Optimismo, al menos en el corto plazo

La lupa estará sobre el respaldo legislativo
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11 de mayo de 2003  

MADRID.- La Argentina del nuevo gobierno vivirá dos años de bonanza, al menos en comparación con lo que acaba de sufrir. Entre 2003 y 2004 su producto bruto interno crecerá entre un 3 y un 4%, la inflación descenderá al 8% si no se aumentan las tarifas y el superávit primario (antes del pago de los intereses de la deuda) ascenderá a un modesto 2,3 por ciento.

Es el pronóstico de economistas, empresarios y hasta políticos españoles. Admiten también que tanto la inesperada mejora de los indicadores argentinos como la reaparición en cartel de Carlos Menem los dejaron con la boca abierta.

Pero lejos de lo que podría creerse a primera vista, los españoles no son optimistas con respecto a la Argentina del mediano y largo plazo. Creen que las elecciones del 18 del actual aportarán legitimidad a la figura del presidente, pero enfatizan que la tímida mejora económica no se extenderá hasta más allá de 2004. A partir de ese momento, los números que habían crecido gracias a la devaluación y a la aparición de impuestos nuevos, como las retenciones, se estancarán. Y sólo se moverán si el próximo presidente realiza dos complejas cirugías mayores: la reforma del régimen tributario y el ajuste del déficit público.

Mientras suspiraban por sus inversiones pulverizadas con devaluaciones y tarifas congeladas, los analistas coincidieron en dos temores: primero, que Néstor Kirchner, a quien ya aceptan por aquí como ganador, insista en políticas económicas que consideran "populistas" e incluso "clientelistas". La figura de Roberto Lavagna apenas los tranquiliza. En segundo lugar, que el candidato del oficialismo deba gobernar, si llega a la Casa Rosada, con un Congreso opositor.

¿Soluciones? Para completar el panorama, no ven demasiadas. Primero, porque consideran que si bien Menem tranquilizaría más que Kirchner a los mercados, los estómagos de los hombres de negocios ya no digieren la falta de transparencia. Segundo, porque el nombre que acarician aquí empresarios e intelectuales como símbolo de ortodoxia y de ética quedó fuera de la primera vuelta: Ricardo López Murphy.

Ahora se esperan básicamente dos cosas de la Argentina: que los argentinos cambien la autocompasión por la confianza en sí mismos y que, de una vez, empiecen a respetar las reglas del juego. Del juego internacional, claro.

  • Lucas Vigier, responsable para América latina de Analistas Financieros Internacionales (AFI): "Tuvimos que revisar nuestras proyecciones porque la recuperación argentina es más rápida de lo previsto. Somos optimistas para los próximos dos años, 2003 y 2004, pese a la ausencia notable de las necesarias reformas estructurales, como la del sistema tributario. El crecimiento del PBI será del 4,6% este año y del 4,8% el año próximo. López Murphy era el favorito de los inversores".
  • Juan José Toribio, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Chicago, director ejecutivo del FMI entre 1996 y 1998 y director del IESE, escuela de negocios de la Universidad de Navarra: "Estoy sorprendido por las mejoras, que admite el propio FMI. Habrá una continuidad en esa mejoría, con un crecimiento del PBI del 3 o 4 % para 2004. La inflación, en cambio, trepará al 40% ese mismo año, por la imprescindible liberalización de las tarifas de los servicios públicos. Si se pretende la sostenibilidad del crecimiento en el mediano y largo plazo va a ser crucial que el próximo presidente mejore la recaudación y combata la evasión. Faltan tres tareas que el Fondo considera fundamentales para que la Argentina salga del pozo. ¿López Murphy?, una lástima".
  • Gregorio Izquierdo, director de Análisis Económico del Instituto español de Estudios Económicos: "Soluciones milagrosas para la Argentina no hay. De nada sirve culpar de la crisis a las empresas españolas o al Fondo, que a mi entender ayudaron. Al postergarse los ajustes que debían hacerse en el esplendor de los años 90, éstos se hicieron más duros. Ayudará la mejoría de Brasil, que parece instrumentar una política económica más sensata que en el pasado. Un gobierno peronista tendrá la ventaja de contar con más aceptación social para hacer el ajuste".
  • Juan Velarde Fuertes, profesor emérito de la Universidad Complutense especializado en la Argentina, funcionario español desde 1951, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1992) y premio Rey Jaime I de Economía (1996): "Esto de hacer de profeta siempre es peligroso, pero confieso que soy pesimista. A mi entender va a ganar Kirchner, y no es algo que me provoque alegría, porque tiene un programa viejo, en el peor sentido de la palabra. Aunque las elecciones le otorgarán legitimidad, se basa en recetas keynesianas que se abandonaron en la OCDE en 1977 y que no respetan las reglas económicas del mundo actual. Va a ser un triunfador atado de pies y manos, con el FMI que pide cosas que van directamente en contra de su programa y una coyuntura mundial no tan buena. Creo que perderá en las elecciones legislativas, y su ministro Lavagna va a jugar con cartas muy malas. Menem, si ganase, tiene un problema serio, y es que está encasillado en el éxito grande que tuvo cuando llamó a Cavallo y cree que puede repetir".
  • Jorge Moragas, secretario de Relaciones Internacionales del oficialista Partido Popular (PP): "El esfuerzo que ha hecho la Argentina en los últimos meses ha estabilizado los indicadores y generado confianza. La raíz del problema es que los argentinos no confían en sí mismos y no invierten su dinero en su país. La Argentina necesita reformas económicas y la toma de conciencia de cuáles son los activos del país para desarrollarlos, junto con un esfuerzo del capital humano del país y de sus dirigentes políticos. Se requiere un liderazgo político claro. El anuncio del gabinete de Menem puede ser un dato positivo, de renovación. Si quiere ganar, Menem debe buscar el cuerpo a cuerpo con Kirchner, que confía en el voto rechazo y elude el debate. Pero el mundo espera a un presidente fuerte en la Argentina, y un presidente que elude el debate no da una imagen positiva. El PP evalúa positivamente la llegada de López Murphy y de Recrear, pero ahora parece que Recrear no dará sus votos a Menem".
  • Luis Yáñez, Partido Socialista Español (PSOE). Diputado nacional por Sevilla, ex secretario de Estado de Cooperación Internacional (1985-1991) y actual responsable para América latina de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados: "El PSOE cree que las elecciones otorgarán legitimidad al nuevo presidente, lo que permitirá consolidar las instituciones políticas, judiciales y de control. Pero hay elementos de escepticismo, como volver a caras como la de Menem. El socialismo español está sorprendido, porque por lo general en las grandes crisis de las naciones surge un nuevo movimiento. Pero en la Argentina existe un clientelismo muy asentado que no permite la aparición de nuevas figuras".
  • Francisco Cabrillo, economista y catedrático de la Universidad Complutense: "En la Argentina se produjo un fenómeno muy típico, el overshooting, en el que los mercados pronosticaron el desastre total y generaron una mentalidad depresiva. Es cierto que la pasaron muy mal, pero tampoco están todos muriéndose de hambre. Es bueno que el peso haya aguantado tan bien, porque se había roto la convertibilidad y, por ende, la confianza en el tipo de cambio. Mi temor con el peronismo es que, por falta de opciones, se transforme en un PRI mexicano".
  • Jerónimo Maillo, Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de San Pablo-CEU: "Desafortunadamente, América latina no es una prioridad para la Unión Europea, que centra su interés en los países de Europa del Este, mucho más cercanos geográficamente, Rusia y Estados Unidos".
  • Francisco González Rodríguez, presidente del banco BBVA (Banco Francés): "El Banco Francés ha preservado en la crisis su capacidad de gestión y está preparado para un nuevo entorno. Hemos aprendido a jugar en campo embarrado y creemos que lo peor ha pasado".
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