Qué proyectan las empresas para 2020 a la hora de definir sus presupuestos

Carlos Manzoni
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3 de noviembre de 2019  

El año que viene los sueldos de los trabajadores que están fuera de convenio aumentarán 37%, el incremento salarial que pedirán los sindicatos sería de 40%, el costo de vida se incrementará 38% y el dólar cotizará a $75. No es la opinión de un economista ni el vaticinio de un gurú de la economía argentina: es la proyección promedio que hacen los empresarios por estos días, según un trabajo de SEL Consultores, justo en el momento en que arman sus presupuestos para 2020.

Dentro de estas previsiones, hay dos ítems en los que pesa más fuerte la incertidumbre reinante: uno de ellos es la inversión y el otro es el empleo. Respecto de la primera, un relevamiento de la firma Vistage muestra que 29% de los empresarios consultados cree que disminuirá, 53% que se mantendrá y solo 18% que aumentará. En relación con el empleo, sobresale otro dato de la encuesta de SEL Consultores (en la que participaron 130 empresas líderes), que se hizo antes de las elecciones del domingo pasado y que muestra que 40% de los hombres y las mujeres de negocios participantes responde "no sé" a la pregunta sobre cuándo se reactivará la generación de puestos.

María Laura Cali, directora ejecutiva de SEL Consultores, que elaboró el estudio Proyecciones 2020, hace hincapié en un dato interesante a la hora de vislumbrar lo que podría suceder con el empleo el año próximo: "El 55% de las empresas grandes tienen vacantes sin cubrir hoy y eso está focalizado en perfiles de analistas y técnicos; es decir, la mitad de la pirámide. Hay un espacio de oportunidad muy importante, si la economía se reactiva, porque los puestos vacantes están".

Claro que, tal como advierte la economista Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora Eco Go, cualquier variable que se analice con vistas al año que viene va a depender del programa de gobierno con que arranque Alberto Fernández, que asumirá la presidencia de la Nación el 10 de diciembre. "Se partirá de una base de 12% de desempleo y, mientras no se estabilice la actual dinámica financiera, será muy difícil aplicar medidas expansivas o pensar que pueda haber un shock de inversión", afirma.

Para Dal Poggetto, hoy todas las empresas están a la defensiva, viendo cómo se cuidan, para que no les roben los stocks. "Los escenarios económicos que se barajan son muy negativos, porque no se tiene en claro cuál será el juego de las políticas que vienen", agrega la economista.

Nuevamente, los empresarios esperarán señales positivas dadas por un nuevo plan económico. Jorge Luis Di Fiori, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), dice que la creación de puestos de trabajo estará atada a la recuperación del nivel de actividad. "Cuando el empresario perciba que su negocio crece y que esa expansión se mantendrá en el tiempo, decidirá aumentar su plantilla de personal para cubrir las mayores necesidades", comenta el directivo.

El panorama en este aspecto no es el mejor. Gabriel Vienni, director de Departamentos Técnicos en la Unión Industrial Argentina (UIA) señala que entre agosto de 2018 y agosto de 2019 se perdieron 140.000 puestos de trabajo asalariados blanco, según la estadística oficial de la Secretaría de Trabajo (solo en la industria fueron 56.700). "No hay ningún sector que prevea una solución rápida a este problema, pero lo que se espera es que esto sea un piso", comenta.

Si bien el tema del empleo es sensible, no lo es menos la cuestión del poder adquisitivo de los trabajadores. En el promedio recogido por SEL Consultores, las recomposiciones salariales estimadas van acorde con el incremento del costo de vida proyectado pero, con el correr del año, el aumento de la inflación suele ser mucho mayor que el de los salarios.

Este desfase se produce porque las empresas estiman que el ajuste que dicen que darán está alineado a la expectativa de inflación al principio del año, pero después, cuando el incremento general de los precios termina siendo mayor, la recomposición no llega a equiparar ese índice. "Siempre hay un gap entre inflación y salarios. Esto está asociado al resultado del negocio de la empresa, pero también a la logística de las autorizaciones, porque las casas matrices les dan el visto bueno a principio de año y después cuesta mucho volver a hablar con ellas para que autoricen el plus", explica Cali.

Del relevamiento de expectativas mencionado se desprende, además, que en el caso de los asalariados que están fuera de convenio el 37% de aumento se dividirá en dos etapas: 22% en el primer semestre y 15% en el segundo. En tanto, para el caso de personal alcanzado por convenios, 70% de las compañías consultadas (todas líderes de mercado) cree que se incorporará una "cláusula gatillo" (mecanismo por el cual, en caso de haber una inflación mayor a la acordada, se "dispara" automáticamente un aumento también acordado).

Vienni analiza que, más allá de que el año empezará con las nuevas paritarias por sector, lo importante será distinguir lo nominal del salario real. "Para eso, hay que ver si se tranquilizan el dólar y la inflación. Sobre la base de una macroeconomía más ordenada, el diálogo entre sectores va a permitir llegar a un acuerdo de precios y salarios, que de a poco va a recomponer los ingresos", opina.

En tanto, la suba del costo de vida estimada por las firmas para 2020 es de 38%; pero esa es una cifra bastante optimista, si se tiene en cuenta que este año cerrará con una inflación cercana al 60%. De todos modos, la estimación del empresariado en la encuesta de SEL coincide con el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central (REM).

Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de OJF & Asociados, tiene una explicación para este optimismo empresario sobre la inflación. "Creo que, teniendo en cuenta que no habrá shoks devaluatorios ni impactos externos, las empresas calculan una inflación parecida a la que habría habido este año si no se hubiera producido la devaluación. Además, hay que tener en cuenta que las empresas, cuando tiran un número en estas encuestas, lo hacen pensando en que pronto tendrán paritarias", añade el economista.

A la espera de la inversión

Una variable que resulta difícil de proyectar es la inversión. Según el Índice de Confianza Vistage, que recoge las respuestas de 427 empresarios, CEO, gerentes generales y dueños de empresas, 53% estima que la inversión en activos fijos de su empresa se mantendrá igual, 29% dice que disminuirá y 18% opina que aumentará. "El porcentaje de los que dicen que no invertirán es alto, comparado con mediciones anteriores", subraya Alejo Canton, presidente de Vistage Argentina.

Según remarca el directivo de Vistage, el Índice de Confianza sufrió en su última versión una de las peores caídas de los últimos cinco años. "Un indicador importante de este trabajo es la perspectiva de inversión en activos fijos, por lo que el hecho de que solo 18% de los encuestados diga que piensa aumentar la inversión en los próximos 12 meses es una clara señal de la desconfianza que reina en el empresariado", concluye Canton.

¿Qué se espera, entonces? "Lo que escucho entre el empresariado es que se espera una economía más cerrada, una reactivación inicial del consumo, caída de la inversión, reducción de la importación, aumento de la industria argentina, una probable ayuda a las pymes en detrimento de las multinacionales o grandes empresas, un fuerte aumento del turismo y cero avance en reformas, como la laboral, la tributaria o la previsional", responde Canton.

Vienni explica que la inversión nunca se da en el vacío, porque se invierte para vender. "En los últimos ocho años la inversión industrial per cápita cayó 19%, algo que seguirá cayendo este año y el siguiente. Para revertir esto se tiene que recomponer el nivel de ingresos, reactivar la actividad y tener un apoyo del sector financiero", sugiere.

Por otra parte, José María Segura, economista jefe de PwC Argentina, analiza que, dado que la utilización de la capacidad instalada actualmente es de 60,5%, nada haría pensar que en el corto plazo pueda haber inversiones para aumentar esa capacidad instalada, al menos en aquellos sectores volcados al consumo interno. "Acá no va a haber inversión de ampliación. Sí puede llegar a haber desembolso para capital de trabajo (materia prima, stock de bienes terminados y créditos por ventas), pero para eso se va a depender mucho del financiamiento disponible", indica.

Di Fiori afirma que la acción de invertir es una apuesta a futuro que depende de las expectativas que tenga el empresario y de las condiciones más o menos atractivas que se generen en la economía a partir de las políticas públicas implementadas por el nuevo gobierno. "En ese sentido, urge establecer un sendero de reducción del denominado costo argentino, siendo fundamental la baja de la carga tributaria, aunque no pueda esto materializarse de inmediato debido a las necesidades fiscales", agrega el directivo.

Por supuesto que si se pone la lupa sobre los distintos sectores, se puede ver que las realidades de las empresas son diferentes. "Hay sectores, como el de energía, donde puede haber un programa especial del nuevo gobierno para fomentar la inversión. Ahí no solo es la inversión en extracción, sino en la creación de infraestructura que permita trasladar la producción a los puntos de consumo y los puertos de exportación", señala Segura.

Otro sector que típicamente ha recibido inversiones, pero en 2020 va a depender de la estructura financiera del gasto público que se establezca hacia adelante, es el agropecuario. "Es un sector que ha mostrado dinamismo y con el actual tipo de cambio debería ser competitivo, pero hay que ver cómo queda su ecuación luego de establecido el plan del nuevo gobierno y cómo se repartirán las cargas tributarias", dice Segura.

Un rubro bastante particular es el de la construcción: por un lado, es el sector al que destinan sus ahorros los sectores generadores de ingresos; por otro lado, el costo de la construcción en dólares está competitivo. Sin embargo, los analistas no ven una recuperación inmediata, sino más bien para fines de 2020.

¿Y por el lado de la industria automotriz? "Al igual que otras exportaciones industriales, las de este sector son muy sensibles a la relación con Brasil, por eso van a depender mucho del desempeño de esa economía y del mantenimiento de los acuerdos bilaterales vigentes. Para Brasil no se espera un rebote significativo en el mediano plazo, por lo que no vemos una gran tracción de demanda. Habrá que ver si se concretan acuerdos con nuevos mercados, pero hoy eso no se sabe", responde Segura.

Sectores que sobresalen

Vienni opina que hay dos sectores que se salen de la media: el energético, con Vaca Muerta, y el de economía del conocimiento (software, biotecnología, etcétera). "Respecto del primero, ya viene con buena dinámica y hubo inversiones muy grandes ahí. Pero con el actual riesgo país, podría desacelerarse. En lo que tiene que ver con el segundo rubro, el optimismo se basa en que tuvo una ley nueva (con muchas desgravaciones fiscales e incentivos) y viene creciendo mucho (ya es el tercer complejo exportador del país)", describe.

En este escenario, algunos analistas sugieren que entre las perjudicadas estarán las empresas volcadas al mercado interno, mientras que en el grupo de las beneficiadas se ubicarán aquellas compañías que apuntan a la exportación. Sin embargo, Vienni advierte que, incluso para exportar, hoy hay un conjunto de obstáculos que no están ayudando mucho a las empresas, porque un mercado interno que cae encarece los costos unitarios. "Y a eso hay que sumarle que quedará armado un esquema de retenciones y reintegros, que hay que ver si se modifica o no", acota.

Con una visión más panorámica de la problemática empresarial, Dal Poggetto dice que la gran pregunta que hay que hacerse es: ¿cuándo va a estar listo el programa de estabilización de la economía? "Ese programa tiene que contener un acuerdo de precios y salarios, porque no se va a bajar una inflación de 60% solo con política monetaria", enfatiza la economista.

Ese acuerdo de precios y salarios deberá incluir, según Dal Poggetto, cuatro precios más: el del dólar (porque si solo se lo maneja con controles, se va a disparar la brecha); el de las jubilaciones (hoy están indexadas trimestralmente seis meses para atrás y eso no es consistente con la intención de bajar la inflación), el de las tarifas de servicios públicos (va a haber que reacomodarlas teniendo en cuenta tres puntos: la necesidad de mantener las señales para la inversión, la falta de margen para aumentar subsidios y la falta de margen para trasladar a precios la dinámica de los costos), y el de la tasa de interés (debería bajar, pero no puede haber tasa de interés negativa).

Tal como lo enseña su historia, la dinámica de la economía argentina es sinuosa e impredecible. Por eso, las actuales proyecciones que hacen las empresas para delinear sus presupuestos con vistas a 2020 son solo uno de los parámetros a tomar para dibujar el escenario que viene. La realidad definirá dentro de 14 meses cuán cerca o cuán lejos se estuvo de un dólar a $75, de incrementos salariales de entre 37% y 40% y de una inflación de 38%.

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