Los economistas descartan una aceleración de la inflación en los próximos meses
Analistas consultados opinan que, pese a que el ajuste en servicios públicos tendrá un impacto coyuntural, el orden monetario y fiscal consolidará una tendencia a la baja
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En medio de la ola de críticas que desató la decisión del Gobierno de demorar la aplicación de la nueva metodología para medir la inflación –una postergación que derivó en la salida del Indec de su director, Marco Lavagna–, la mayoría de los economistas coincide en que, sea cual sea el termómetro con el que se mida, los precios no deberían acelerarse durante el primer semestre del año. Incluso, en el corto plazo, podrían retomar la senda de un 2% mensual.
El temor a un aumento considerable de la inflación tiene su principal fundamento en el hecho de que el Gobierno ya confirmó que aplicará en la primera parte de este año un ajuste en las tarifas de los servicios públicos. Sin embargo, según los analistas consultados, si bien esto puede tener un impacto coyuntural, los factores de fondo que determinan la suba generalizada de precios –el déficit fiscal, que en el pasado era financiado por esa emisión– se encuentran actualmente controlados.
El economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, comentó que, si se deja de lado por un momento la discusión sobre la metodología empleada para medir la inflación, lo central es analizar los factores que realmente la determinan. En ese sentido, sostuvo: “En mi visión y en la de la mayoría de los economistas, mientras la parte fiscal se mantenga ordenada y el Gobierno sea prudente monetariamente, sin emisión y con compra de reservas, yo diría que la inflación tendría que seguir bajando”.
No obstante, Tiscornia también destacó que todavía no se puede estimar con precisión el ritmo al que continuará disminuyendo la inflación ni si lo hará de manera lineal. “Insisto en que creo que seguirá bajando. Ahora, en el medio juegan otras cuestiones que no tienen que ver con la gestión macroeconómica, que no son los determinantes de fondo, sino temas puntuales, como la corrección de los servicios públicos, que sigue siendo un problema de herencia de años de no haber ajustado las tarifas”, explicó.
En ese contexto, el economista analizó que, incluso utilizando el método anterior de medición, el ajuste de las tarifas de servicios públicos que tiene en mente el Gobierno, con el objetivo de reducir subsidios, “va a demorar un poco la convergencia de la inflación hacia las tasas óptimas que se están buscando”.
Aun así, Tiscornia consideró que el impacto de ese ajuste en las tarifas de servicios públicos podría estar morigerado por el hecho de que actualmente existe una buena oferta de dólares. “La cosecha gruesa va a sumar más divisas en los próximos meses y no hay salida de capitales como sí la había el año pasado”, destacó.
En sintonía, el economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, señaló que su escenario base tampoco contempla una aceleración inflacionaria en el primer semestre. Al explicar por qué llega a esa conclusión, afirmó: “Porque, más allá del ajuste sobre las tarifas, el Gobierno volvió a usar el ancla cambiaria".
A su vez, dijo que “el mercado interno sigue sin mostrar mejoras, marcando un límite a la suba de los precios y a la recomposición de los salarios por encima de la inflación; en un contexto donde en enero el gasto devengado volvió a caer respecto a un año atrás”.
Tampoco Sebastián Menescaldi, economista de la consultora EcoGo, cree que deba esperarse una aceleración de los precios en la primera mitad del año. “Lo que veo es que la inflación ahora viene más alta por correcciones que deben hacerse en todo lo que es tarifario de electricidad y gas, pero eso después debería ir bajando”, explicó.
Menescaldi respaldó su estimación en que “en términos monetarios, de creación de moneda, lo que se ve es que el Gobierno ha logrado un equilibrio”. Y remarcó: “Eso debería derivar en una baja de la inflación, que podría volver a un ritmo de 2% mensual. Después veremos cómo sigue, ya que la contra va a estar en el nivel de actividad y las tasas de interés”.
El economista Mateo Borenstein, de la consultora Empiria, afirmó que, “a pesar de que hay diferencias entre una canasta y otra –la nueva canasta les da más ponderación a servicios y regulados que la anterior–, no debería haber grandes diferencias en la medición de la inflación, principalmente porque el mayor ajuste en los precios de los regulados se realizó en 2024”.
En este sentido, Borenstein recordó que en 2025 la inflación fue de 31,5% y que, si se hubiese medido con la nueva metodología, habría arrojado aproximadamente un 32,4%. “Para el primer semestre, la inflación no debería acelerar, principalmente porque existe cierta estabilidad cambiaria, tasas reales positivas y desaceleración de la inercia inflacionaria”, concluyó.
También el economista Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, se mostró optimista respecto de este tema. “Lo lógico es que la inflación se empiece a desacelerar, porque lo que estuvo reflejando la suba de los últimos meses fue la depreciación del peso por la caída de su demanda previa a los comicios. Dado que el resultado de estos confirmó el apoyo de la gente al cambio de rumbo, es esperable que la confianza se vaya recuperando y, con ella, la preferencia por el atesoramiento del público”, opinó.
Para Abram, la moneda local viene mostrando una gran estabilidad, con altas probabilidades de depreciarse un poco a lo largo del año. “Así que cada vez quedan menos bienes y servicios que deben verse impactados plenamente por la pérdida de poder adquisitivo preelectoral. Por eso, esperamos que la inflación mensual perfore el 2% en el segundo trimestre y, a más tardar en el cuarto, el 1%”, concluyó.
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