Que ser pobre no se herede, un desafío fuerte para las políticas públicas

Los planes de ingresos y sus posibles efectos
Los planes de ingresos y sus posibles efectos Fuente: AP - Crédito: Archivo
Silvia Stang
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7 de abril de 2019  

Lograr, para el hoy, que una familia salga de manera urgente de su situación de pobreza por escasez de ingresos. Conseguir, para el mañana, que ser pobre (tanto por los bajos recursos monetarios como por las condiciones de vida y el déficit de oportunidades) deje de ser algo que pase de generación en generación. Las dos metas deseables requieren de la aplicación de políticas públicas (y de la ayuda de la sociedad civil, en cuanto pueda acompañar) que sean realistas, sostenibles y que prevean cómo hacer mensurables sus efectos.

¿Qué efectos podría tener una política como la Asignación Universal por Hijo (AUH)? Apelando al cruce de datos estadísticos disponibles, algunas investigaciones se dedicaron a analizar el tema, para intentar determinar qué consecuencias se le podrían atribuir al plan, más allá de la posible variación de los índices de pobreza e indigencia. Dos interrogantes vinculados a esos informes son:

*¿Qué pasa con la participación en el mercado laboral de los adultos que viven en hogares con AUH?

*¿Cuál es el impacto en cuanto a la asistencia y a la permanencia de los menores en el sistema educativo?

Ambos temas pueden vincularse al objetivo de frenar el traspaso intergeneracional de la pobreza. Hay otros factores que inciden, claro, como el desarrollo de la infraestructura, el acceso a los servicios públicos y el contenido de los planes educativos.

En cuanto a la primera pregunta, un trabajo de las economistas Roxana Maurizio (UBA y Conicet) y Ana Paula Monsalvo (UNGS y UBA) estableció que los movimientos detectados en las tasas de actividad (porcentaje de la población que trabaja o busca hacerlo) y de empleo, no llevan a concluir que se hayan generado desincentivos significativos al trabajo, "en el sentido de alentar a dejar la fuerza laboral o a reducir el número de horas de trabajo". El estudio fue parte de un informe publicado en 2017 por la Anses, Unicef, el Conicet, la UBA y el Cedlas.

Para las mediciones se consideraron datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y, para comparar, se definió como "grupo de control" a los hogares que, teniendo condiciones para recibirla, no cobraban la AUH. Se miró la evolución de los indicadores en ambos grupos de familias (con y sin plan) entre 2009 y 2010 (el último período sin AUH y el primero con el plan), y también entre 2010 y 2011 y entre 2014 y 2015.

Con respecto a un posible incentivo al trabajo no registrado, el estudio señala que la AUH no lo tiene, porque la salida de la inactividad, del desempleo o de la informalidad para ser un trabajador formal provoca que, en lugar de esa prestación social se cobre la asignación por hijo del sistema contributivo, que tiene un monto igual al de la AUH para las familias del tramo de ingresos más bajos (hay una excepción temporal en estos meses, porque el Gobierno decidió anticipar a marzo, solo para la AUH, las subas que por ley de movilidad estaba previsto dar en todo el año). Otro dato a tener en cuenta es que quienes cobran la AUH perciben cada mes el 80% del monto; el 20% se percibe una vez al año y si se cumplieron los requisitos vinculados a educación y salud.

¿Qué pasa con la educación y la AUH? En este caso, un análisis del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas), comparó lo que ocurría con los menores de las familias objetivo de la AUH y lo que pasaba con los hijos de los formales (este último fue el grupo de control).

Según el estudio, hubo un cambio positivo en el grupo de jóvenes de 15 a 17 años: la asistencia escolar pasó de 75,1% a 80,2% entre quienes están en hogares vulnerables, si se compara el antes y el después de la AUH. En el grupo de control el índice pasó de 87% a 88,9%. Entre los chicos de edades más bajas (que tienen mayor asistencia) no hubo cambios significativos. Las conclusiones fueron similares respecto de la continuidad en la concurrencia a la institución educativa.

Por sí solos, más años de escolaridad no garantizan nada. Uno de los fuertes desafíos de la política es identificar qué rasgos tendrá el mercado laboral en los próximos años y cuál será el ritmo de los cambios. Porque la pobreza interpela hoy, desde un escenario que será otro mañana.

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