Reservas cognitivas en rojo: la postergada economía de la salud mental

El aislamiento, el miedo a contagiarse y la la crisis económica producen efectos en la salud mental de las personas
El aislamiento, el miedo a contagiarse y la la crisis económica producen efectos en la salud mental de las personas Fuente: LA NACION
Sebastián Campanario
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20 de septiembre de 2020  • 00:00

El descenso constante de reservas del Banco Central es uno de los principales temas de preocupación del Gobierno, empresarios y economistas en las últimas semanas. Pero hay otro "tanque de combustible" que también se está vaciando y sobre el que se habla menos: el de la "reserva cognitiva" colectiva, debido al deterioro de la salud mental que se está produciendo por el aislamiento, el miedo a contagiarse, la crisis económica y el cambio de vida brusco de la cuarentena.

A tal punto, que los expertos en el tema ya hablan de "la otra pandemia". "Pensemos que seis de las diez enfermedades que causan mayor discapacidad en la población laboralmente activa son enfermedades mentales. Los costos directos e indirectos son altísimos", explica Julián Bustin, jefe de gerontopsiquiatría de Ineco y profesor de la Universidad Favaloro.

Bustin cuenta que el abordaje de estos temas cambió radicalmente en los últimos 25 años, desde que él empezó con la práctica médica: "Yo era mucho más ?biologicista' por formación, y lo que se avanzó en este último tiempo tiene que ver con el énfasis en la adopción de buenos hábitos para construir una suerte de armadura que atenúa o evita enfermedades mentales", agrega el profesional, que también se educó en Cornell (Estados unidos) y en el Reino Unido. Entre los hábitos que hacen crecer la reserva cognitiva están la educación formal y las interacciones sociales, dos avenidas bloqueadas o resentidas por la cuarentena. Esto, además de los buenos hábitos más conocidos: ejercicio físico, alimentación saludable, higiene de sueño, hidratación, etcétera.

Aunque viene creciendo en cantidad de estudios, la "economía de la salud mental" es un territorio aún relativamente poco explorado para los economistas, en relación a su impacto. En enero de este año se publicó un trabajo de Martin Knapp y Gloria Wong que da cuenta del actual escenario de este campo. "Las evaluaciones económicas sobre salud mental pasaron de 100 en 1999 a 4000 en 2019 -sostienen los autores-, y ya se superó la edad de la inocencia en este aspecto". Sin embargo, subsisten obstáculos: los análisis económicos no suelen ser del todo bien recibidos por los médicos y ambas disciplinas hablan distintos idiomas, según sostienen Knapp y Wong.

En el medio, el problema se agiganta: según el Foro Económico Mundial, para 2030 el costo económico asociado a problemas de salud mental en el planeta superará los seis billones de dólares (seis millones de millones de dólares). Es una proyección conservadora: la Comisión de Psiquiatría de The Lancet (una publicación especializada que hoy es la máxima referencia en este sector y que este año rubricó en sendos artículos la importancia de la educación formal y de la interacción para la suba de reserva cognitiva) sitúa esta cifra en 16 billones de dólares para 2030, cuando se incluyen pérdidas por productividad laboral y valor del deterioro de la educación.

Y estas estimaciones son de antes de la pandemia. En abril, un 45% de los estadounidenses afirmaron que la crisis del Covid estaba afectando de alguna manera su salud mental, mientras que un 20% acusó un "gran impacto" en esta materia, según una encuesta de KFF. Las prescripciones de pastillas para la ansiedad subieron un 34% entre febrero y fin de marzo; las de antidepresivos, un 19% y las de somníferos, un 15%. Un artículo en The Lancet reportó incrementos importantes en intentos de suicidio, trauma, depresión y adicciones.

En la Argentina, Ineco informó que se cuadruplicaron los casos de síntomas de depresión durante la cuarentena. Facundo Manes, director del instituto, habló de una "pandemia de enfermedad mental" y precisó que los jóvenes están siendo particularmente afectados.

Con tan altas cifras en juego, la agenda de innovación y de "nudges" ("pequeños empujones" que estudia la economía del comportamiento) está que arde. Inglaterra es uno de los países a la vanguardia en este aspecto, con trabajos pioneros en economía de la salud mental de Andrew Oswald (de Warwick) y Richard Layard, de la London School of Economics. Su trabajo fue tan influyente que en 2018 Inglaterra nombró un "Ministro de la Soledad". Se estima que la soledad tiene un impacto mayor al que se estimaba en enfermedades coronarias y otras afecciones. El semanario The Economist lo tiene como un tema central en su línea editorial. Y es un problema que creció con la pandemia.

"El poder unir análisis de datos con inteligencia artificial y machine learning va revolucionar muchísimo tanto los diagnósticos (por el poder predictivo), como el trackeo y avance de las intervenciones", dice la terapista ocupacional y experta en innovación Sofía Gayer.

Ya hay casos de startups como Yerbo, fundada por los hermanos Marcos y Carlos Spontón, que usan machine learning, ciencias del comportamiento y psicología cognitiva para trabajar a través de "empujoncitos" que buscan reducir la cantidad de "quemados" y aumentar el bienestar en empleados de las empresas. Permite tener un monitoreo de los avances de cada persona y ayuda a que el usuario aumente auto-regulación personal.

Otro ejemplo, más de análisis predictivo, es Sigmind, de Mariano Sigman, Facundo Carrillo y Raúl Echegoyen, que busca hacer predicción del análisis discursivo de las personas para detectar dificultades en la salud mental.

"El objetivo es pasar de trabajar solo con ?enfermedades de salud mental', con personas con diagnóstico, a promover y prevenir dificultades de salud mental en toda la población", agrega Gayer. Hay mucho estudiado sobre los factores "protectores", como los vínculos de calidad, por ejemplo, que sirven para incrementar la reserva cognitiva a la que hacía referencia Bustin en el inicio de la nota.

Luego, hay también una serie de iniciativas menos conocidas pero de enorme potencial. Tim Ferriss es uno de los máximos gurúes mundiales en productividad personal, autor de libros con millones de ejemplares vendidos como La semana laboral de cuatro horas o Herramientas de titanes. Su podcast El Show de Tim Ferriss ya superó las 500 millones de bajadas. Ferriss donó recientemente tres millones de dólares para la investigación sobre uso de drogas psicodélicas para afecciones de salud mental. Cree que aquí hay un camino para hackear la crisis pandémica de salud mental. "Hay una ventana de oportunidad de oro en los próximos cinco años, donde relativamente pocos millones de dólares de inversión pueden tener un impacto de miles de millones", afirma Ferriss. Habrá que escucharlo: lo dice alguien que invirtió en las primeras etapas de empresas como Uber, Twitter, Ali baba, Shopify, Duolingo y Facebook.

Que la demanda en el terreno de la salud mental se va a incrementar es indiscutible. La pregunta es si esto se traducirá en un mayor gasto de los gobiernos y de la población en general. Monica Oss, CEO de OpenMinds, una consultora especializada en estrategia de salud, escribió en mayo un ensayo titulado Gasto en salud ahora y después de la pandemia. Oss cree que los déficits gigantescos que tendrán los gobiernos en general posCovid van a limitar severamente la posibilidad de atender esta mayor demanda de políticas de salud mental con mayor gasto.

A la emergencia sanitaria y a la crisis económica se les suma un vector de riesgo menos presente en la conversación pública, pero con costos a la par: el de la emergencia de salud mental. "Son, sin duda, tiempos interesantes para ser contados; no sé si tanto para ser vividos", le dijo semanas atrás la escritora Mariana Enriquez a la periodista Hinde Pomeraniec.

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