Hernán Lacunza admite que dejan números peores, pero mejores "raíces estructurales"

Fuente: LA NACION
Francisco Jueguen
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25 de noviembre de 2019  • 18:03

Hernán Lacunza profundizó su habitual sobriedad para una de las últimas tareas que lo tendrán como protagonista. "No hay que exagerar las luces, pero tampoco las sombras. No es conducente", dijo con tono apagado, sin estridencias, en el Salón Belgrano del quinto piso del Palacio de Hacienda. Rodeado del equipo que lo acompañó en los últimos tres meses y algunos periodistas, así arrancó la presentación del informe de la herencia económica que Mauricio Macri le dejará al presidente electo, Alberto Fernández.

Previendo que habrá un contrarrelato en pocos días en base a los números heredados y al foco de la oposición, el ministro de Hacienda afirmó que actualmente no existen dudas sobre las cifras oficiales, que son todas públicas. Luego comenzó a hablar de "la siembra y la cosecha".

"La cosecha muestra resultados y han sido inferiores a los esperados", dijo sobre el PBI, la inflación, la pobreza y el mercado laboral, mundos que empeoraron en la era Macri. "La siembra, las raíces estructurales de la economía", recalcó, en cambio, "son cimientos condicionantes para un crecimiento de largo plazo". Allí puso los déficit gemelos, que se volverán equilibrios; la baja de la presión impositiva, la mejora de las cuentas provinciales, una cuenta corriente superavitaria, un tipo de cambio competitivo y exportaciones en crecimiento.

Lacunza usó su fórmula habitual. La situación actual de la economía argentina tiene algo de herencia, mala suerte y errores propios. Prefirió no poner el foco en estos últimos "por elegancia", dijo. Pero señaló que existió una falta de "sincronía" entre la política monetaria y la fiscal en los primeros años del gobierno de Macri, algo de lo que alertaban los economistas privados. "Si un remo va más rápido que el otro, todo se descoordina", dijo el ministro de Hacienda. A su lado, el secretario de Política Económica, Sebastián Katz, agregó que un tipo de cambio flotante, "cuando no se hizo toda la tarea", se volvió un tema conflictivo para economías como la argentina. "Ese desequilibrio fiscal, financiado con deuda, con tasas altas que llevan a una apreciación cambiaria"..., empezó a enunciar Katz antes de que cerraran la reunión.

La deuda y el déficit fiscal, que ya fueron temas de contrapunto con los referentes del Frente de Todos, fueron escudriñados, incluso en sus metodologías. La deuda pública ronda actualmente, para el Gobierno, el 70% del PBI. En el Frente de Todos y algunos thinks tanks la ubican por encima (usan el tipo de cambio de cierre y no uno promedio, como el oficialismo). Si se excluye el pasivo intra sector público alcanza el 53% del PBI. En 2015, "con un tipo de cambio atrasado que desinfla artificialmente el ratio", era de 39% del PBI. Sin sector público, de 22,5%.

"El tema de la deuda es el primer eslabón que el próximo gobierno va a tener que encadenar en su plan económico. La negociación debería ser asequible, porque la Argentina tiene un problema de liquidez y no de solvencia", fue lo poco que Lacunza repitió sobre el futuro de Alberto Fernández y su plan económico. Según el ministro, no hay una transición formal porque no hay aún una contraparte del otro lado.

"Se está cumpliendo consistentemente con la meta", observó, sobre el objetivo de un déficit fiscal primario del 0,5% del PBI para este año, fijado con el FMI. El ministro dijo que el dato de noviembre, que publicará el equipo de Macri, es consistente con esa meta. "La deuda flotante es la más baja de la historia. Un tercio menos que en 2015", dijo, a su lado, Rodrigo Pena, secretario de Hacienda, sobre la herencia fiscal que dejarán.

El déficit primario de 2015, con la actual metodología, fue de 3,8% del PBI, según el Gobierno. Aunque el "déficit inercial", dijo Lacunza, fue de 5,7% del producto, si se suma el fallo de la Corte que devolvió fondos a provincias, el impuesto a las ganancias que se les retornaba a los compradores de dólares en concepto de ganancias y "gastos no registrados" (Plan Gas, Petróleo Plus y pagos de Vialidad "no registrados pero exigibles por las empresas").

Al momento de combinar ambos temas, Lacunza afirmó sobre la herencia del kirchnerismo: "La deuda actual es fruto de los déficit del pasado". Entre 2015 y 2019, la deuda pasó de US$240.000 millones a US$314.000 millones. Sobre las tarifas, los funcionarios afirmaron que el 59% de la electricidad ya es pagada por los usuarios (en 2015 era el 9%); en el gas, ya hay una cobertura de 85% (era de 37%), y en el colectivo en AMBA, un 30% (era de 4%).

El Gobierno estimó además que bajó en el equivalente a tres puntos del PBI varios impuestos (ganancias a personas y empresas, impuestos al trabajo, bienes personales y retenciones, entre otros), y que mejoró la presión impositiva de la mano del consenso fiscal con las provincias (Sellos e Ingresos Brutos). Además, se recordó el impacto de la ley de responsabilidad fiscal. Algunos de los impuestos seguirán su camino descendente por la reforma tributaria impulsada por Nicolás Dujovne en 2017. Las provincias, señaló Pena, sumaron $297.000 millones en recursos en los últimos cuatro años.

Lacunza señaló que el tipo de cambio es 90% más competitivo que en 2015 y 60% más que en 2018, y que habrá equilibrio externo el año que viene, lo que implica que el próximo gobierno tendrá menos necesidades de financiamiento de las que tuvo Cambiemos. El gasto bajó durante el gobierno de Macri, según contó Lacunza, un 5,5% del producto.

Sobre la "cosecha", Lacunza dijo que la actividad sufrió un "colapso" con la crisis de abril de 2018 y nunca más se recuperó, aunque rememoró que fue por "mala suerte" de la sequía ese año, y la herencia. "Es difícil crecer con tarifas y dólar atrasados", dijo. El PBI está hoy en un nivel 3,4% inferior al que mostraba en 2015, al final del gobierno de Cristina Kirchner.

El ministro de Hacienda señaló además que este año la inflación cerrará en torno al 55% y la pobreza, cerca de 35%. Estimó que, gracias a la Asignación Universal por Hijo (AUH), "no hubo un deterioro marcado de la distribución del ingreso" en los últimos años y admitió que no se crearon los empleos necesarios para bajar la tasa de desocupación. "Se deterioró la calidad de empleo", afirmó el ministro sobre el mercado laboral.

"No hay una panacea por delante", cerró Lacunza. "Hay luces y sombras. Y hay oportunidades que se construyeron en este gobierno. Ahora le toca al que llega recuperar la credibilidad de los mercados y el crédito para aprovechar estos pilares".

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