó a Chicago , para reunirse con su padre que ya trabajaba como herrero en una fábrica. Enseguida ingresó a la escuela, donde empezó a hacer de las suyas: inventó su propio alfabeto, porque decía que las escuelas distorsionaban las inclinaciones de los chicos y los volvían comunes y mediocres. El director del colegio fue a hablar con su padre por este tema y recibió como respuesta: "Es su forma de escribir. Si se vuelve ilegible hablaremos al respecto. Hasta entonces, escribirá así". Stas usó su propio alfabeto toda su vida.

Columna Algo no salió bien, en Lo que el día se llevó

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A los 14 años, deslumbró en el Instituto de Arte de Chicago, por lo que un profesor le aconsejó a su padre que lo enviara a estudiar a Europa. Viajó a Cracovia en 1908 y apenas llegó le tomaron examen junto a otros 171 candidatos: había que dibujar a una modelo desnuda que posaba para ellos. Stas solo había llegado a dibujarla hasta la rodilla, cuando un profesor se acercó a él y dijo: "Caballeros, Szukalski será aceptado sin más pruebas".

Pero Stas tenía su carácter y no tardó mucho en discutir con el profesor. ¿El problema? Él decía que jamás trabajaría con modelos, porque eso destruía el talento, y la autoridad de la academia aducía que esa era la forma tradicional en que se estudiaba allí. Conclusión: el genio rebelde pegó un portazo y nunca más volvió.

Desde ese momento, despreció a las academias y detestó toda expresión formal. Su forma de aprender consistió, de ahí y para siempre, en observar diferentes cosas, culturas y lenguajes. Se podría decir que fue el mayor autodidacta de su época.

Tal como se explica en Struggle: La vida y el arte de Szukalski, un documental sobre su vida que se puede ver en Netflix, su producción artística fue prolífica y excelsa, y sus obras emanaban sentido de la belleza y erotismo espiritual. Según sus críticos era increíble la expresión que podía lograr en sus obras y, además, era terriblemente rápido para trabajar: imaginaba la escultura en su cabeza y la plasmaba.

Para hacer las figuras humanas que esculpía debía saber anatomía. Alguien le preguntó cómo había aprendido esa ciencia y él contó la siguiente anécdota: una mañana fue al parque y no encontró a su padre; de pronto, al final de la calle, divisó una multitud, se acercó y vio que en el suelo estaba su padre muerto, atropellado por un auto. Lo levantó, lo llevó en hombros hasta la morgue y pidió permiso para diseccionar el cuerpo. "Así aprendí anatomía. Mi padre me enseñó", afirmó.

Promoción del documental sobre la vida de Szukalsky
Promoción del documental sobre la vida de Szukalsky

Tal como se relata en el documental mencionado, que fue producido por Leonardo Di Caprio, después de la muerte de su padre, Stas casi no tenía ingresos. Pasó hambre, pero nunca se lo dijo a sus amigos. Era casi un punk o algo parecido. Tuvo una exhibición de sus obras en una galería y fue criticado por atacar al imperialismo británico, por lo que le pidieron que retirara sus obras. ¿Su reacción? Fue con un palo y destrozó el lugar.

En 1926 se casó con una mujer muy adinerada que le dio la posibilidad de publicitar más su obra y publicar sus libros. Tuvieron una hija, a la que llamaron Kalinka, y se mudaron a California . Pero el matrimonio no prosperó, Stas se fue de la casa y volvió a las calles, hasta que conoció a la que sería su esposa durante 50 años: Joan Lee Donovan.

A fines de los años 20, vio una oportunidad en su país natal, así que regresó a Polonia, con la idea de dar el salto definitivo para convertirse en una figura histórica mundial. Hizo exhibiciones exitosas en Cracovia y se volvió una especie de héroe nacional. Creo una especie de secta, llamada Corazón Encornado, y muchos jóvenes polacos se hicieron sus seguidores, pero, como dijo alguien en el documental de Netflix: "Szukalski era como Leonardo Da Vinci, era imposible imitarlo. Se necesitaba una imaginación única, como la que tenía él".

Volvió a Estados Unidos y armó una exhibición en el Museo de los Ángeles. El propio director del museo dijo que nunca había visto una multitud tan grande en una muestra. Pero poco después, en 1935, debió regresar a Polonia, convocado por las autoridades, que lo veían como la persona capaz de crear una arte nacional, en oposición al arte nazi.

Stas se mudó con la obra de toda su vida y el resto de sus posesiones a Varsovia. Fue recibido con alfombra roja, le hicieron más encargos de los que cualquier escultor podría realizar en tres vidas y el gobierno le puso un taller, que fue declarado Museo Nacional Szukalski. No solo eso, fue nombrado por los críticos el mejor artista vivo.

Stanislaw Szukalski en sus últimos años
Stanislaw Szukalski en sus últimos años

A sus 45 años, Stas era considerado el Miguel Ángel del siglo XX, la prensa escribía todos los días maravillas sobre él, se había convertido en un símbolo de su país y tenía toda una vida por delante para plasmar sus monumentales ideas. Estaba en su mejor momento. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.

En la mañana del 10 de septiembre de 1939, Stas iba camino a su taller. Era un día soleado y él se entusiasmó contemplando el cielo límpido, sin una nube. Pero de pronto todo se empezó a oscurecer: la Luftwaffe, la fuerza aérea nazi, había elegido ese día para empezar el bombardeo sobre Varsovia. Cientos de bombas cayeron sobre la ciudad destruyendo todo, entre otras cosas, el taller de Szukalski. Perdió todas sus obras y se quedó sin trabajo, sin ciudad, sin dinero, sin nada.

Debió volver a los Estados Unidos con solo tres maletas y nunca más fue el mismo: el olvido del que fue víctima en su país natal y en su patria por adopción (por distintas razones políticas e ideológicas) tapó el arte de uno de los más grandes artistas del siglo XX. Szukalski murió el 19 de mayo de 1987, casi 48 años después de aquel bombardeo que le arruinó la vida. Poco antes, había dicho: "Nunca fui llamado de otra forma que no fuera genio".

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (lunes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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