
Consumo privado: se agotan los motores que impulsaron la recuperación
La desaceleración de la demanda golpea especialmente a supermercados, shoppings y fabricantes de bienes durables, en un contexto de menor crédito, ingresos debilitados y mayor peso de las importaciones
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Después del rebote que siguió a la salida de la recesión de 2024, el consumo privado empieza a mostrar señales de agotamiento. Los factores que impulsaron la recuperación —la demanda reprimida, el crédito y el abaratamiento relativo de algunos bienes— comienzan a perder fuerza, mientras que todavía no aparecen nuevos motores capaces de sostener el crecimiento.
Esa es la principal conclusión de un informe elaborado por la consultora MAP, que advierte que el consumo privado —que comprende todo el gasto de los hogares en bienes y servicios, desde alimentos, indumentaria y combustibles hasta autos, electrodomésticos, turismo, salud, educación y entretenimiento— continúa creciendo, pero a un ritmo cada vez menor y con fuertes diferencias entre sectores.
Durante el primer trimestre de 2026, el consumo privado avanzó apenas 0,8% respecto del trimestre anterior, consolidando una desaceleración frente al fuerte rebote observado tras los mínimos de fines de 2023. Si bien el nivel agregado del consumo ya supera el máximo previo de 2018, esa mejora no logra trasladarse a la percepción cotidiana de los consumidores.
El comportamiento, además, es muy dispar según el rubro. Mientras las motos siguen mostrando un fuerte dinamismo, los autos pierden velocidad, el mercado inmobiliario dejó atrás el boom de 2025 y las ventas de electrónica y electrodomésticos volvieron a retroceder. El consumo masivo continúa siendo el gran perdedor: las ventas caen en supermercados, mayoristas, shoppings y comercios relevados por CAME, incluso en comparación con los niveles de 2023.

Para MAP, parte de esta aparente contradicción entre un consumo agregado elevado y una sensación de menor actividad se explica por la apertura de la economía. La eliminación del impuesto PAIS, la reducción de restricciones a las importaciones y un tipo de cambio apreciado hicieron que una porción creciente del gasto de los hogares se canalice hacia bienes y servicios producidos en el exterior. Las importaciones de bienes de consumo crecieron 34,7% frente a 2023, mientras que las compras vía courier prácticamente se triplicaron y las importaciones de automóviles aumentaron más de 150 por ciento.
El problema, sin embargo, va más allá del comercio exterior. Según el informe, los principales motores que habían sostenido la recuperación comienzan a apagarse.
El empleo registrado continúa por debajo de los niveles de noviembre de 2023, los salarios reales todavía no recuperan el terreno perdido y la recomposición de tarifas redujo el ingreso disponible de los hogares. A esto se suma que la demanda reprimida que impulsó muchas compras durante la recuperación ya fue absorbida.

Otro factor clave es el crédito. Después de haber sido uno de los principales impulsores del consumo de bienes durables, el financiamiento comenzó a frenarse. Los préstamos al consumo acumulan seis meses consecutivos de caída en términos reales y retroceden 8,2% en lo que va del año. Al mismo tiempo, aumenta la morosidad: la cartera irregular de las familias alcanzó el 7,7% en los bancos, el nivel más alto de la serie, y llega al 29,6% en las billeteras virtuales.
Impacto nacional
El deterioro tampoco es homogéneo desde el punto de vista geográfico. Ninguna provincia logra exhibir un desempeño positivo en todos los segmentos del consumo. Algunas muestran dinamismo en motos o combustibles, mientras otras sobresalen en determinados rubros pero retroceden con fuerza en supermercados o patentamientos de autos.
De cara a los próximos meses, el diagnóstico de MAP es prudente. La consultora advierte que si no aparecen nuevos factores capaces de acelerar la demanda y que, sin una recuperación más clara del empleo, los salarios y el crédito, el escenario más probable es el de un crecimiento débil del consumo. Además, la cercanía del ciclo electoral de 2027 podría agregar un nuevo factor de incertidumbre para las decisiones de gasto e inversión de los hogares.
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