
Plantas exóticas y costosas, sólo para exquisitos
Al igual que los vinos, mejoran con el paso del tiempo; cactus, azaleas y bonsáis se venden en valores que superan los $ 10.000
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Si bien el mercado de plantas y flores exóticas es casi inexistente en el país, y las variedades que un vivero o una florería generalmente suelen ofrecer no cumplen con las expectativas de aquellos que buscan especies diferentes y exclusivas, aún no hay que perder las esperanzas. Existe un nicho de viveros dirigidos por aficionados coleccionistas de plantas exóticas que presentan una oferta distinta.
El precio varía según los años. Así como los vinos, cuánto más vieja la planta, más cara y preciada. También hay que considerar su procedencia, pero los valores son relativos y, en muchos casos, son resultados de una ardua negociación.
La oferta puede comenzar con una Dracaena draco, una especie típica del clima subtropical. Es una planta de lento crecimiento cuyas raíces van sumándose unas sobre otras formando el tronco que se torna cada vez más rugoso con el tiempo. Un drago traído de Tenerife, Islas Canarias, de un metro de altura y 45 años de edad puede costar alrededor de $ 25.000.

Traídas de Sudáfrica, las flores proteas también se vuelven una especie cotizada en el mercado argentino, no sólo por su rareza, sino también porque una de ellas puede durar hasta tres meses en un florero. Aunque no es un detalle menor que una vez que florece hay que esperar unos cinco o seis años hasta su próxima flor. Esta planta no sólo tarda mucho en crecer y florecer, sino que también requiere mucho cuidado y conocimiento para asegurar su supervivencia. ¿Su precio? $ 10.000.
Una especie que une a muchos coleccionistas en el país es el cactus. Uno de los más exóticos es el Echinocactus, también conocido como "asiento de suegra", que tiene forma como de barril, espinas amarillas y lana en su parte superior. Su estética es tan llamativa y apreciada que en México está en peligro de extinción en estado salvaje. Una planta grande en tamaño -puede llegar a superar el metro- y adulta cuesta unos $ 5000. La única forma de reproducirla es tomando la semilla que da su flor, que tarda 40 años en aparecer.
Si bien la azalea es un arbusto, en el Vivero Kaki de Berazategui, su dueña desde hace 45 años, Enriqueta Caporale, le da forma de arbolito. Así, se puede conseguir un pie de 1,20 metros de largo con una copa de la flor. Una planta de este tipo, que lleva un gran trabajo artesanal, de 40 años de edad, vale $ 10.000.

Caporale también tiene una planta de Pachypodium de 1,2 metros de altura y 35 años de edad. Esta especie es nativa de África, aunque la viverista la trajo de Arizona, Estado Unidos. "La Pachypodium tiene una gran floración. Su flor permanece abierta durante seis meses", afirma Caporale, quien todavía está esperando que su planta florezca por primera vez para conocer su flor. Hace varios años que cree que florecerá. Quizás este año tenga razón. Esa planta no tiene precio. Ya le ofrecieron $ 50.000 y se negó.
Los bonsáis, que durante siglos estuvieron al cuidado de nobles y personas de la alta sociedad, hoy cobran mayor protagonismo en el país de la mano del arte que imparte como tradición. Sin embargo, el mercado nacional aún permanece casi inexistente, sobre todo si se compara con el de Japón o el de Europa.
El bonsái más caro del mundo se vendió a más de un millón de dólares en Japón, mientras que en el país, el taiwanés Wu Hsiao Feng, dueño del vivero Wu, especializado en bonsáis, afirma que el más caro del país no tiene precio, porque no encuentra un ofertante dispuesto a pagar su valor.
"En el mundo un bonsái cuesta más de un millón de dólares, y en la Argentina todos creen que están locos quienes manejan esas cifras. En Europa es común que una planta cueste 30.000 euros y acá en mi vivero yo comercializo por $ 5000 y suelo vender uno o dos al año", explica Wu, quien elige no vender aquellos bonsáis que superen ese precio porque prefiere guardarlos para su colección y no desestimar su verdadero valor.
Si bien en el mercado de viveros el bonsái más caro puede estar alrededor de $ 12.000, se pueden encontrar de mayor valor si se acude a los coleccionistas y a aquellos que están inmersos en el arte del bonsái. En ese caso, el precio de un bonsái en el país puede llegar a superar los 30.000 pesos. "El bonsái es un arte vivo y depende mucho del artista que lo hizo y de la calidad del trabajo", explica Alejandro Sartorio, presidente del Centro Cultural Argentino de Bonsái y director de Bonsái del Jardín Japonés.







