Murió Gilberto Montagna, uno de los exdueños de Terrabusi
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Una frase que ilustra la vida del empresario Gilberto Montagna, fallecido el pasado viernes a los 85 años, es aquella deslizada en los años 90, cuando la situación de la firma alimenticia que dirigía era realmente complicada. Frente a las enormes dificultades para mantener a flote a Terrabusi, les decía a sus allegados: "No doy más, quiero poner los pies en una palangana y disfrutar tranquilo después de tanto renegar con las idas y venidas de este país".
Montagna nació el 28 de enero de 1935 en la ciudad de Buenos Aires. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde obtuvo su título en el año 1964.
Su actividad empresarial principal se desarrolló en la conducción del Establecimiento Modelo Terrabusi SAIC, donde durante décadas cumplió funciones ejecutivas al más alto nivel y era parte de la familia dueña.
La firma fue fundada en 1911 cuando, provenientes de Italia, los hermanos Julio, Ambrosio y Felipe Terrabusi empezaron con el emprendimiento de Terrabusi Hnos. En 1963, la industria especializada en galletitas y bizcochos inauguró su planta principal en General Pacheco, provincia de Buenos Aires.
En 1993, cuando lideró el proceso de venta de Terrabusi a la estadounidense Nabisco, Montagna señaló: "Fui industrial mientras pude y ahora es lógico vender". Luego Nabisco sería absorbida por la multinacional Kraft.
Al tiempo fundó una sociedad agropecuaria llamada Terra Garba SA, empresa que se dedica a la genética bovina de las razas Angus y Hereford, en la que fue director.

En su larga actividad gremial empresarial formó parte de la Cámara de Industriales de Productos Alimenticios (CIPA), entre las décadas del 60 y 90, primero como secretario de la entidad y luego como vicepresidente primero.
También fue presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) entre 1979 y 1988. La Unión Industrial Argentina (UIA) también lo tendría entre sus dirigentes destacados y ocupó la presidencia de la entidad entre 1989 y 1991. En el ámbito internacional fue consejero técnico y delegado alterno ante la OIT en Ginebra.
Entre sus últimas actividades comerciales en el rubro alimenticio figura haber traído al país en 1996 la franquicia de Haagen Dasz, emblemáticos helados norteamericanos.
Amante de los caballos, su pasión lo llevó a tener un haras y criar pura sangre de carrera. Entre sus glorias más importantes figuran Berliner, El Sembrador, City West, Gentlemen y Chullo.
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