
El tamaño sí importa: nunca fue un mejor momento para ser una gran empresa
En la era de la inteligencia artificial, la escala corporativa vuelve a marcar la diferencia; las compañías líderes no solo invierten más en tecnología, sino que ganan mayor influencia política
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A pesar de su rigidez, la escala siempre ha traído enormes beneficios en el mundo de los negocios. Los costos fijos se diluyen en mayores ingresos, lo que eleva las ganancias y permite más inversión. El tamaño otorga mayor poder de negociación con proveedores y financistas. Desde principios de los 2000, las ventajas de la escala se hicieron aún más evidentes. Los activos intangibles —como el software y la propiedad intelectual— favorecieron a las empresas con capacidad para invertir en ellos. La globalización les dio a las grandes compañías más espacio para crecer y acceso a una mano de obra más amplia y barata. En Estados Unidos, la brecha de rentabilidad entre las grandes y las pequeñas empresas se amplió. Los economistas comenzaron a hablar de empresas “estrella” que dejaban atrás a su competencia.




