"Es irracional". Desesperación y acusaciones de un sector que teme desaparecer por la pandemia

Según la cámara que nuclea a los gimnasios, ya cerraron más de 1000 establecimientos de los 8000 que operaban en el país antes de la pandemia
Según la cámara que nuclea a los gimnasios, ya cerraron más de 1000 establecimientos de los 8000 que operaban en el país antes de la pandemia
Esteban Lafuente
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21 de septiembre de 2020  • 11:07

Con seis meses de persianas bajas, casi nula facturación, pérdida de clientes y escasas perspectivas para reabrir en el corto plazo, los gimnasios son hoy uno de los sectores más golpeados por la crisis de la pandemia. Si bien algunas provincias autorizaron el regreso de su actividad, la nueva etapa de la cuarentena en el AMBA no la habilita. En esa región se concentra el 40% de los establecimientos del país.

"La situación es pésima. Es irracional lo que está pasando", se lamenta Fernando Storchi, fundador de la cadena Megatlon y titular de la Cámara Argentina de Gimnasios. Según el ejecutivo, ya cerraron definitivamente unos 1000 establecimientos de un total de 8000 que operaban en el país antes de la pandemia.

"Estamos totalmente desilusionados con la situación. No tenemos respuestas. Sabemos que en esta nueva fase de aperturas no vamos a estar, pero ni siquiera nos dan una fecha tentativa para pensar en la reapertura", plantea Storchi.

En la Argentina, los gimnasios empleaban a 80.000 personas antes de la pandemia
En la Argentina, los gimnasios empleaban a 80.000 personas antes de la pandemia

La semana pasada, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, descartó la reapertura de la actividad de los gimnasios. "Todavía consideramos que la epidemiología de la Ciudad no está lo suficientemente descendida como para activar actividades en áreas cerradas, por eso hemos trabajado tanto en el espacio público", dijo el funcionario, que sí avaló la utilización de veredas, terrazas y patios internos para establecimientos gastronómicos.

El reclamo de los empresarios del sector es que se permita su reapertura en el AMBA, donde se concentra cerca del 40% de los gimnasios del país, aunque se quejan de que no son recibidos por las autoridades. "Armamos nuestro protocolo, que fue validado por el equipo del infectólogo Daniel Stamboulian, pero nadie nos atiende. En Capital no hay interlocutor. La Ciudad no tiene subsecretario de Deportes y la persona a cargo no entiende del tema. La excusa es el aire libre, pero en el fondo no quieren racionalizar la cuestión", se queja Storchi.

La parálisis de la actividad desde mediados de marzo, cuando se decretó la cuarentena a nivel nacional, implicó un duro golpe al negocio. Según el ejecutivo, por la crisis económica derivada de la pandemia y la imposibilidad de operar, estos negocios perdieron alrededor del 70% de los clientes, y la facturación desde entonces fue casi nula. Algunas firmas avanzaron con clases online y otro tipo de actividades virtuales, pero eso no tuvo impacto en el negocio. "Es una forma de acompañar a los clientes, pero representa cero en términos de ingresos", dice Storchi.

El impacto de la caída en el nivel de actividad afecta también al empleo. Según estimaciones del sector, son 80.000 personas que trabajan directamente en todo el sector a nivel nacional, con otros 100.000 empleos indirectos.

Si bien el cierre en el AMBA fue total, algunas provincias del interior avanzaron en reaperturas desde marzo, con protocolos de operación, sistemas de turnos y adaptación de los ambientes para mantener el distanciamiento. La semana pasada, por caso, el municipio de San Isidro habilitó su regreso con esta modalidad, que también incluye la solicitud de turnos y una ocupación máxima de hasta el 40% de su capacidad. Según los empresarios del sector, aun con esta habilitación, el ingreso de personas a los gimnasios representó alrededor del 15% de la asistencia promedio antes de la pandemia.

A su vez, Storchi plantea que la situación actual empuja a la informalidad y reconoce que, como ocurrió con las peluquerías, hay gimnasios que siguen abriendo sus puertas de forma clandestina. A su vez, dice que el estímulo a la actividad al aire libre, que aprovecharon rubros como la gastronomía, no se replicó en su sector. Mientras los restaurantes pueden facturar en esta modalidad, la actividad física al aire libre habilita el trabajo individual o las clases de los personal trainers. "Empujan al sector a la informalidad, porque el profesor informal puede trabajar, pero el formal no. Y en términos de ingresos para los gimnasios, nadie va a pagar el gimnasio por una clase al aire libre", concluye Storchi.

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