
Se multiplicaron los cierres de fábricas
Alrededor de 30 plantas bajaron las persianas en el último año y medio. Reestructuraciones de multinacionales, mudanzas a Brasil, caída de ventas y baja competitividad explican el fenómeno
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Cuando el gobierno de Fernando de la Rúa comenzaba, en diciembre de 1999, y se intuía que la recesión pronto finalizaría, empezaron a circular listas de industrias que cerraban para marcharse a Brasil. El Ministerio de la Producción bonaerense alertaba que unas 100 empresas, la mitad de su provincia, se mudarían total o parcialmente al socio mayor del Mercosur. Sólo pudo documentar 25 casos. La Unión Industrial Argentina (UIA) difundió los nombres de 100 emigrantes, pero muchos fueron desmentidos.
Quizás ese éxodo masivo de compañías no era tal. Sin embargo, desde aquella discusión estival del año pasado hasta hoy se reiteraron las noticias de reconocidas compañías nacionales y extranjeras que abandonaban la Argentina o algunas de sus líneas de producción local. Un relevamiento de La Nación contabilizó más de 30 fábricas de renombre cerradas y por lo menos 3000 despidos en ese período en que el estancamiento se prolongó hasta cumplir ya 34 meses. Y sin contar las Pyme.
Nestlé, Estrada, Unilever, Zanella, Philips, Lheritier, DaimlerChrysler y Baesa figuran en el listado. Aparecen firmas de distintos rubros, desde alimentarias y autopartistas hasta textiles y frigoríficos.
Algunas multinacionales hicieron sus valijas y ahora sólo importan. Tales son los casos de Wella, Gillette, New Balance, Adams y Goodyear. Otras trasladaron determinadas líneas productivas.
Los economistas Abel Viglione, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), y Ricardo Echegaray, de la consultora Ecolatina, coinciden en que uno de los motivos de los cierres radica en que empresas internacionales discontinúan la fabricación local o una línea de producción por su reestructuración global. Por ejemplo, Gillette o la germano-estadounidense DaimlerChrysler, que cesó sus actividades en Córdoba, pero sigue en González Catán.
La pregunta radica en por qué, a la hora de decidir recortes en el nivel mundial, numerosas multinacionales piensan en la Argentina. "Las casas matrices deciden en qué país producen. Te puede tocar o no", opina Viglione. Echegaray, en cambio, observa que Brasil atrae por su mayor mercado interno, las ventajas para operar en toda América del Sur, los menores costos y los fuertes estímulos de sus Estados a la industria.
La angloholandesa Unilever concentró determinadas líneas de artículos en la Argentina y mudó las de puré de tomates y helados a la mayor economía latinoamericana. El cuadro se repitió en la holandesa Philips, cuyas lámparas ya no llevan el rótulo Industria Argentina . Las autopartistas resultaron las que más cruzaron la frontera. Sin dejar la Argentina, Delphi Packard y Valeo Neiman bajaron persianas, mientras que Orvet empezó a fabricar acoplados en Curitiba. La fabricante de radiadores Valeo Térmico cambió su domicilio a Brasil. Frenos Varga, Sidertec y Tecnopres se limitaron a frenar sus máquinas. Mientras, se suceden las suspensiones en las automotrices, como la reciente de 650 empleados de Renault.
Empresas nacionales y extranjeras cerraron algunas plantas para concentrarse en otras dentro del país, según advierte Viglione. Por caso, Baesa (embotelladora de Pepsi, del grupo Bemberg) y American Plast (de envases plásticos, con capitales brasileños y argentinos).
Otros factores influyen en la decisión de cerrar industrias. Viglione señala la crisis de empresas que venden a clientes con dificultades de financiamiento y que fabrican productos de precios declinantes. Sólo basta mencionar que PLA, que produce implementos agrícolas, finalizará este año su mudanza a Brasil. Las altas tasas de interés, además, impiden inversiones de las compañías argentinas. "Es un problema crónico", lamenta Echegaray.
"Hay empresas con más gastos de operaciones que ingresos", agrega Viglione. La recesión derrumbó industrias. También se frustraron las exportaciones de carne por el rebrote de aftosa, lo que condujo a la suspensión de 2300 trabajadores.
La apertura a la competencia internacional en los noventa "les pegó a unos más que a otros", en opinión de Echegaray, que cita los casos de las industrias textil y del calzado. Alpargatas constituye un ejemplo. Está negociando con el Gobierno el futuro de sus seis plantas, que emplean a 5200 personas. En Gatic corre el rumor de cierre de cuatro fábricas y el despido de 1100 trabajadores. Versiones de cesantías se extienden a la curtiembre Yoma, donde se desempeñan 1000 empleados.
"La Argentina es, en parte, competitiva, pero la apertura falló en la intensidad y la velocidad", punza el economista de Ecolatina. Niega cierres masivos, pero teme por las Pyme que no proveen a las grandes.
El vicepresidente de la UIA, Ignacio de Mendiguren, retruca que la Argentina sufre un problema de competitividad. Aplaude que el titular de Economía, Domingo Cavallo, apunte a reducir en un 20% los costos mediante futuras rebajas tributarias y la suba de aranceles al 35% para productos de consumo masivo. El industrial, no obstante, reclama medidas que recuperen el consumo, como el seguro de desempleo que el Gobierno anunció el viernes pasado.
Mendiguren guarda en una caja productos que se dejaron de fabricar en la Argentina. Al recordarlos se pregunta:"¿No podemos producir ni choclo enlatado ni pasta dentífrica?".
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