Matías Surt: “El cambio estructural es costoso: los sectores que crecen no llegan a compensar la destrucción de empleo”
Es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e hizo una maestría en Economía en Ucema; es profesor de Macroeconomía y de Crecimiento Económico y director del Congreso Económico Argentino; desde 2013 trabaja en la consultora Invecq, donde se desempeña como director y economista jefe
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Según Matías Surt, hoy el país experimenta “un cambio productivo estructural” que se combina con la dinámica del “ciclo económico” que afecta al desempeño del empleo y los ingresos en el corto plazo. En su análisis, el contexto macro luce más consolidado, luego de que el Gobierno, además de su vocación fiscal, ajustara su política cambiaria y pusiera en marcha el plan de compra de reservas del Banco Central que se verificó en el primer semestre de este año.
No obstante, el analista de la consultora Invecq plantea que la “transición” productiva es “costosa” y que “no todo el mundo siente que, porque la macro esté mejor o que porque los fundamentos macro estén mejor, el día a día de cada uno esté también mejor”. En ese escenario, destaca la mejora de la competitividad por la suba del dólar en el último mes, el impacto negativo de la suba en las tasas de interés sobre la dinámica del crédito y por el factor de incertidumbre política que puede afectar al escenario financiero hacia las elecciones de 2027.
“El estado de la micro que vemos hoy es una combinación del ciclo corto plazo y del cambio estructural macro de largo plazo, que conviven al mismo tiempo. El cambio estructural en la transición es costoso, en el sentido de que los sectores que crecen y que te están marcando el ritmo de este cambio estructural no llegan a compensar en empleo y en salario todavía a la parte del cambio estructural que implica destrucción. Si yo pierdo empleo rápido en los cordones industriales, en algunos servicios como la construcción y demás, eso no es reabsorbido de inmediato y no va a tener una respuesta rápida por la economía de cordilleras, o por el agro, o por distintos sectores que puedan estar creciendo. Es un cambio estructural por definición costoso en términos de velocidades y de tiempos de reasignación de recursos. Eso no es inmediato y no está exento de un montón de fricciones”, comenta en diálogo con LA NACION.
-¿Qué escenario se abre a futuro?
-El país no tiene que abandonar ese camino, porque el crecimiento que puede tener si el cambio estructural madura es mucho más sostenible en un montón de aspectos. Gran parte de los economistas en el último tiempo, más allá que pueda ser completamente cierta o parcialmente cierta esta visión, planteaba que Argentina no logra sostener crecimiento porque no genera dólares. Bueno, el cambio estructural que vos estás haciendo genera dólares. Entonces, como mínimo, vas a poder evitar crisis de balanza de pagos recurrentes, que es lo que nos tiene en el zigzag permanente desde 2011 hasta la fecha. Eso no es menor y por eso ese camino no hay que abandonarlo. Además, porque si vos querés tener una economía más productiva, tienen que ser más grandes los sectores más productivos y tienen que ser más chicos los sectores menos productivos. El país viene de muchos años de estar muy cerrada, de estar con sus precios relativos completamente desalineados. Lo que en el mundo es barato, en Argentina es caro, y viceversa. Es completamente ridículo. Y eso nos llevó a que la producción de bienes en el país se haya ido destinando o alocando en los sectores que tienen menos valor en el resto del mundo y no en los que tienen más valor. Después, está el manejo de la macroeconomía más de corto.
-¿Y qué herramientas tiene el Gobierno en ese manejo?
-Con el determinante estructural, que no tenemos que olvidar nunca, para que el ciclo no esté tan complicado, si el tipo de cambio estuviera un poquito más arriba, como lo están dejando mover en los últimos días... O sea, en pocas semanas ya ha subido $100 y me parece algo correcto. Que el gobierno siga comprando dólares cuando el tipo de cambio está subiendo me parece una reafirmación de ese cambio de política cambiaria que hizo en enero, lo felicito y me pone optimista. Un tipo de cambio un poquito más alto, mientras todavía no pudiste hacer las reformas de fondo, no pudiste bajar impuestos y demás, le dé cierto aire de competitividad a muchos sectores transables me parece que es una de las cosas que se podrían hacer.
-¿Y puede seguir subiendo? ¿Qué impacto puede tener?
-Todavía podemos estar en niveles un poco más altos. El tipo de cambio real del año pasado, cuando tocó el techo de la banda, es $1700 de hoy, como para tener una referencia. De nuevo, no porque crea que tiene que devaluarse. No se puede decir que el tipo de cambio ahora es bajo porque Argentina vivió una transformación de su productividad, porque eso no ocurrió todavía. Va a ocurrir, está en camino, perfecto. Pero entonces quizás vos podés tener este tipo de cambio cuando ya tengas esa productividad, y hasta que no la alcances, el tipo de cambio te ayuda a compensar esas diferencias de productividad entre sectores. Entonces, creo que todavía puede estar un poquito más alto. Por otra parte, independientemente de lo que yo piense que puede ser un tipo de cambio adecuado para esta transición económica, lamentablemente está casi descontado que va a volver a haber volatilidad cuando nos volvemos a enfrentar, en prácticamente un año, a una elección donde se va a poner todo en cuestión de nuevo. Y mientras la prudencia macroeconómica siga estando en tela de juicio, el tipo de cambio lo va a reflejar en cada proceso electoral que vivamos.
-¿Cuándo puede empezar a verse eso?
-La incertidumbre política va a estar muy marcada por los eventos políticos que tengamos. En términos internacionales, sabemos que en noviembre está la elección en Estados Unidos, y el año que viene vas a empezar a tener elecciones provinciales desde marzo o abril probablemente. Hay que ver si la provincia de Buenos Aires va a volver a desdoblar, o esta vez, si Kicillof quisiera ser candidato a presidente quizás le conviene no desdoblarla. También si habrá o no PASO. Son distintos puntos o señales de alerta de la política. Nosotros ya estamos proyectando fin de año un tipo de cambio de $1800, y descontamos que, independientemente de cuándo sea la primera elección provincial, parte de esa incertidumbre se traslade ya este año.
-Volviendo a la dinámica del corto plazo, ¿qué opina en cuanto al nivel de tasas de interés?
-En el manejo de tasas hay algo que a mí me preocupa bastante, que es que el Gobierno ha hecho algunos movimientos, bajó los encajes, flexibilizó en cierta medida la política monetaria, alguien podría decir que quizás la emisión que se hace para comprar reservas no tendría que ser 100% esterilizada por parte del Tesoro, y quizás otras cosas, pero cuando uno mira las tasas pasivas, es decir, el costo del fondeo del sistema financiero, ha bajado mucho en los últimos meses. Hoy estamos con tasas pasivas entre 20, 22, 24%, que si yo lo comparo con una inflación proyectada a un año, ya son neutras o incluso un poco negativas en términos reales. Entonces, no veo que haya un problema de que el costo del fondeo quedó tan caro que las tasas activas no pueden bajar. Las tasas pasivas ya están encontrando cierto límite, al menos hasta que la inflación no muestre una tendencia mucho más baja que la que estamos viendo hoy, pero las tasas activas quedaron un poco desenganchadas. Cuando uno ve, más para el mundo empresas, las tasas de adelantos que el año pasado estaban altísimas están hoy en niveles más razonables, en la zona del 25, 26%, y con una volatilidad mucho menor, pero el costo de tarjetas de créditos y de créditos personales quedó altísimo. Hoy un crédito personal en promedio paga una tasa de 68, 70% y las tarjetas de créditos están en el 90%. Si a eso le descuento una inflación a un año de 24, 25%, estoy hablando de tasas reales de entre el 35% y el 50%. Eso no va a permitir una recuperación del crédito al consumo fuerte de acá a las elecciones. Por eso el Gobierno sale con el Banco Nación, usando si querés una herramienta más heterodoxa, a ver si logra disciplinar al sistema financiero completo.
-También impacta mucho el crecimiento de la morosidad…
-Juega completamente y hay una especie de círculo vicioso, donde si una morosidad alta es un indicador de riesgo, entonces ¿cómo se cubre típicamente el sistema financiero de mayor riesgo? Cobrando mayores tasas. Y mayores tasas te empuja a mayor mora también. También creo que el sistema financiero puede que esté con un nivel de tasas altas como una señal de racionamiento del crédito. Yo no sé si quiero prestar un crédito personal a 24 meses si el año que viene tengo elecciones en el medio, porque quizás el año pasado ya lo hice, llegué a las elecciones y cuando el Gobierno tuvo que defender el techo de la banda, puse un nivel de tasas pasivas que me dejó muy descolocado respecto de las tasas a las que yo había prestado.
-¿Qué observa en cuanto a la cuestión fiscal?
-El Gobierno logra sostenerlo, pero si uno ve el superávit primario que había en 2024 y el que hay hoy, es menor. Y el superávit financiero no empeora tanto porque el Gobierno hizo depender cada vez más a la estructura del financiamiento a bonos capitalizables que no pagan cupón. Entonces ahí hay como un disfraz. Uno podría decir que en el 2024 había un superávit primario más alto y equilibrio financiero, y hoy si hacemos la cuenta para que sea comparable con el 2024, tenemos menor superávit primario y un resultado financiero que calculado por el propio FMI en su última revisión, es deficitario en casi un punto del PBI. ¿Y por qué pasó esto? ¿El gobierno se puso a gastar de más? No, para nada. Hubo una caída en los ingresos. El nivel de gasto público, que se ajustó fuerte, se mantuvo durante el ‘25 y se está manteniendo en el ’26, lo que le está recortando el espacio fiscal al Gobierno es la caída de los ingresos.
-En 2024, en una entrevista con LA NACION, dijo que lo fiscal estaba ‘atado con alambre’. ¿Cambió ese escenario?
-Me refería, y lo sigo pensando en cierta medida, a que no es que se logró un reacomodamiento fiscal mediante reformas estructurales que garantizan que la dinámica no se desordene en el futuro. Y voy a un caso concreto, que es el más importante, y es el ajuste previsional, que fue un ajuste 100% de licuación. Las jubilaciones hoy están 40 puntos abajo de lo que estaban en 2017, y están 10 puntos abajo de lo que estaban en 2023. Y el país todavía no discutió lo que tiene que discutir para que el sistema previsional sea un poco más sostenible, o al menos, en una dinámica demográfica que sigue siendo explosiva hacia adelante, ese resultado no empeore: ni sobre la edad jubilatoria, ni sobre los regímenes especiales, ni sobre la relación entre activos y pasivos, porque cada vez tenemos un mercado laboral más informal.
-¿Qué margen existe en ese escenario de menos espacio fiscal para manejar el ciclo de corto plazo?
-Hablamos del tipo de cambio y las tasas, y una de las decisiones que sí se está tomando, es no sé llamarlo obra pública, porque es obra de bienes públicos. El Gobierno no lo está haciendo vía gasto público, sino que metió el pie en el acelerador en concesiones que venían frenadas. Durante los dos primeros años prácticamente no hubo avances, y hoy estamos viendo que se reactivan algunas obras en rutas nacionales, con otro formato, porque el Gobierno no quiere que esto tenga impacto fiscal, pero se le está dando algo de importancia a sumar ahí un granito de arena en la parte de la construcción que está muy golpeada. Esas son las tres palancas que hay de acá a las elecciones, para ver si el ciclo está un poquito mejor que en este momento. Pero no creo que le podamos pedir mucho más, porque tiene que mantener los parámetros y los límites de su programa.
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