
Se vendió el edificio República en 56,25 millones de dólares
Pasó a manos de un fideicomiso de acreedores de un banco que pertenecía a Moneta
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Después de un remate fallido en el que no hubo ofertas, ayer cambió de manos el edificio República, uno de los mayores complejos de oficinas de la zona céntrica que permanecía en medio de una disputa judicial.
El edificio se vendió por la liquidación del Banco República, propiedad del banquero Raúl Moneta. Quedó en poder del Fideicomiso República, un fondo integrado por los acreedores de la liquidada entidad bancaria y administrado por el banco Comafi.
La operación se cerró en un remate público donde no hubo dinero en efectivo. Si bien la venta se hizo por US$ 56,25 millones, en realidad el fideicomiso compensó una deuda que se aproximaba al precio de la base.
Pese a ser una de las subastas más importantes de la historia, fue sumamente breve. A las 11, el rematador inició el remate. Leyó las formalidades y abrió la posibilidad de ofertar. Hubo un silencio y después fue el apoderado del fideicomiso el que ofertó por la base.
No hubo más. Allí cambió de manos el edificio ubicado en Tucumán 1, frente a Puerto Madero.
El proceso de ejecución se inició en abril de 2002. Después de que la Justicia ordenó seguir adelante con la ejecución, se presentó un pedido de nulidad que fue rechazado en primera y segunda instancia.
En septiembre de 2004 se ordenó la subasta, pero en marzo de 2005 se suspendió el juicio por instrucciones del Banco Central hasta septiembre pasado.
"Se llegó al remate efectivo en un momento en que el mercado de oficinas premium para venta o alquiler está con altísima demanda y el país lleva varios años de crecimiento sostenido. Me sorprendió la ausencia de otros postores, además del propio Fideicomiso República, que se adjudicó el inmueble por la base reducida. Ello, cuando valuaciones de inmobiliarias reconocidas presentadas en el expediente daban valores de entre 70 y 80 millones de dólares y varios importantes grupos empresarios habían estado activos en las averiguaciones previas al remate", manifestó Alejandro Olivera, abogado del fideicomiso que finalmente se quedó con el edificio y socio del estudio Baker & Mckenzie.
Después del remate, los pasillos de la Corporación de Martilleros se inundaron de rumores sobre el destino final del inmueble. No eran pocos los que especulaban que el Banco Macro sería finalmente el nuevo propietario.
Según varias fuentes que conocen el expediente, el Banco habría comprado los certificados de deudas de muchos acreedores, especialmente del exterior. Eso le daría la mayoría para disponer del inmueble.





