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Durante más de una década, Portugal fue una puerta de entrada accesible a Europa: beneficios fiscales amplios, trámites relativamente simples y un costo de vida más bajo que el de otras economías del oeste europeo. Ese escenario cambió con fuerza en los últimos dos años. El país conserva estabilidad institucional, seguridad y una calidad de vida valorada por miles de extranjeros —entre ellos, argentinos—, pero ya no es tan sencillo ni barato como lo era antes. En ese contexto, las fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que se requiere más planificación, adaptación y expectativas “más realistas que las que generan las redes sociales”.




