
Un clásico argentino se renueva con diseños de vanguardia
Dos jóvenes crearon una marca de alpargatas que hoy se exporta a Sudáfrica
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El correntino Tomás Pando atiende el portero eléctrico de su empresa en alpargatas. Su socio y amigo, Francisco Murray, también las calza. No son las típicas de yute. Las Paez son las primeras de diseño que se exhiben en las vidrieras de la Argentina; en un mes, Sudáfrica recibirá el primer container.
Son administradores de empresa y tienen 26 años. Apenas recibidos, cada uno consiguió un puesto en una multinacional. "Pero siempre tuvimos la chispita de emprender algo", aclara Tomás. Les costó. "La universidad enseña a gerenciar, no a emprender", relata tranquilo, ahora que sabe que en su primer balance anual las ventas rondarán los 340.000 pesos.
Cada encuentro entre los dos amigos era la excusa para tirar ideas y proponer posibles negocios, recuerdan. "Nos juntábamos, se nos ocurría un emprendimiento, hacíamos un estado de resultados y lo llenábamos de números favorables", recuerda Francisco. "Luego desistíamos", acota.
Pero un lunes de octubre del año pasado fue memorable para él. Estaba haciendo un balance en el Citibank, donde trabajaba. Sonó el teléfono y del otro lado escuchó: "Tengo el negocio: alpargatas". Y enseguida llegó la justificación: "Son cómodas y baratas. Si les agregamos diseño, seguro que son un éxito", le decía su amigo de la infancia al otro lado del teléfono.
Cuando Francisco terminó su jornada laboral en el banco ya estaba convencido. Presentó la renuncia; Tomás hizo lo mismo en Shell, la petrolera donde trabajaba.
"Decidimos invertir los $ 30.000 que teníamos ahorrados entre los dos para probar", comenta Francisco.
No tenían experiencia en el rubro, sólo la convicción de que iba a funcionar. Averiguaron que en el barrio de Boedo podían conseguir lonas de distintos colores y ahí fueron. "Vamos a encontrar con qué hacer alpargatas divertidas", se dijeron. Encontraron material para hacer las primeras 1500 alpargatas de colores, lisas y a cuadros.
Para entonces promediaba noviembre, el tiempo ideal para calzar alpargatas. Una vez que le pusieron nombre a la creación -"nacen las Paez", bautizaron una noche-, salieron a recorrer surf shops de la Capital Federal, Córdoba, Corrientes, Mar del Plata y Santa Fe.
"Dejamos en consignación 50 pares en 15 lugares distintos para ver cómo las recibía la gente", cuenta Francisco, el encargado de la comercialización. "Las Paez cayeron simpáticas a los comerciantes, y eso se trasladó al público", dice el emprendedor. Las alpargatas volaron de las vidrieras en pocos días. "El producto es novedoso, nos decían los comerciantes", agrega.
Conquistar el mundo
Tomás, encargado del área de producción en el nuevo emprendimiento, recuerda que los primeros meses saltaron de fábrica en fábrica hasta que dieron con una en Polvorines, en el Gran Buenos Aires, con la que trabajan a gusto. Hoy alcanzaron los 7000 pares mensuales y duplicarán la producción en 2008.
"Nos asociamos con los proveedores y nos desarrollamos en conjunto", dice, y revela así la estrategia empresaria que les permite crecer a buen ritmo: en nueve meses se instalaron en las vidrieras de todos los shoppings de Buenos Aires, en Patio Olmos (de Córdoba) y en el Mendoza Shopping. Para el verano que se acerca ya tienen vendidos 20.000 pares de $ 35 cada uno.
La idea es sostener el ritmo de producción durante los 365 días del año, no solamente en la temporada en que la Argentina demande calzado fresco. "Siempre, en alguna parte del mundo, ahora es verano", razonan. Y decidieron que, desde el comienzo, las Paez tenían que saltar el charco.
Así lo hicieron. A los tres meses del nacimiento de la empresa, los contactó un cliente de Sudáfrica y cerraron un acuerdo por cinco años para enviar 15.000 pares en esta temporada e ir incrementando anualmente la cifra en un 10 por ciento.
Para entonces ya tenían 16 diseños propios de lonas estampadas para la empresa. Una diseñadora creó para ellos las Paez con rombos, palmeras y dibujos geométricos, que combinan todos los colores, incluyendo un toque de flúo.
Aunque no quieren apurarse, ya negocian con Canadá e Inglaterra. "Nos contactaron de un portal de Internet", comenta Francisco, con aire de sorpresa. Y acota: "Evidentemente hay mercado".
La fábrica con la que trabajan como socios -cuando empezaron a producir invirtieron en maquinarias y capacitación- funciona a la mitad de su capacidad. Para 2008 prevén sumar un turno en la planta y llegar así a los 50.000 pares por temporada. ¿La novedad? El año próximo se vienen las mini-Paez.



