Mejoran las perspectivas para EE.UU., pero no todo está dicho

Justin Lahart
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24 de octubre de 2011  

Analistas han estado elevando sus estimaciones sobre el crecimiento económico de Estados Unidos, un cambio de 180 grados frente a sólo unos meses atrás, cuando reducían esos pronósticos y temían que el país estuviera al borde de la recesión.

A mediados de septiembre, una encuesta semanal realizada por la firma Macroeconomic Advisers mostró que los analistas preveían que el Producto Interno Bruto crecería a una tasa anual de sólo 1,7% en el tercer trimestre. Ahora, los economistas anticipan una expansión de 2,7% y algunos la colocan incluso en 3%. El Departamento de Comercio anunciará la cifra el jueves.

Incluso 2,7% es demasiado bajo para una economía que necesita tantos arreglos. Ese ritmo reduciría la tasa de desempleo menos de medio punto porcentual durante el curso de un año. Además, si la crisis financiera de Europa no se resuelve, o si el gasto del gobierno de EE.UU. se contrae marcadamente, la economía podría estancarse.

De todos modos, "las posibilidades de una recesión han disminuido bastante", afirma el economista de J.P. Morgan Robert Mellman, quien hace poco elevó su estimación de crecimiento anualizado para el tercer trimestre de 1,5% a 2,5%. "Todo ha sido mejor de lo que la gente se temía".

Los problemas de la cadena de suministro que surgieron tras el tsunami en Japón y los altos precios del petróleo afectaron notoriamente la economía estadounidense en el segundo trimestre, cuando el PIB creció apenas 1,3%. Datos re-cientes sugieren que EE.UU. está dejando atrás los efectos de esos shocks. A mediados de año, los problemas financieros de Europa y el inolvidable debate sobre el límite de deuda en Washington tuvieron un impacto muy negativo en la con-fianza de muchos consumidores, empresas e inversionistas. Pero hasta ahora, al menos, la ansiedad no parece haber llevado a una mayor restricción del gasto.

"Obviamente, las empresas y los hogares no cumplieron sus promesas de cerrar la billetera", afirma el economista de UBS Maury Harris, quien a comienzos de agosto pronosticó que el PIB del tercer trimestre se expandiría 2,5%. A principios de septiembre cambió su previsión a un alza de 1,5% y hace una semana a 2,6%.

Un motivo por el que economistas aumentaron su estimación es la marcada mejora en los últimos datos. El informe más reciente del Departamento de Comercio de EE.UU. sobre ventas minoristas no sólo mostró que el gasto creció en sep-tiembre a su mayor ritmo en siete meses, sino que también incluyó significativas revisiones al alza de las cifras de agosto. Los números de envíos de bienes de capital sugieren que el gasto de las compañías en equipos nuevos ha sido sólido. Otra sorpresa: un repunte de la actividad de la construcción.

Pero los economistas también se contagiaron del ánimo pesimista del país. Cuando el mercado bursátil se derrumbó en agosto, y las encuestas mostraban que los hogares y los ejecutivos de empresas se volvían pesimistas, asumieron que la economía se iría a pique. Y se equivocaron.

"Me recuerda a cómo todos los economistas de EE.UU. sonaron las alarmas en 1987, cómo pensamos que nos encaminábamos a una profunda recesión", afirma el economista de Normura Securities David Resler. "Pero resultó que era sólo algo pasajero". Resler redujo su estimación de crecimiento del PIB del tercer trimestre de 2,5% a 2% en agosto, y desde entonces la subió a 2,8%.

Para empresas como el fabricante de camas y colchones Select Comfort Corp., la evaluación de la economía que hacían los mercados financieros no tenía sentido. "Diría que en nuestro balance vimos algo diferente a lo que se escuchaba", afirma Wendy Schoppert, directora general de finanzas de la empresa con sede en Mineápolis.

Mirando hacia el cuarto trimestre, muchos analistas prevén que la economía se retraiga un poco, y que el PIB crezca a un ritmo de 2%. Aunque el mercado bursátil ha tenido cierta mejoría, las encuestas muestran que persisten las dudas entre los consumidores, lo que aún podría tener un impacto en las ventas minoristas. Además, los ingresos después de impuestos apenas se han mantenido al día con la inflación, lo que dificulta que la gente gaste más incluso aunque quisiera.

Por el lado positivo, algunos economistas ven indicios de mejoría en el vapuleado mercado laboral que sugerirían un repunte en las contrataciones. De ser así, ello promovería el consumo.

La preocupación es que otros sectores, como el inmobiliario, que ejercen presión sobre la economía, podrían descarrillar fácilmente la recuperación. Una inquietud aún mayor es si las autoridades europeas podrán encontrar la forma de contener la crisis de deuda. Si la situación se sigue deteriorando, colocando a las firmas financieras europeas en riesgo de quebrar, el flujo global de crédito podría estancarse. Ello rápidamente afectaría el poder de acceder a préstamos de las empresas estadounidenses.

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