Martín Añazco: el maestro de la publicidad para apps

Un emprendedor es alguien capaz de lanzar un proyecto tras otro sin agotar las ideas, el esfuerzo ni, sobre todo, la pasión. Martín Añazco (40), con veinte años de trayectoria, se corresponde con esta definición. Con su socio Diego Meller (38), fundó varios proyectos motivado por una diversión innata de experimentar con tecnología. “No teníamos experiencia de trabajo ni fascinación por emprender. Éramos nerds apasionados por la tecnología y queríamos desarrollarla; lo más fácil era crear una empresa”, dijo Añazco a LA NACION.
Hoy, codirigen Jampp, una empresa argentina especializada en el desarrollo de la tecnología para optimizar la publicidad de aplicaciones de m-commerce. Los clientes de Jampp son empresas que venden productos o servicios a través de apps y buscan la manera de publicitarla.
“Si alguien desarrolla una app, compite contra otros tres millones de aplicaciones disponibles. En el 95% de los casos la gente se olvida de que se descargó una app a los tres días de haberlo hecho”, dijo el emprendedor. Aclaró que, al mismo tiempo, la publicidad de aplicaciones maneja un interés comercial creciente, ya que representan el 60% del volumen de transacciones online en Estados Unidos.
Para lograrlo, analizan el comportamiento de sus usuarios para luego comprar publicidad en “tiempo real”, es decir, a través de robots que toman la decisión de invertir en un determinado espacio publicitario en apenas 100 milisegundos.
“El algoritmo nos informa que hay una persona de determinadas características parada en una esquina puntual que está por mirar una publicidad. Nuestra tecnología tiene que detectar si nos sirve o no mostrarle un anuncio de nuestros clientes en función de qué probabilidades tiene de descargarse su app, o volver a utilizarla si ya la tiene, o realizar otra compra si hace mucho que no lo hace”, explicó Añazco. Gigantes de Internet como Uber y Twitter utilizan sus servicios.
Añazco es economista y Meller, licenciado en Administración de Empresas. Los dos socios se conocieron mientras colaboraban en una revista de la Universidad de San Andrés y trabajan juntos desde hace 20 años, aunque Meller está radicado en Londres desde 2002. “Es como estar casados y vivir en casas separadas, es un buen esquema”, bromeó Añazco.
La dupla superó crisis externas, como la explosión de la burbuja puntocom en 2000 y la crisis argentina de 2001, así como también cuestiones internas y propias del negocio. Por ejemplo, antes de Jampp habían creado una empresa de juegos para redes sociales que se volvió muy popular pero no era rentable. “Había medio millón de usuarios en Brasil, pero no había forma de que pagaran por jugarlo”, explicó Añazco.
Anteriormente, habían armado Livra, donde los usuarios podían escribir reseñas de productos y servicios. Era similar a lo que fueron Mercadolibre o Deremate, pero se demoraron en el lanzamiento y no fueron exitosos. Cambiaron el modelo de negocios y empezaron a enviar encuestas a los clientes; en 2008, vendieron la iniciativa a Ipsos. Un año después, junto con Santiago Siri y Emiliano Kargieman, presentaron un proyecto conocido como The Whuffle Bank a TechCrunch50, los premios Oscar del mundo tecnológico. La idea era generar una moneda que compensaba a las personas que realizaran buenos aportes a la Web, y con su iniciativa quedaron seleccionados entre los primeros 50 entre más de 3000 postulantes.
Primero, la cultura
“Qué valores tenemos, qué tipo de gente entrevistamos, cómo trabajamos y el espíritu que vemos todos los días cuando trabajamos es lo que más me interesa de la empresa”, afirmó, contundente, Añazco. Su atención está puesta en no perder los valores de startup aunque hayan crecido. “Si te apasiona lo que hacés, no hay que decirte cómo hacer las cosas”, asegura. Según el emprendedor, buscan gente que sea “generalista, muy capaz, más que especialistas mediocres”, ya que por la renovación constante de la tecnología es probable que en unos años hayan mutado su trabajo, pero no así la cultura. El 30% de los 80 empleados que trabajan en Jampp son del área de tecnología; una métrica que miran con cuidado con la intención de mantener el espíritu nerd que estuvo en el origen de la compañía.
Espíritu de sacrificio
“Los primeros seis años no me tomé ni un fin de semana ni vacaciones”, contó Añazco. Es una tendencia que ve en el ecosistema y asegura que sus amigos emprendedores a los que les fue bien comparten la capacidad para sacrificarse en pos de un objetivo, lo que no quita que el empresario idealice los esfuerzos que implica comenzar un proyecto desde cero. “Es un bajón”, admite.
Posicionamiento claro
Como primera medida para definir el posicionamiento que debe tener una empresa, Añazco asegura que es clave entender hacia dónde va el negocio del futuro. “¿Estamos resolviendo los problemas correctos? ¿Nuestra tecnología está de acuerdo con lo que necesita el mercado hoy y mañana?”, son algunas de las preguntas que ayudan al emprendedor a mantener el producto en el foco y la dirección correcta. Está relacionado con que en el ámbito del desarrollo digital “sos tan bueno como el mes pasado” y el famoso dormirse en los laureles.
Apuesta por la tecnología
“Nosotros creemos que para poder competir a nivel global tenemos que desarrollar tecnología”, expresó el emprendedor. En Jampp creen que es posible convertirse en una empresa de tecnológica latinoamericana líder a nivel mundial, pero para serlo es necesario ser creadores de la herramienta y manejar la parte técnica. La empresa tiene clientes globales que atiende desde sus oficinas comerciales en Londres, Berlín, San Francisco, San Pablo, Ciudad del Cabo y Singapur, pero el equipo técnico está 100% localizado en la Argentina.
Minibio
Inicios
Nació en la ciudad bonaerense de Rivadavia; cambió la escuela agropecuaria por unos libros de tecnología que le hicieron descubrir la vocación
Educación
Economista por la Universidad de San Andrés
Socio
Con Diego Meller se conocieron colaborando en la revista de la universidad y trabajan juntos desde hace más de veinte años
Antecedentes
Junto con su socio lanzaron Livra, un sitio de subastas; uno de juegos para el celular, y The Whuffle Bank, un proyecto de moneda virtual
Curiosidad
Las salas de reuniones tienen nombres de computadoras viejas como Tandy, Atari o Commodore 64, para no olivdarse





