
La necesidad de la esperanza; el riesgo de la negación
La seguidilla de malos datos económicos desafía la narrativa del Gobierno en un momento sensible de los mercados y el humor social
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Que la economía no fluye hace meses es evidente, pero los principales voceros del Gobierno lo niegan y se deshacen en explicaciones para matizar las malas noticias o bien culpan a economistas y periodistas por una supuesta deshonestidad intelectual a la hora de analizar los datos.
Desde siempre, los oficialismos intentan transmitir optimismo y confianza en el futuro; es lógico, especialmente en el terreno de la economía, donde las expectativas juegan un rol muy importante. Pero la línea que separa la necesidad de crear esperanza de la negación de la realidad parece cada vez más delgada.
Algo de esto sucedió en los últimos días con la seguidilla de números negativos que entregó la economía y las declaraciones oficiales que los acompañaron. Quedó a la vista una creciente distancia entre la narrativa gubernamental y la experiencia concreta de una parte importante de la sociedad.
El Indec informó que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre de este año, un aumento respecto del último semestre del año pasado. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), en tanto, mostró una caída de 2,9% en julio, mayor de la esperada, y los analistas advierten que la economía está a las puertas de una recesión técnica; la producción industrial registró una caída interanual de 4,2% en agosto, según la última medición de FIEL; las ventas en supermercados y el consumo masivo permanecen débiles, mientras que los salarios privados registrados siguen por debajo del nivel que tenían en noviembre de 2023.
En medio de esa catarata de malas noticias, el presidente Javier Milei rechazó la posibilidad de una recesión. En la entrevista que concedió el domingo a Luis Majul, en LN+, sostuvo que hay únicamente una desaceleración del ritmo de expansión y dijo que la Argentina se encuentra en niveles máximos de producto, consumo y exportaciones, una afirmación sin correlato en el humor social. “Los indicadores arrojan cualquier cosa porque la economía está teniendo muchos cambios estructurales”, justificó.
Según el último informe Social Mood III Trimestre 2026, elaborado por la consultora Moiguer, el 41% de los argentinos cree que el país empeorará durante los próximos 12 meses, mientras que el 38% considera que mejorará. Por primera vez desde que comenzó la recuperación de las expectativas tras la llegada de Milei al poder, los pesimistas volvieron a superar a los optimistas. El porcentaje de argentinos que creían que el país iba a mejorar pasó de 29% en 2023 a 52% durante el primer semestre de 2024. Pero luego, a partir del segundo semestre de 2024, quedó prácticamente estancado, en un 38-39%.
El Gobierno, mientras tanto, sigue exhibiendo logros macroeconómicos que, en teoría, deberían alimentar el optimismo. La inflación se desaceleró de manera significativa, el superávit fiscal se mantiene y la estabilidad macroeconómica es mayor que la existente al inicio de la gestión. Sin embargo, algo parece haberse roto en la traducción política de esos resultados.
Mario Riorda, especialista en comunicación política, aporta una posible explicación: “El Gobierno no tiene consolidada una política pública. En su momento planteaba como gran éxito la baja de la inflación. Sin embargo, eso hoy tiene más rechazo que aprobación porque se mantiene la dificultad para llegar a fin de mes. El problema es la merma de ingresos. Al no existir una política pública consolidada, se da una falta de coherencia para plantear un rumbo”.
Milei construyó una relación de confianza con sus votantes basada en una promesa: el sacrificio presente conduciría a una mejora futura. Mientras esa expectativa se mantuvo viva, muchos indicadores negativos podían ser relativizados. Lo que empiezan a mostrar las encuestas es que ya no alcanza para compensar completamente la experiencia cotidiana.
“Hay otro problema y es que el nivel de promesa fue muy radicalizado. Inflación cero, transformación del país, entrada a la modernidad, Milei diciendo que la Argentina era la nueva Roma del siglo 21. No hubo gestión de expectativas. Fue desenfrenada. Esto puede ser muy potente para la campaña electoral, pero cuando el Gobierno lleva un tiempo y el presente no es mejor que el pasado, empieza la frustración”, completa Riorda.
La inflación baja, el equilibrio fiscal existe y la economía es más estable que hace tres años. Aunque los datos también muestran aumento de la pobreza, debilidad industrial, precarización de empleo privado y una recuperación desigual entre sectores. El desafío de Milei ya no parece ser demostrar que estabilizó la economía, sino convencer a una sociedad cada vez más escéptica de que la mejora que describe el Gobierno terminará llegando también al bolsillo.
Durante buena parte de 2026, Milei rechazó públicamente la idea de una economía funcionando a distintas velocidades. Llegó incluso a calificar de “precámbricos” a los economistas que la sostenían. Sin embargo, esa descripción venía siendo admitida por el ministro Luis Caputo.
El domingo, el Presidente se acercó más a la visión de Caputo que a sus descalificaciones anteriores. Allí sostuvo que no existe una recesión, aunque admitió que en una economía que está cambiando “una parte se queda atrás”. También Sturzenegger había ensayado hace unos días una visión más empática. Reconoció los datos malos, pero pidió analizarlos “en contexto”.
Es habitual que existan matices dentro de un equipo; el riesgo es que la comunicación termine transmitiendo mensajes contradictorios y que el no reconocimiento de los problemas de la economía real pueda ser interpretado como inacción. No solo ante los ojos de la sociedad, sino también de los mercados, siempre cautelosos y desconfiados con la Argentina, y ahora aún más en un contexto financiero internacional desfavorable y con las elecciones de 2027 cada vez más cerca.
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