Soja, aire para la actividad que desnuda debilidades estructurales
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El país recompuso niveles de actividad prepandemia, pero con características macroeconómicas y estructurales muy diferentes, algunas positivas y otras negativas. Entre las últimas aparece la mayor informalidad, la asignación de recursos a sectores poco productivos, los niveles de pobreza, entre otras cosas. Pero en la macro algo mejoró: el país tiene ahora superávit comercial.
Los términos de intercambio parece que nuevamente jugarán a favor del país. Las divisas que ingresen por exportaciones serán clave para 2022 debido a que ello permitirá determinar la disponibilidad de divisas para importar, y la disponibilidad para importar al mismo tiempo redunda en la capacidad que tiene la economía para expandirse.
No existe la dicotomía entre mercado doméstico versus un modelo orientado a exportaciones. El aumento del ingreso entre los argentinos necesariamente se filtra hacia las importaciones. De hecho, cerca del 80% de las mismas son las que utiliza la industria para agregar valor dentro del país.
Con reservas en niveles mínimos (en cero), la economía funcionará gracias al flujo. Los nuevos precios –la soja cotiza cerca de los US$600 por tonelada en Chicago– aportarán alrededor de US$1500 millones a las exportaciones con relación a lo proyectado originalmente. Eso representa unos dos puntos de las importaciones locales. Dada la histórica elasticidad ingreso-importaciones, esto le da un aire a que la recuperación de la actividad no se vea estrangulada solo por la falta de divisas que surgen del balance comercial. En términos concretos, esos dólares alcanzan para que la economía se expanda un 3,5% (0,8 puntos por encima del nivel del último trimestre 2021).
La razón de un alivio tan magro pese a la super soja de US$600 se debe a que las cantidades exportadas están afectadas por la corriente La Niña, que deprimió el volumen exportado del complejo sojero en 13%. Y eso todavía queda a la espera de ver qué sucede con las lluvias en las próximas semanas.
Puede aparecer una pregunta sobre este punto, ¿Por qué es necesario acumular US$5000 millones (exigencia del FMI)? ¿No es mejor destinarlo a importar? A priori, los bancos centrales tienen reservas para atenuar fluctuaciones por ataques especulativos que puedan ser transitorios. En este caso, ya con las restricciones a la cuenta financiera, no tendría sentido hacer ese colchón.
Sin embargo, es necesario por varios motivos. En primer lugar, para justamente ir construyendo una posición de fortaleza del BCRA que le permita ir retirando gradualmente estas restricciones que impiden la inversión extranjera directa y afectan distorsionando el resultado comercial. En segundo lugar, porque la liquidez es necesaria cuando los mercados están incompletos o fallan. En la Argentina no hay mercados de seguros adecuados o mercados de crédito. Por ejemplo, si no hay disposición a refinanciar el flujo de vencimientos del Tesoro es bueno tener stock para afrontar pagos y disipar dudas de voluntad y capacidad de hacer frente a las obligaciones.
Lo que hay que remarcar es que el país no puede estar dependiendo de condiciones externas tan cambiantes. El clima es un factor que sigue siendo decisivo para determinar el valor de las exportaciones, algo que acentuará su volatilidad en los años venideros de la mano del cambio climático. La liquidez internacional es otro factor que está fuera de nuestro control. Un aumento de las tasas en Estados Unidos nos puede afectar negativamente dada la correlación negativa con el precio de las materias primas. Sobre este punto también es esperable mayor volatilidad. Así se pueden citar otros ejemplos, como la demanda relativa mundial esperada.
De esta manera, lo que hoy se presenta como una buena noticia no es más que una muestra de la fragilidad de la economía. Una deuda histórica que el país no puede solucionar y un debate que aún no logra calar en la discusión con la suficiente fuerza. La transición demográfica de algunos países de Oriente y África parece que sostendrán la demanda de alimentos en el largo plazo, pero la volatilidad de los precios y las cantidades de estos productos es alta. La productividad del sector puede ser tan o más elevada que la del sector servicios e incluso algunas industrias. Así, una primarización de la economía con una buena inserción no es del todo negativa, pero viene con una cuota de inestabilidad importante sobre políticas domésticas ya bastante erráticas con el ciclo político local.
Las dificultades, al final, se terminan encontrando en instituciones básicas de funcionamiento. Los mercados incompletos (seguros para el agro, seguros de cambio, etc), los mercados que fallan (deuda, crédito) y la falta de consistencia política. Exigir un fondo anticíclico suena raro en un país de tan pocos acuerdos y donde nunca cierran las cuentas públicas. Temas que se pueden solucionar, pero requieren de una disciplina y organización completamente distinta a la que la política y las políticas de las últimas décadas han logrado desarrollar.
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