Llegó la hora de que Fernández muestre sus cartas

Florencia Donovan
Florencia Donovan LA NACION
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28 de octubre de 2019  

El nuevo cepo cambiario reforzado es apenas una herramienta de transición. Como presidente electo, Alberto Fernández tiene ahora un desafío mayor, que no podrá descargar en Mauricio Macri: se trata de recuperar la confianza de los inversores y los distintos actores económicos. Solo así podrá evitar que la economía argentina siga en picada.

Para ello, es imprescindible que en el corto plazo empiece a mostrar las cartas de la economía que imagina bajo su gestión. Los desafíos no son pocos. La economía que recibe Fernández es tan frágil o más que la que recibió Macri. El déficit fiscal primario no será tan alto, pero llega al orden del 4% del PBI cuando se le suman los pagos de la deuda. La inflación supera el 55% anual, hay cepo cambiario, faltan dólares y la economía no crece desde hace años.

En el transcurso de esta semana el presidente electo tendría previsto blanquear algunos de los nombres de quienes integrarán su equipo económico durante la transición. Se descuenta que los economistas Cecilia Todesca, Matías Kulfas y Guillermo Nielsen tendrán un rol preponderante.

Pero los tiempos del mercado podrían ser más exigentes, no basta solo con implementar tácticas y conocer nombres aislados. Ahora falta conocer cuál será su visión estratégica de la economía.

Ya en los últimos días las empresas cerealeras les hicieron llegar un documento a los referentes económicos del Frente de Todos con las definiciones que esperan tener para poder liberar los dólares de la cosecha que todavía no liquidaron. Desean conocer, por ejemplo, cuál será el nuevo esquema cambiario elegido (tipo de cambio fijo, flotante o desdoblado), si habrá o no restricciones a las exportaciones y algún tipo de intervención en los precios de los granos en el mercado interno (sobre todo, los del trigo y el maíz).

Se estima en la industria que quedan unos US$6500 millones por liquidar de la cosecha de soja. Pero, advierten quienes conocen de cerca la mentalidad de los productores agropecuarios, si no hubiera por parte de Fernández respuestas a estos interrogantes para diciembre, la oferta de divisas de uno de los sectores más competitivos de la economía podría terminar resintiéndose aún más. "Si el panorama se aclara, las ventas podrían ser fuertes en noviembre y diciembre. Pero, si no, se va a vender la soja con cuentagotas, y ya en diciembre entra la cosecha fina [de trigo] y el productor vende el trigo y retiene la soja", explica una fuente. "Es imprescindible que tomen medidas desde esta semana", aclara.

Señales relevantes

El de las cerealeras es solo un ejemplo, pero que en pequeña escala aplica el resto de la economía. La estrategia que Fernández planea para atacar el frente externo -la negociación con el Fondo Monetario Internacional y con los acreedores privados- es tanto o más relevante que las definiciones tácticas que pueda dar en el corto plazo en materia cambiaria.

Es apenas una anécdota para los actores económicos si Macri es quien asume el costo del supercepo o si la medida responde a un pedido de Fernández, quien desde hace tiempo viene reclamando que el Banco Central "cuide las reservas". Para muchos inversores internacionales es un alivio que el presidente Macri haya dado señales de querer colaborar en una transición, pero también admiten que es solo pavimentar un puente hasta diciembre. No pocos se preguntan todavía cuánto pesará el pragmatismo que se le atribuye a Fernández dentro de la lógica de poder de su propia coalición. El resultado de ayer no disipa las dudas.

En las últimas reuniones que mantuvieron algunos de sus representantes económicos -porque hasta anoche nadie había sido ungido ministro designado- con inversores privados dejaron trascender que la negociación con el FMI será muy dura, mucho más que la que se aspira a encarar con los tenedores privados de bonos de la deuda argentina. La idea detrás es que el mercado de capitales se reabra pronto para el país y así poder financiar los vencimientos de los próximos años, sin contar con los condicionamientos del FMI. El manual del Fondo es claro: no hay dinero adicional si no hay reformas de fondo, como la previsional, la tributaria y la laboral.

El riesgo, advierten quienes saben del funcionamiento de los organismos internacionales, es que la Argentina podría quedar aislada del sistema de pagos internacional.

Sucedió algo parecido durante el kirchnerismo, cuando Cristina Kirchner pasó por alto las buenas prácticas fijadas por Washington y desoyó por años los fallos en contra de la Argentina en el Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial. Por eso, durante los últimos años de su gestión los programas de créditos con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo se redujeron a su mínima expresión y cantidad de multinacionales vieron recortado el financiamiento con sus casas matrices.

En otras palabras, en el corto plazo un endurecimiento en la relación con el FMI podría resultar en menos dólares para una sedienta economía. Incluso una reestructuración de deuda amigable, como la que aplicó Uruguay (sin quitas de capital), y como en algún momento llegó a plantear el propio Fernández -aunque en sus reuniones en el marco de la Asamblea del FMI sus enviados se encargaron de bajar las expectativas-, solo fue posible por el espaldarazo que obtuvo de organismos de crédito.

El economista Miguel Kiguel recuerda que entonces llegaron a aportarle a la economía oriental unos US$20.000 millones, lo que equivaldría hoy para la Argentina a un préstamo del FMI del orden de los US$100.000 millones, casi el doble de lo que recibió Mauricio Macri.

La demanda de pesos

Las definiciones de Alberto Fernández en las próximas semanas serán además determinantes para frenar la inquietante huida del peso por parte de ahorristas locales. El cepo cambiario podrá frenar el traslado de pesos a dólares a precio oficial, pero no así el traslado de esos ahorros al mercado informal o, en su defecto, a bienes.

Ya las grandes cadenas de supermercados registraron la semana pasada una demanda inusual de sus clientes, sobre todo considerando que estamos a fin de mes, cuando todavía la mayoría no cobró el salario. "Crecimos dos dígitos con respecto a lo que estábamos previendo de ventas diarias -confió el director de una cadena líder-. Creemos que la gente se está stockeando", reflexionó un directivo de una cadena minorista.

Pero el mayor problema podría darse ya con Fernández como presidente. Se estima que para cubrir los pagos de jubilaciones, salarios y aguinaldos de fin de año, y para pagar los vencimientos de deuda en pesos, el Banco Central deberá emitir en lo que queda de 2019 al menos $300.000 millones (lo que implica un crecimiento de más del 20% de la base monetaria). Parte se hará en los primeros días de diciembre, pero una gran mayoría deberá volcarse al mercado hacia fin de este mes. Los economistas saben que diciembre, estacionalmente, es un mes en el que la demanda de dinero aumenta (con lo cual gran parte de esos pesos tendrán un uso), pero también que colapsa en enero y febrero. Sin confianza, ¿qué pasará con esta cantidad de pesos ociosos? En una economía con una inflación avanzando a más del 5% mensual, no hace falta mucho combustible para que los precios corran a mayor velocidad.

Matías Kulfas declaró hace poco, en un evento organizado por bancos privados, que estaba a favor de una emisión "controlada" de pesos. En este caso, como en el de cualquier obra de arte, el control no pasa solo por quien emite los pesos, sino por la interpretación que hacen de ellos quienes los reciben.

El acuerdo de precios y salarios que Fernández ya anticipó que planea implementar no bien asuma podrá ayudar a contener las presiones de corto plazo. Pero no será suficiente para anclar las expectativas de mediano y largo plazo. Para eso, deberá tener un plan.

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