
Los tatuajes y el piercing en el mundo del trabajo
Los tatuajes y los piercings se encuentran en el punto justo de transición donde es posible identificar el contraste entre el mundo laboral y el mundo real.
Un artículo de BBC Mundo aporta algunos datos muy interesantes respecto del tema, que sigue siendo controversial, muy especialmente en la cobertura de puestos de trabajo de oficinas y atención al público.
Según Career Building, conocido portal de empleos, el 37% de los empleadores tendría reparos en ascender a quienes portaran piercings, y el 31%, a los que tuvieran tatuajes visibles. Estas cifras se contraponen casi simétricamente con otra encuesta realizada en Estados Unidos, en la que se encontró que el 38% de los entrevistados de entre 18 y 29 años tenía, por lo menos, un tatuaje y el 23%, piercings en otros lugares del cuerpo que no fuera el lóbulo de las orejas.
Es decir, los empleadores que objetan el arte corporal visible estarían dispuestos a rechazar de plano al mayor talento conocido si es que se presenta con alguno de estos ornamentos, así se tratara de un sosías del mismísimo Steve Jobs.
Interesante ejemplo, porque este genio de la innovación fue un verdadero desastre respecto de su apariencia, cuando intentaba obtener sus primeros trabajos.
No obstante, la resistencia se manifiesta en muchos casos. BBC Mundo menciona que la cadena de tiendas Macy’s tiene como política evitar "los piercings faciales y los tatuajes excesivos que puedan distraer u ofender a los clientes".
Con gran acierto, un vocero del comercio fue interrogado sobre el significado de excesivo y no supo responder. Y si ensayáramos por las nuestras identificar los límites entre lo normal y lo excesivo, nos encontraríamos en un serio aprieto.
Tal vez encontraríamos tantas respuestas diferentes como personas consultadas. Pero hay otros establecimientos que también lo tienen muy claro. El Hospital de Ottawa prohíbe "los excesivos piercings visibles en el cuerpo", porque disminuiría la confianza de los pacientes.
Por esto aumentó el número de mujeres que acuden a someterse a la eliminación de tatuajes: detectan el rechazo que producía en sus potenciales empleadores.
¿Por qué mujeres? Según la investigadora Myrna Armstrong, porque "la gente todavía tiene más problemas con las mujeres y los tatuajes que con los hombres".
De todo lo mencionado por el artículo de BBC Mundo hay dos palabras clave que vale la pena examinar: visible y gente.
Es interesante comprobar el uso intensivo de la gente. Todo aquel que menciona lo que la gente prefiere se convierte en vocero de una mayoría que, en realidad, desconoce porque solamente puede contar con argumentos al pasar y con sus propias creencias.
Es difícil imaginar que si alguien fuera a ser operado por un cirujano con buenos antecedentes, salga corriendo del quirófano porque descubre que tiene un tatuaje en el antebrazo. Lo mismo vale para un cliente de cualquier tienda, en tanto esté satisfecho con la atención.
El otro punto es lo visible. Si alguien se hubiera rodeado de piercings desde el ombligo alrededor de la cintura, no importa. Queda oculto bajo el pantalón o la falda. Es la legitimación de la hipocresía. Si los tiene, que no se note.
Es inevitable hacer una relación bastarda con la famosa alegoría de la Caverna de Platón. Para los prisioneros, que sólo ven sombras que se mueven, ésa es la realidad. Cuando alguien que ha podido salir de la caverna trata de convencerlos de que hay otro mundo, no le creen. Lo real es lo que ven, descartando cualquier otra dimensión posible.



