
La Justicia revocó el concurso preventivo de Carsa, dueña de Musimundo, y decretó la quiebra
La decisión fue adoptada por el Juzgado Civil y Comercial N°23 de Resistencia y comunicada por la compañía a la Comisión Nacional de Valores mediante un hecho relevante
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La situación financiera de Carsa, dueña de la marca Musimundo, sumó un nuevo capítulo este miércoles luego de que la Justicia chaqueña decretara su quiebra y dejara sin efecto el concurso preventivo que había sido abierto en julio. La decisión fue adoptada por el Juzgado Civil y Comercial N°23 de Resistencia y comunicada por la compañía a la Comisión Nacional de Valores (CNV) mediante un hecho relevante.
Según informó la empresa, el juez Fernando Luis Lavenas resolvió revocar la apertura del concurso preventivo del 17 de julio pasado y declarar la quiebra de la sociedad, cuyas actuaciones pasarán a tramitar bajo la carátula “CARSA S.A. s/ Quiebra”. La resolución fue dictada en el expediente que analizaba la situación económica de la compañía, con sede en la provincia del Chaco.
En los fundamentos del fallo, el magistrado consideró acreditados hechos que revelan un estado de cesación de pagos y concluyó que la continuidad del concurso preventivo resultaba inviable.
La evaluación judicial se produjo después de que la sindicatura analizara un plan de reducción de estructura presentado por la empresa, en un contexto marcado por el cierre de sucursales y el fracaso de una operación que contemplaba la transferencia de 45 locales comerciales.
Pese al cambio de situación procesal, el tribunal mantuvo el cronograma previsto para la verificación de créditos y la presentación de los informes correspondientes. Los acreedores podrán presentar sus solicitudes hasta el 6 de noviembre de 2026, mientras que el informe individual de la sindicatura deberá entregarse el 30 de marzo de 2027 y el informe general el 25 de junio de ese año.
Situación previa
Musimundo se había sumado a la lista de empresas de retail enfocadas en artículos para el hogar y tecnología que solicitaron concurso. Carsa, una de las firmas propietarias de la cadena, había solicitado formalmente el inicio de su concurso preventivo de acreedores el 7 de julio. Había sido radicado ante el Juzgado Civil y Comercial Nº 23 de la ciudad de Resistencia, en Chaco, a cargo de Lavenas, que fue quien se expidió hoy.
La decisión de acudir a la justicia para renegociar sus pasivos había sido avalada de forma unánime por los accionistas de la firma en una asamblea celebrada el pasado 30 de junio. Según consta en la síntesis de dicha reunión, presidida por José María Franchino, la totalidad del capital presente ratificó la medida bajo los términos de la Ley de Concursos y Quiebras.
En un comunicado presentado ante la CNV, desde Carsa habían explicado que el concurso preventivo era considerado la “herramienta legal adecuada y conveniente” para hacer frente a la actual situación patrimonial y financiera. El plan de Carsa apuntaba a cuatro objetivos centrales: preservar la continuidad de la explotación comercial; resguardar las fuentes de trabajo; mantener el valor de los activos de la sociedad; y posibilitar una reestructuración ordenada del pasivo para atender los compromisos asumidos. Sin embargo, hoy fue rechazado.

La historia
Carsa es una empresa nacida en Resistencia, Chaco, que en los 80 se asoció con otros dos jugadores del interior, Bazar Avenida (con base en Rafaela, Santa Fe) y Electrónica Megatone (ciudad de Santa Fe), para crear la red Megatone. El objetivo de la alianza era realizar compras conjuntas y compartir la estructura de gastos de marketing, de manera de competir en mejores condiciones con empresas como Garbarino y Frávega que habían iniciado un proceso de expansión nacional desde Buenos Aires.
Inicialmente, cada socio tenía un área de exclusividad y juntos llegaron con la marca Megatone a la camiseta de Boca. El acuerdo funcionó relativamente bien hasta que en 2008, la firma Bazar Avenida se presentó en concurso de acreedores. Los otros dos socios estuvieron a punto de quedarse con el negocio de la firma rafaelina, pero finalmente decidieron probar suerte con una nueva marca.
En ese momento, concretaron la compra de Musimundo, un nombre que se había hecho muy fuerte en la década del ‘90 de la mano del boom de los CDs en la Argentina y que incluso había logrado derrotar a la poderosa Tower Records.
En manos de Carsa y Electrónica Megatone —que pagaron apenas US$15 millones por la marca—, Musimundo empezó un proceso de recuperación, mientras que la marca Megatone siguió perteneciendo a los tres socios originales. No obstante, en los hechos, solo Bazar Avenida mantuvo el nombre al frente de sus locales, mientras que Carsa y Electrónica Megatone rebautizaron a todas sus sucursales como Musimundo.
Este esquema se terminó rompiendo cuando hace dos años, el socio más grande, Electrónica Megatone, decidió cambiar de marca y de un día para el otro sus más de 200 locales abandonaron el nombre de Musimundo y fueron rebautizados como On City.
La marca Musimundo solo quedó para las 70 sucursales que conservaba a fines de 2024 Carsa, repartidas principalmente en el norte del país.
Musimundo: cronología de la crisis
Esta no es la primera vez que la marca Musimundo queda envuelta en un concurso preventivo. En 2018, Carsa solicitó la protección judicial. Desde la compañía explicaron que la decisión formaba parte de un proceso de reestructuración financiera, luego de haber agotado todas las alternativas para evitar esa instancia.
En un comunicado, atribuyeron la crisis a la combinación de factores macroeconómicos, microeconómicos y, especialmente, financieros. Y sostuvieron que el objetivo del concurso era preservar la continuidad de las operaciones y proteger los más de 2000 puestos de trabajo.
Previamente, en plena recesión económica de 2001 y en manos del fondo de inversión The Exxel Group, Musimundo solicitó la apertura de concurso preventivo de acreedores para renegociar una deuda de US$206 millones. En ese entonces, la compañía atribuyó su crisis a la combinación de tres años de recesión, el desplome del consumo, el avance de la piratería de discos y una estrategia de expansión que terminó resultando excesiva.
El pasivo incluía US$113 millones con bancos y US$83 millones con proveedores, principalmente discográficas, que habían dejado de entregar mercadería luego del rechazo de cheques. Frente a ello, desde la empresa habían anunciado un plan de ajuste que contemplaba reducir la red de locales y continuar operando mientras negociaba con sus acreedores durante el concurso preventivo.
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