Los gigantes tecnológicos apuestan por los anteojos para llevar la IA a la vida cotidiana
Meta, Snap, Google y Samsung compiten por desarrollar el próximo gran dispositivo tecnológico, pero las cámaras y el temor a la vigilancia generan resistencia entre los usuarios
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Hace un año, este corresponsal perdió el estuche de carga de sus anteojos inteligentes Ray-Ban Meta y, con cierto alivio, tuvo que dejar de usar la cámara, el audio y las funciones de inteligencia artificial. Siguió usándolos como anteojos de sol. Pero este verano, durante una función al aire libre de la obra Sueño de una noche de verano, el padre de uno de los jóvenes integrantes del elenco lo acusó de estar filmando el espectáculo a escondidas. Desde entonces, se ha sentido incómodo al usarlos incluso en el modo más básico.
No está solo. En los últimos meses, después de que aparecieran videos de hombres utilizando los anteojos para grabar y acosar en secreto a mujeres, algunos empezaron a referirse a los Ray-Ban Meta, vendidos por el gigante de las redes sociales de Mark Zuckerberg junto con EssilorLuxottica, fabricante franco-italiano de anteojos, como “anteojos de pervertido”. Luca Solca, de la firma de inversiones Bernstein, dijo que el fenómeno le recordaba al término “Glasshole”, con el que los tabloides calificaban en 2014 a los usuarios de los efímeros anteojos inteligentes de Google.
En respuesta, algunos desarrolladores crearon aplicaciones gratuitas como Nearby Glasses y ZuckOff, que utilizan señales de Bluetooth para ayudar a detectar estos dispositivos, aunque solo se conocen unos pocos casos de uso indebido. Quienes celebran esta reacción negativa podrían incluir a inversores de Meta y EssilorLuxottica, que esperan que el escándalo haga descarrilar lo que algunos consideran un proyecto de vanidad que erosiona los márgenes.
Eso parece poco probable. De hecho, mientras toma medidas para reparar el daño a su imagen, Meta está redoblando su apuesta por los anteojos. Lo mismo hace Snap, propietaria de Snapchat, la aplicación de video y mensajería, que este mes presentó un sofisticado modelo de realidad aumentada (RA) llamado Specs. En el otoño boreal, Google y Samsung presentarán anteojos inteligentes impulsados por el sistema operativo Android de Google. Omdia, una firma de análisis de datos, señaló que los envíos mundiales de anteojos con IA se más que duplicaron interanualmente en los seis meses hasta junio, hasta alcanzar 4,2 millones de unidades. Meta y una oleada de nuevos competidores chinos encabezaron el mercado.
Es demasiado pronto para saber cuánto afectará a las ventas la polémica de los “anteojos de pervertido”, que estalló después de junio. Meta tomó tardíamente medidas para frenar los abusos encubiertos, como desactivar la cámara cuando el usuario intenta manipular la luz LED que se enciende mientras está filmando. La compañía dijo además que eliminó contenido producido por infractores y suspendió algunas de sus cuentas en redes sociales. Personas cercanas a la empresa aseguran que los envíos de sus anteojos se duplicaron este verano respecto del verano anterior, lo que sugiere que la adopción sigue siendo fuerte.
No dan una buena imagen
Pero los incidentes tuvieron consecuencias. En su conferencia anual para desarrolladores, Meta Connect, celebrada el 23 de septiembre, la compañía presentó Ray-Ban Meta Audio, sus primeros anteojos inteligentes sin cámara. Dentro de la empresa esperan que ayuden a reducir parte de las preocupaciones relacionadas con la privacidad.

Meta también confía en que la mala imagen quede eclipsada por la incorporación de Muse, su agente personal de IA, a los anteojos. Muse tuvo una recepción tan positiva desde su lanzamiento este mes que impulsó una suba de la acción de Meta. La compañía no parece tener planes de dar marcha atrás con las cámaras: asegura que para fin de año tendrá una línea de 100 modelos de anteojos inteligentes. Sin embargo, la polémica pone de relieve hasta qué punto las empresas tienen poco garantizado mientras intentan crear los dispositivos que definan la era de la IA, del mismo modo en que el smartphone definió la era móvil.
Por ahora, lo que más llama la atención es la cantidad de alternativas. Funcionalmente, los SPECS de Snap se parecen más a una computadora portátil que a un par de anteojos. Además de lentes transparentes, cámaras y auriculares, incorporan funciones de realidad aumentada que permiten a los usuarios consultar mapas, jugar al dominó y, con un teclado, trabajar con Google Docs.
En una entrevista con The Economist, Evan Spiegel, jefe de Snap, criticó a Meta por “intentar crear anteojos espía”. Según dijo, nadie confundiría los SPECS, con sus lentes iridiscentes, con dispositivos de vigilancia encubierta. Si los consumidores estarán dispuestos a pagar por ellos es otra cuestión. Su precio inicial, de poco menos de US$2200, es más de siete veces superior al del modelo más barato de Meta. En un primer momento, es más probable que atraigan a usuarios profesionales —desde influencers hasta ingenieros que realizan trabajos de campo— que a los compradores de las tiendas tradicionales, pronostica Jitesh Ubrani, de IDC, una firma de investigación de mercado.
Mientras tanto, nuevos competidores chinos están entrando con fuerza en el mercado. Según Omdia, este año las ventas de anteojos inteligentes en China crecieron mucho más rápido que en el resto del mundo, aunque partían de una base mucho menor. La competencia también es más intensa. Mientras Meta tiene una participación del 81% del mercado mundial, en China Alibaba, Xiaomi e INMO, los tres principales fabricantes, representan en conjunto menos de la mitad de los envíos. Las empresas están probando numerosas configuraciones de hardware, señala Omdia.
También está creciendo un mercado de anteojos inteligentes de marca blanca. Qualcomm, fabricante de los chips Snapdragon que alimentan dispositivos de IA en Estados Unidos, China y otros mercados, produce pequeños módulos —incluido el software— que pueden incorporarse a los marcos de distintos tipos de anteojos. La compañía espera que los anteojos inteligentes sin marca se abran camino en sectores como la moda, la salud, la educación y la industria, explica Ziad Asghar, un ejecutivo de Qualcomm.
Asghar ve varias formas en que los anteojos inteligentes podrían conectarse con el mundo exterior. Por ahora, la opción habitual es vincularlos con un smartphone. Más adelante podrían conectarse con pequeños dispositivos de procesamiento (“pucks”) que el usuario lleve consigo o, una vez resueltos los problemas de duración de las baterías, incorporar conectividad celular propia.
Pero el mercado de dispositivos de IA no terminará en los anteojos, cree. También podría incluir lapiceras, colgantes, bolsos, anillos y muchos otros objetos. A diferencia del smartphone, “la respuesta no es un solo dispositivo”, afirma.
Incómodas o no, las cámaras seguramente seguirán siendo un componente fundamental de muchos dispositivos de IA porque agentes como Muse necesitan ver el mundo para funcionar de manera eficaz. Esta sigue siendo la era del capitalismo de vigilancia, solo que a través de una nueva lente.



