Prestar y mirar a quién: el desafío de un modelo financiero con la mira en la inclusión social
Con la meta de llevar recursos de ahorristas a proyectos con impacto en la sociedad, organizaciones civiles exploran alternativas
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Promover que se actúe de manera consciente al decidir qué hacer con el ahorro personal y, a la vez, ofrecer los medios para que llegue dinero a proyectos productivos con efectos sociales y ambientales positivos son las premisas del sector de la banca ética (conocido también en Europa, entre otros nombres, como banca basada en valores, social o sustentable). Los países en los que hoy tiene mayor participación de ahorristas son Holanda, Dinamarca y Suiza. Joan Melé, subdirector en Barcelona del banco de origen holandés Triodos, explicó meses atrás, en una entrevista con la nacion, que los principios rectores de la entidad son prestar a empresas que aporten valor a la sociedad según criterios predeterminados, y transparentar siempre las operaciones frente a los ahorristas y la ciudadanía.
Una Exploración local
Con la idea de analizar qué condiciones existen en la Argentina para desarrollar un sector de intermediación financiera con esos rasgos, un grupo de ONG conformó Profaess (Promoción de Finanzas Alternativas para la Economía Social y Solidaria). Uno de los primeros pasos fue encarar una investigación de campo para relevar las experiencias y determinar la potencialidad de este tipo de finanzas, que conceptualmente se ubican entre los microcréditos (generalmente basados en fondos donados y no en inversiones de ahorristas) y la banca tradicional, a la que gran parte de la población no accede por su condición de vulnerable. Se rescataron allí algunos fideicomisos cerrados, que en los últimos años lograron reunir recursos y sirvieron para impulsar emprendimientos con impacto. Pero no hubo gran volumen.
Trabas por sortear
"Las principales dificultades [para el desarrollo de las finanzas alternativas] están en lo normativo", dice Magdalena Frigerio, una de las fundadoras de Profaess y consultora con más de dos décadas de experiencia en microfinanzas. Según ella considera, una banca ética como la europea es imposible -al menos en el escenario actual-, en principio por el volumen de fondos que requeriría (más allá de esa restricción, otro aspecto es que este año, una regulación para prevenir el lavado de dinero limitó en la práctica los préstamos a informales -que son parte de una línea de trabajo que algunos bancos comerciales adoptaron-; fuentes del sector, de todas formas, creen que eso se corregirá).
Si no es un banco, ¿qué figura jurídica podría adoptarse? "No existe una figura que en la totalidad de sus aspectos sea más adecuada que las demás", advierte Carolina Gherghi, del estudio jurídico Béccar Varela, que le aportó a Profaess un análisis del tema. La recomendación fue optar por un fideicomiso cerrado, sin perder de vista que en el futuro se podría ir a uno con oferta pública.
Con ayuda de la web
En unos días más y con dinero de las entidades que lo integran, el Profaess lanzará un fondo para créditos, a manera de prueba piloto, dirigido a instituciones de Rosario. "Los recursos provienen de honorarios cedidos; la Fundación Síntesis hará la administración y el software lo aporta Bondarea", describe Frigerio. "Nuestra participación tiene que ver con facilitar conexiones entre quienes piden el dinero y quienes quieren prestarlo", dice Juan Viglione, de Bondarea, una plataforma online dedicada a ser un puente para esos encuentros. Para este proyecto en particular que tiene la mirada puesta en lo social, se creó un grupo cerrado que se llama Confiando. Pero antes, desde la plataforma ya se conectó a ahorristas con organizaciones sociales y se concretaron microcréditos por $ 300.000. Los préstamos de Confiando tendrán un costo de alrededor de 40% anual y no prevén garantías reales, pero sí mucha evaluación y seguimiento. "El proyecto por financiar tendrá que tener al menos dos años en funcionamiento y sus decisiones deben estar orientadas al bienestar de las personas", dice Frigerio. Destinatarios podrían ser, por ejemplo, grupos de productores o comercializadores.
Desafíos en varios lados
Además de pensar en mecanismos acertados, para un desarrollo de las finanzas con impacto social hace falta una situación macroeconómica estable, "sin inflación y sin trabas para ingresar y mover fondos en el país", define Julián Costábile, de la Fundación Dinero Social y promotor, años atrás, de un fideicomiso social. Agrega que deben darse condiciones más adecuadas en ambos lados de la posible relación: por una parte debería apoyarse más a los proyectos para que lleguen a una madurez tal que les sea viable endeudarse; por la otra se debería contar con inversores "que entiendan el mix entre riesgo, rentabilidad e impacto".
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