Superávit creativo. Sembrar recursos para hoy y para el futuro

El diseñador Martín Churba dice que hay que animarse a cambiar
El diseñador Martín Churba dice que hay que animarse a cambiar Fuente: LA NACION
Andrea Churba
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9 de julio de 2020  • 10:44

¿Cómo hacemos para adaptarnos y seguir produciendo cuando los recursos son escasos y mucho de lo que hacíamos antes ya no lo podemos hacer? ¿Cómo nos motivamos en medio del encierro y el dolor? Si hay alguien que sabe pasarle el trapo a la cuarentena y usar la imaginación para crear donde parece que no hay nada, que varias veces supo reinventarse ante la adversidad y que siempre es generoso para compartir cómo lo hace, es mi hermano Martín. Por eso me alegró tanto que aceptara mi invitación a un vivo de Instagram dentro del ciclo que llamo "Cruzar universos".

Martín Churba no necesita presentación. Muchos conocen sus logros como diseñador, creador de moda en su marca Tramando, vanguardista en la cultura y en la acción social solidaria. Tengo el privilegio de haber sido testigo de sus procesos creativos desde la infancia: siempre fue raro, inconformista, experimentador, rompedor de códigos. Falló y se volvió a parar mil veces. Esa osadía infantil la trasladó a su exitosa carrera profesional. A contramano de la lógica empresarial que lo había consagrado Emprendedor del año en 2002, en 2019 decidió "desemprender", desmantelar y achicar su empresa a lo mínimo.

Como si hubiera presentido el parate que iba a provocar la pandemia, se reinventó a tiempo y la cuarentena lo agarró fortalecido. ¿Antihéroe o profeta? Se necesita coraje para cambiar cuando cambia el contexto. En la charla nos encontramos recordando las ocasiones en que nuestros padres se animaron a patear tableros en búsqueda de algo mejor, en el trabajo y en la vida; cómo pudieron reconvertirse muchas veces, con dolor, pero sin perder su identidad, y agradecimos ese legado.

Este es el desafío que muchos tenemos hoy.Son tiempos de grandes cambios que exigen de nosotros más flexibilidad y creatividad que nunca, más valor para romper con nuestras maneras acostumbradas de pensar y hacer, ya que muchas de ellas se volvieron inviables en este contexto inédito.

Incertidumbre y creatividad

Este paréntesis histórico que nos toca vivir, donde reina la incertidumbre y ya no funcionan las lógicas ni las reglas de juego conocidas, nos desafía a desarrollar el músculo de la creatividad. El primer paso es cambiar las preguntas que nos hacemos. ¿Qué pasaría si, en lugar de enfocarnos en los obstáculos, en lo que ya no se puede, indagamos qué sí podemos hacer? ¿Qué pasaría si, en lugar de resaltar la imposibilidad y la escasez, usamos los recursos que tenemos a mano? Cambiar la manera de preguntar nos cambia la cabeza y el estado de ánimo. Hacernos buenas preguntas nos saca del encierro, mental y físico, que produce la cuarentena. Dispara un efecto McGyver: mirar alrededor y crear soluciones a partir de lo que sea que encontremos en el contexto. A este proceso útil, fértil y liberador, Martín lo llama Superávit creativo.

El término superávit, que viene de la economía, toma otra dimensión cuando lo asociamos a lo creativo. Cuando nos hacemos las preguntas adecuadas empiezan a aparecer las ideas. Cuantas más ideas seamos capaces de generar y gestionar, más probabilidades tenemos de que alguna sea útil para este contexto. Las ideas son como las semillas: tenemos que sembrar muchas, porque es probable que prendan solo algunas; de diez proyectos que imaginemos, quizás uno solo sea viable en el presente. Y si dejamos en remojo las semillas de ideas que generamos hoy, quizás algunas germinen más adelante, cuando las condiciones del terreno sean más convenientes. ¿Qué pasaría si gestionamos nuestros recursos de otra manera, o les cambiamos la función? ¿Y si los combinamos o los secuenciamos de otra forma? La imaginación ilumina opciones y caminos que no habíamos visto hasta ahora. Nos anima a dejar de lado las recetas y a inventar platos nuevos con los ingredientes que encontramos en casa.

Mientras conversamos, Martín pinta de colores brillantes unas piedras y restos de escombros que encontró en la orilla del río, cerca de su casa. Los equilibra en torres, compone diseños, los combina con palitos, cartones y materiales de descarte. Desparramados sobre la mesa hay maples de huevo, ganchos de ropa, marcadores y hojas del jardín. Sé, porque lo conozco, que en este momento no está pensando si lo que hace sirve para algo o no, que lo hace por puro placer, como un juego. Está sembrando. Algo de lo que surja de este ensayo espontáneo quizás se convierta más adelante en estampas para una nueva colección o dispare un proyecto hasta ahora impensado.

La creatividad como impulso de supervivencia y ventana a la libertad

La pandemia trajo consigo mucha pérdida y dolor. La cuarentena nos dejó aislados. Las limitaciones y los obstáculos nos están forzando a recrear y recrearnos, a desarticular lo articulado, salir del confort y probar cosas locas que, en momentos de cordura, no hubiéramos intentado. Amparados en lo inusitado del contexto, somos menos exigentes y menos críticos. Nos estamos dando permisos increíbles para transgredir, experimentar y equivocarnos. Estamos ensayando nuevas maneras de todo. De relacionarnos, de trabajar, de estar con nosotros mismos. Desde esta perspectiva, coincidimos con Martín, la situación penosa que estamos pasando se puede redefinir como una oportunidad de aprendizaje.

La creatividad tiene un enorme poder transformador: un en medio del dolor, las pérdidas y las restricciones, y a pesar del encierro, es un salto a la libertad. Se están produciendo transformaciones inéditas, muy rápido y con poca resistencia, tanto en el ámbito familiar como en el laboral. Soy testigo, en muchos casos de personas y organizaciones que acompaño, que se están logrando objetivos que deseaban mucho, se consideraban muy lejanos o imposibles, y de algunas sorprendentes reinvenciones.

La creatividad también es un servicio

En estos días aprendimos a agrupar las compras y mandados para no tener que salir de casa muy seguido. También a dejar a mano la lavandina y el trapo para facilitar la limpieza del baño después de ducharnos, por practicidad, pero también como un gesto de amor y servicio al que lo va a usar después. ¿Qué pasaría si en cada acción del día, a lo largo de las diversas estaciones que recorremos, entregamos una semilla? ¿Qué actos de servicio al otro podemos dejar preparados? ¿Qué acciones podemos concatenar para el beneficio de los que viven y trabajan con nosotros, para la comunidad? ¿Y si usamos nuestro superávit creativo para sembrar en otros semillas de posibilidad, de amor, de confianza?

A Martín y a mí nos une el propósito de servicio a los demás. En cuarentena, las pantallas nos dan la posibilidad de trascender y llegar a muchas más personas, y a distancias nunca imaginadas, para compartir lo que aprendimos, nuestras herramientas y recursos. Nos gusta pensarnos como influencers positivos, generadores de sentido, "contagiadores" de creatividad, motivación y emociones que nutran a los demás y los hagan sentir bien.

En estos tiempos en que estamos tan angustiados y estresados, nos podemos rescatar unos a otros, dejarnos mutuamente semillas que nos ayuden a conectar con nuestro lado creativo y con la energía que necesitamos para hacer, entre todos, la reconversión que nos demanda esta nueva realidad.Ante la esperanzadora posibilidad de que esto pronto termine, saldremos con nuestros depósitos emocionales cargados de proyectos que pensamos en esta cuarentena, y que nos pueden seguir sirviendo en los próximos contextos (que ojalá nunca vuelvan a ser tan difíciles como el que hoy nos toca vivir).

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