
El negocio de cuidar a los hijos de los multimillonarios
Las familias más ricas del mundo buscan empleadas que hablen varios idiomas, tengan títulos universitarios y estén dispuestas a viajar permanentemente; los salarios pueden llegar a US$200.000 anuales
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Trabaja al menos 12 horas al día, siete días a la semana, pero después tiene una semana libre. Puede ganar US$200.000 al año, lo que, calculado por hora, está a la altura del salario de un asociado de un fondo de private equity. Los salarios elevados por jornadas extensas y bajo un sistema de turnos son habituales en las plataformas petroleras, las minas y los buques portacontenedores. Cada vez lo son más en otro ámbito particularmente exigente: el cuidado de los hijos de los superricos.
Hace alrededor de una década, este tipo de trabajos muy bien remunerados era poco frecuente. “Solíamos recibir muchos comentarios del tipo: ‘No voy a pagar eso’”, cuenta Anita Rogers, fundadora de British American Household Staffing (BAHS), una agencia que busca niñeras —además de institutrices, mayordomos y cocineros— para hogares adinerados. “Ahora ocurre exactamente lo contrario”, dice. Los clientes exigen niñeras que no solo se hayan formado en las mejores academias, sino que además hablen varios idiomas, tengan títulos de universidades de elite, estén dispuestas a viajar constantemente y a trabajar jornadas muy largas. Y están dispuestos a pagar por ello.
Esto provocó un auge del servicio de niñeras de alta gama, que funciona en buena medida como una industria artesanal. Aunque algunas instituciones tienen una larga trayectoria —Norland University of Early Childhood, una prestigiosa escuela británica de formación, existe desde hace más de un siglo—, muchas de las agencias a las que recurren los padres de las clases más altas son mucho más recientes. Rogers creó BAHS en 2012; entre sus competidores están Adventure Nannies (fundada en 2007) y Morgan & Mallet (2015). Rogers asegura que ahora tiene 7000 clientes.
Las tareas básicas de una niñera de los hijos de los muy ricos son las mismas que las de los hijos de familias simplemente acomodadas: darles la mamadera, prepararles la comida, llevarlos a la plaza. Pero el entorno y las expectativas pueden hacer que el trabajo resulte casi irreconocible. Muchas veces, la niñera es apenas una integrante de un equipo de una docena de empleados, en lugar de ser la única persona contratada. Viajar con la familia también es diferente. “Quieren niñeras que tengan experiencia en yates y aviones privados”, dice Rogers. “Es algo que dan por sentado”. No todo el mundo está preparado para desenvolverse en un ambiente que puede ser “como Succession”, agrega. “Esta riqueza extrema puede ser mucho para alguien que nunca estuvo expuesto a ella”.
Las exigencias pueden ser extremas —o extremadamente insignificantes—. Una niñera recuerda que una familia ultrarrica para la que trabajó alguna vez le exigía planchar todos los días la ropa interior de su hijo. Otro padre se enfureció porque ella no buscó inmediatamente una escalera para cambiar una lamparita del techo del playroom, que estaba a 5,2 metros de altura, mientras cuidaba a sus hijos pequeños.
La estructura del trabajo también cambió con la aparición de las niñeras de turnos rotativos. Antes de la pandemia de Covid-19, los clientes más ricos de Rogers —que podían permitirse tantas horas de cuidado infantil como quisieran— solían armar una combinación de servicios: contrataban una niñera de lunes a viernes y otra para el fin de semana, y después una babysitter para alguna salida nocturna. Si los padres tenían que trabajar hasta tarde, esperaban que la niñera de la semana pudiera cubrir las horas adicionales a último momento. Ahora, dos niñeras, una trabajando y la otra de descanso, pueden cubrir todas las horas del día, todos los días del año, si se está dispuesto a pagar cientos de miles de dólares.
Esto resulta claramente más conveniente para quienes pueden pagarlo. Con niñeras separadas para los días de semana y los fines de semana, si querían que una viajara con ellos, ella podía necesitar hacer arreglos para su propia familia y cobrar por las horas adicionales y, quizás, también un viático por el viaje. Otra posibilidad era contratar una niñera diferente para el viaje, a la que los chicos no conocerían. Con niñeras de tiempo completo bajo un sistema de turnos rotativos, la interrupción es mucho menor.
También puede resultar conveniente para muchas niñeras, dice Rogers. Tienen siete días completos libres para hacer lo que quieran. Cuando los clientes buscan niñeras para los días de semana, ahora Rogers tiene menos para ofrecer. Pero el nuevo sistema también puede tener un costo. “Antes de dedicarme de lleno al cuidado infantil, si me hubieras preguntado, desde que tenía cuatro años, qué quería ser cuando fuera grande, habría dicho que quería ser ama de casa”, cuenta Lauren Lomascolo, que lleva una década trabajando como niñera para clientes adinerados. Ahora teme no encontrar nunca a alguien que la ayude a cubrir las exigencias de su trabajo. “Si me quedo en esto para siempre, no puedo tener hijos. Si dejo esto, ¿de dónde salen mis ingresos?”.
Para algunas personas, ser niñera de los superricos resulta glamoroso y entretenido. Varias series exitosas de reality TV siguieron a familias adineradas, desde los Kardashian hasta las protagonistas de Real Housewives, por todo el mundo. En junio, Hulu estrenó Million Dollar Nannies, un reality ambientado en Ibiza en el que seis mujeres y dos hombres buscaban trabajo en hogares de ricos. Una de ellas había trabajado como niñera de Kourtney Kardashian. El programa mostró más berrinches de adultos que de niños pequeños. Pero ofreció una vuelta de tuerca al escapismo habitual: la fantasía no consistía en ser uno de los ricos, sino en trabajar para ellos.


