
Fantasías animadas de ayer y de hoy
Mientras el streaming redefine el negocio del entretenimiento, los cines volvieron a demostrar que la experiencia compartida sigue siendo un activo irremplazable; el récord de taquilla en EE.UU. invita a repensar el futuro de la industria
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Oscuridad. Luces apagadas. Silencio expectante… Salas llenas, entradas agotadas. Precios caros. La industria del cine celebró en los Estados Unidos su mejor fin de semana de recaudación en la historia: una taquilla récord que -más allá de las historias de aventuras griegas, superhéroes neoyorquinos o juguetes animados que la protagonizaron-, ponen el eje en la verdadera mitología colectiva que sostiene a esa industria tal como la conocemos: el fenómeno de asistir en esos espacios oscuros a un ritual colectivo ahora condimentado con el sabor y el ruido de pochoclos y gaseosas…
De hecho, aunque la industria del entretenimiento continúa atravesando su mayor proceso de ajuste desde la explosión del streaming —trascendieron nuevos despidos en Disney, hay grandes fusiones en marcha y el empleo en Los Ángeles cayó a su nivel más bajo en tres décadas, según publicó Reuters esta semana—, las salas de cine acaban de vivir el mayor fin de semana de taquilla de su historia combinando público adulto, joven y familiar.
Según los datos finales de la industria, el mercado norteamericano superó los US$430 millones en un solo fin de semana, impulsado por el estreno récord de Spider-Man: Brand New Day, que recaudó alrededor de US$360 millones en Estados Unidos y Canadá y rozó los US$930 millones a nivel mundial en apenas unos días. Al mismo tiempo, La Odisea, de Christopher Nolan, añadió unos US$51 millones en su tercera semana gracias, sobre todo, a las funciones IMAX agotadas; Toy Story 5 superó los US$1000 millones globales desde su estreno y junto a la nueva entrega de los Minions siguió atrayendo familias a las salas. Historias para todos los gustos.
Yuval Noah Harari destacó en su best seller Sapiens que las grandes civilizaciones se construyeron alrededor de una capacidad bastante extraña: creer colectivamente en relatos compartidos. Las religiones, las naciones, el dinero o las empresas existen porque millones de personas aceptan participar simultáneamente del mismo relato. No solo las grandes narraciones de ficción, pertenecen a esa tradición: la asistencia a las salas parece formar parte de una narrativa de comunión. Durante dos horas o más (los films son cada vez más largos), cientos de desconocidos orientan la mirada en la misma dirección, apagan el teléfono, hacen silencio (o casi) y aceptan emocionarse alrededor de unas proyecciones que suceden en una pantalla. Los aplausos ante una escena clave (el cruce entre SpiderMan y MJ) o la expectativa de las escenas post créditos probablemente sean la prueba más elocuente de ese ritual. El concepto-sigla “LATCH” para describir exitosos fenómenos culturales como el reciente Mundial de fútbol o el boom de recitales y festivales de música a nivel global, se aplica perfectamente a la comunión en la sala de cine: la experiencia sucede en vivo (Live) aunque la película se haya grabado tiempo atrás: es Auténtica (cada función es a su modo irrepetible): se vive en comunión (Together); la experiencia ha sido curada y perfeccionada (Curated) y resalta algún aspecto emocional (Human).
El récord también sorprende a nivel local: los cuatro films mencionados van camino a superar el millón de espectadores individualmente y acumulan más de 6,5 millones de entradas vendidas en conjunto.
Aun así, este récord trae otra particularidad: la diversidad de recursos narrativos que coincidieron en un fin de semana. Más allá de la coincidencia de la pareja (real) entre Zendaya y Tom Holland que participan en Spider Man y La Odisea, las cifras se explican en los precios mas caros de las entradas para salas especiales (los Imax en el caso del film de Christopher Nolan) y las tarifas mas elevadas en el verano del hemisferio Norte y las vacaciones de invierno locales. La mejora en las experiencias de sala y la tecnología de proyección de alta calidad no solo explica la suba de precios sino que parece justificada por la necesidad de profundizar el valor de esa experiencia.
La cotidianidad exacerbada en esta nueva versión de la saga del personaje de Peter Parker y su versión superhéroe en las calles de Nueva York contrasta con las aventuras de Ulises por el Mediterráneo, el gran relato histórico de identidad, hospitalidad y perseverancia de los semidioses griegos. La fantasía animista de juguetes que cobran vida de Toy Story -y qué sucede con ellos cuando no los vemos- se encamina a superar a la anterior. Las extrañas criaturas llamadas Minions completan el line-up de tramas exitosas, en su caso con la particular adaptación de su idioma miñones construido como un esperanto en un mix de lenguas reales.
Durante dos décadas la industria de debatió entre nueva Edad de Oro de la TV que orbitó alrededor de grandes series de ficción (de Sopranos a Game of Thrones) y la guerra del streaming (con Netflix, Disney y plataformas como Amazon y Apple reconvirtiendo el consumo hogareño), y hoy se reencuentra con las multitudes asistiendo en simultáneo al cine como nunca antes, probando la eficacia de las tecnologías narrativas para concentrar la atención de muchas personas ante largometrajes en tiempos de micronarrativas y consumos fragmentados. Y pese a que los márgenes del negocio lucen cada vez mas ajustados, y las profesiones creativas sienten la amenaza de la inteligencia artificial, las salas vuelven a mostrar el cartel de localidades agotadas… Como corresponde, nadie podría spoilear: no sabemos el final de esta trama. Continuará.



