La vuelta del fiado y las libretas de almacén

(0)
16 de diciembre de 2001  

En Córdoba han revivido modalidades comerciales que se creían en vías de extinción: el "fiado", que se anota en libretas del cliente o en el cuaderno del almacenero.

Antonio Crespo, presidente del Centro de Almaceneros, al que adhieren voluntariamente un millar de pequeñas despensas o minimercados, le contó a LA NACION que la propia entidad ha aconsejado a sus socios abrir estas "cuentas corrientes" en función del conocimiento directo de las referencias del cliente, por lo general un vecino que vive a no más de tres o cuatro cuadras del negocio.

La necesidad del "fiado" ha aparecido con fuerza. "Antes, siempre teníamos abierta alguna cuentita pero nunca la pedían tanto como ahora", comenta Cecilia, dueña de una despensa en Barrio Alta Córdoba.

También en los sectores de clase media hay demanda de este sistema de crédito espontáneo. Abel Claros, propietario de un mercadito de verduras y carnes de Barrio URCA, una extensión del muy residencial Cerro de las Rosas, reconoce que está teniendo que vender contra promesa de pago "a fin de mes". Luis Oliva, gerente de la Cámara de Comercio de Córdoba, la entidad multirrubros más representativa de la ciudad, le pone un número pavoroso: "80 por ciento" de merma, en comparación con los niveles de la segunda quincena de noviembre.

Oscar Isaia, de la zapatería Nickols, una de las más conocidas en Córdoba, reconoció un brusco descenso del 65 por ciento. Y eso que el negocio está preparado para recibir toda la batería de medios de pagos, incluso tarjetas de débito.

Pero Rodolfo Saranz, presidente de la Cámara de Supermercados local, estima que sólo el 5 por ciento de los 34.000 comercios de la provincia disponen del "aparatito" de débito.

Mendocinos y pampeanos

En Mendoza, solo el 10% de los pequeños y medianos comerciantes cuentan con el sistema de débitos.

Con 70 años, José Chariff es propietario de una de las más antiguas perfumerías de la ciudad de Mendoza y confiesa a LA NACION que sus ventas cayeron cerca del 50% en los últimos meses y señaló que "además advertimos una enorme desorientación de los clientes porque no saben cómo manejarse con los cajeros y las tarjetas de débito bancario".

En tanto, Pedro García, de 64 años, gerente de la sucursal Mendoza de las sastrerías Britches, dijo que "el 80% de nuestras ventas se hace con tarjetas y el resto con bonos Lecop y muy poco en efectivo porque la iliquidez es muy grande". En su comercio, las ventas cayeron casi 40% en los últimos días.

En Santa Rosa, la capital pampeana, la Cámara de Comercio local dice que las ventas bajaron hasta un 40%, pero algunos comerciantes dicen que mantuvieron "actividad normal".

Un relevamiento de LA NACION permitió comprobar que mientras algunos prefieren volver al "fiado" antes que aceptar tarjetas de crédito y débito, otros eligen bonificar con descuentos los pagos en efectivo. Hay quienes se quejan porque pierden clientes todos los días, y otros que denuncian que "la compra con tarjeta de débito es un robo". Casi todos están agobiados por la caída de las ventas, salvo algún desubicado, como Alfredo, que vende más que antes. Alfredo tiene 45 años y desde hace poco más de un año atiende un quiosco y despensa en la estratégica esquina de Tierra del Fuego y Raúl B. Díaz. "Yo vendo más que antes -cuenta-. Desde el primero de diciembre todas las cajas diarias fueron subiendo". El local no tiene lectora de tarjetas de débito. "Ni pienso en eso, acá la gente sigue manejándose con efectivo, si los sueldos son de 500 o 600 pesos."

Pero la mayoría de los comerciantes santarroseños vive con el nudo en la garganta. En su librería céntrica, Alejandro denuncia que "la venta con tarjeta de débito es un robo: los débitos ni son gratuitos ni son automáticos". Otros, como Carina en su polirrubro, volvieron al sistema de "venta al fiado". "La mayoría son vecinos, los conozco, cuando puedan sacar la plata me van a pagar", advierte.

Hay otros, muchos también, a quienes las medidas no los afectan. Para ellos, ya es muy tarde y no hay dosis de optimismo que alcance: sería como una aspirina contra el cáncer. "Estos últimos meses fueron catastróficos, facturamos cada mes lo que antes vendíamos en dos, tres días", dice Graciela, que atiende junto a sus padres una casa de materiales de construcción y sanitarios.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.