La recuperación parsimoniosa de EE.UU. busca meter segunda

Brenda Cronin
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25 de junio de 2013  

Después de cuatro años de muchos baches, la recuperación de la economía de Estados Unidos finalmente parece marchar por un camino mejor pavimentado.

Muchos economistas predicen que en 2014 la economía registrará su mayor crecimiento desde 2005 y que el desempleo caerá por debajo de 7% por primera vez desde 2008. Las casas se vuelven a vender, el sector energético está en medio de un boom y los empleos, aunque no abundan, son creados a paso firme. El miércoles pasado, la Reserva Federal también elevó su estimación para la expansión del año próximo.

No es la primera vez que la economía de EE.UU. parece lista para el despegue, y las recientes turbulencias en los mercados sirven como un recordatorio de que muchas cosas pueden salir mal.

La noticia de que la Fed comenzaría a reducir el estímulo este año provocó una caída de 2,34% del Promedio Industrial Dow Jones el jueves y el índice acumuló un descenso de 1,80% la semana pasada. El descenso prosiguió el lunes con una caída de 0,94% a 14.659,56.

Una baja persistente en los precios de las acciones o aumentos mayores de los previstos en las tasas hipotecarias y otras tasas de interés de largo plazo podrían restarle dinamismo a la recuperación.

El repunte que comenzó en junio de 2009 ha sido dolorosamente lento. El empleo, el ingreso medio de los hogares, la producción industrial y los precios de las viviendas aún no han regresado a sus niveles previos a la recesión.

Pero a pesar del débil crecimiento de la economía, la recuperación ha resultado ser sorprendentemente resistente. La economía absorbió una serie de golpes, desde alzas de impuestos a un tsunami en Japón, sin apartarse de su curso. Además, la inflación sigue siendo baja, lo que es crucial.

Hará falta una prolongada trayectoria ascendente para recuperar el terreno perdido durante la recesión, que se extendió desde diciembre de 2007 hasta junio de 2009. El desempleo a largo plazo, un símbolo de los estragos causados por la recesión, sigue en niveles históricamente altos. La economía se estuvo expandiendo a un ritmo anual de 2,2%, por debajo de la tasa promedio de 3,3% de las décadas recientes. El ajuste de cinturón del gobierno afectó la recuperación, pero ahora su impacto se está disipando.

Economistas consultados en la encuesta mensual más reciente de The Wall Street Journal prevén que el Producto Interno Bruto se expandirá a un ritmo anual de 2,3% este año y 2,8% el próximo. La Reserva Federal revisó al alza su pronóstico para 2014 a entre 3% y 3,5%, frente a una estimación previa de entre 2,9% y 3,4%.

El optimismo parece justificado, en parte gracias al auge energético y la recuperación inmobiliaria. La contribución prevista del mercado de bienes raíces a la economía durante el segundo semestre es el principal motor, afirma Joseph LaVorgna, economista jefe en EE.UU. de Deutsche Bank.

Sin embargo, no es la primera vez que el optimismo sobre las perspectivas de la economía estadounidense posteriormente se disipa por eventos como el tsunami en Japón, la crisis de la zona euro y los conflictos sobre el gasto fiscal en Washington. Tales traspiés no desembocaron en una segunda recesión, aunque cada decepción renovó la reticencia de los consumidores y las empresas a llevarse la mano al bolsillo.

El mercado laboral sigue con problemas, aunque la tasa de desempleo cayó a 7,6% desde niveles de dos dígitos. EE.UU. tiene 2,4 millones de empleos menos que cuando comenzó la recesión. Ajustando las cifras al crecimiento de la población, llevará más de nueve años al ritmo actual regresar a los niveles de empleo previos a la recesión, según los cálculos del centro de estudios Brookings Institution.

No obstante, la confianza de los consumidores alcanzó un máximo de cinco años. Los hogares que se endeudaron fuertemente antes de la recesión redujeron sus deudas y, tras años de recortes, están volviendo a gastar.

Una de esas familias es la que encabezan Abbie Batia, una profesora adjunta de medio tiempo de ejercicio y ciencia deportiva, y su esposo, que trabaja en una firma de construcción.

La pareja, que tiene tres hijos pequeños, acaba de comprar un auto más grande para su familia y es más optimista sobre la economía, pero mantiene la cautela. "Sin dudas cuidábamos más los gastos hace cuatro años que ahora", cuenta Abbie Batia, de 34 años. La familia tiene un presupuesto mensual, dice, "pero no hubo problemas en otras áreas cuando tuvimos que agregar dinero al fondo de alimentación".

Los economistas creen que ahora son los consumidores los que llevan adelante la recuperación. Mientras tanto, las empresas han puesto en orden sus cuentas, pero siguen mostrando timidez a la hora de invertir. Muchas compañías señalan que no quieren emprender nuevos proyectos hasta estar seguras de que la demanda es firme. Otras siguen haciendo recortes debido a una menor demanda.

El escenario internacional, en tanto, es un imponderable. Si la recesión en la zona euro empeora y la debilidad en China y otros países persiste, eso podría afectar el repunte de EE.UU. Otro factor que podría tener un impacto son los desacuerdos sobre la política fiscal en Washington.

—Ben Casselman contribuyó a este artículo.

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