
Un negocio que va por
Las aseguradoras perdieron US$ 350 millones en 1997 debido al récord de robo de autos; los costos de las pólizas aumentaron hasta un 18 por ciento
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Los datos que surgen de un estudio realizado por la Asociación Argentina de Compañías de Seguros son alarmantes: de cada 1000 autos asegurados se roban 2 por mes, lo que da un índice anual del 24 por mil.
Si esto se traslada a los 3,2 millones de autos que hay asegurados en el país se llega a la conclusión de que el año último se robaron 80.000 autos.
Pero si el mismo índice se proyecta a la totalidad del parque automotor argentino -que ronda los 6,5 millones de vehículos-, los siniestros por robo en 1997 superan las 150.000 unidades.
Un récord histórico que creció en más de un ciento por ciento respecto de las cifras de los últimos años.
Al mismo tiempo, las cifras del parque automotor total muestran que en la Argentina alrededor del 50 por ciento de los automóviles circula por las calles y rutas sin ningún tipo de seguro.
Factores de riesgo
Cuando se trata de buscar una explicación racional a este desmesurado aumento en los siniestros, Norberto Pantanali, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros, explica que se debe a varios factores: "El incremento de la delincuencia, la flexibilidad que existe en las fronteras para pasar autos robados a Brasil, Paraguay, Bolivia y últimamente también a Chile, y la modificación del contexto legal. En noviembre de 1996 el Congreso modificó una ley que había refrendado en 1984, con lo cual el robo de automotores dejó de ser un delito agravado y hoy en día es excarcelable."
Claro que éstas no son las únicas causas que han contribuido a que el negocio del seguro automotor vaya por mal camino.
También deben sumarse el autorrobo, fundamentalmente cuando se trata de unidades viejas y de poco valor, la denuncia de siniestros inexistentes y la alteración de los sumarios penales que tienden a desvirtuar la realidad de los hechos, operación en la que se ha descubierto la participación de malos policías en connivencia con abogados y jueces.
Todas estas son "sutilezas" que configuran algunas de las prácticas fraudulentas más comunes que hacen perder millones de dólares a las empresas aseguradoras.
Medidas "extremas"
Para Horacio Grosso, director comercial de La Buenos Aires Seguros, hay que atacar cuanto antes las causas para evitar el avance indiscriminado de siniestros.
"De lo contrario -añade- las compañías se verán en la necesidad de tomar medidas extremas como ya se aplican en otros países, donde vehículos de determinado modelo, cuando circulan por ciudades de alta peligrosidad siniestral, dejan de estar cubiertos por el seguro mientras permanecen allí." Es el caso de Manhattan, por ejemplo. Si la sobreoferta del mercado asegurador hace que los precios bajen a tal punto que no resultan compensatorios, muchas aseguradoras dejarán de cubrir el robo de autos en aquellas zonas del país donde el riesgo es mayor.
"Pero insisto que se trataría de una medida extrema, como pasó con los pasacassettes; las compañías se cansaron de pagar este tipo de robos hasta que dejaron de cubrirlos", dice Grosso.
Otro punto por tener en cuenta son los accidentes viales. Al respecto Pantanali explica que "no se trata de un tema menor que sólo interesa a las empresas de seguros, sino que es un problema social, ya que los argentinos poseemos el triste privilegio de ser uno de los países con mayor accidentes de tránsito del mundo: tenemos la misma cantidad de muertos que Francia, donde existe un parque automotor 5 veces más grande que el nuestro y una altísima concentración de vehículos."
Las otras víctimas
El aumento de los siniestros genera sobrecostos a las compañías y la variable de ajuste son los asegurados, las otras víctimas de este negocio.
El incremento en las primas de seguros de automotores en algunos casos trepó hasta el 18 por ciento, resultando más fuerte el impacto en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde se produce alrededor del 70 por ciento de los siniestros de autos.
La medida es explicada por Jesús Mareque, titular de la Cámara de Automóviles y presidente de Seguros Visión, que señala que "después de haber hecho todo lo que hay que hacer para bajar los costos operativos, incorporando tecnología y aumentando la productividad, si eso no resulta suficiente el único camino para equilibrar ingresos y egresos es aumentar la prima. Toda construcción tarifaria técnicamente seria parte de una siniestralidad normal y cuando eso se desfasa no hay negocio que lo resista."
Otro componente importante en el valor de la prima es la elevada carga impositiva que soporta el sector, donde cada contrato de seguro paga una tasa por impuestos superior al 31 por ciento, frente al 4 por ciento que se tributa en Brasil o el 7 por ciento en Estados Unidos y países europeos.
Las comisiones que cobran los productores y los bancos que intervienen en el negocio también aportan lo suyo. En opinión de los empresarios consultados, es necesario bajar los costos de intermediación porque internacionalmente resultan muy elevados.
Fuerte concentración
La alta competitividad, el ingreso de capitales extranjeros y algunas medidas que se pretenden tomar desde el Ministerio de Economía, están llevando al sector hacia un alto grado de concentración.
En la actualidad, el mercado asegurador tiene 266 compañías: 160 operan en todos los rubros, 55 en el ramo vida, 34 en seguros de retiro y 17 son ART. Sin embargo, las 20 empresas más importantes se quedan con el 50 por ciento de la facturación total del negocio que ronda los US$ 5700 millones, de los cuales US$ 2500 millones corresponden exclusivamente al rubro automotor.
En este último renglón del negocio, La Caja (del grupo Werthein, desde que se privatizó la Caja de Ahorro) lidera el ranking de compañías, con una participación del 11,4 por ciento. El segundo puesto le corresponde a Omega, con un 9,1 por ciento del mercado, en tanto que el tercero, Seguros San Cristóbal, retiene algo más del 6 por ciento. La Buenos Aires (del grupo Roberts, transferido el año último al Hong Kong Shangai Bank-HSBC), con fuertes campañas de promoción, se ubica en cuarto lugar, con un 4,4 por ciento.
"Que la torta se reparta cada vez entre menos empresas no significa que no se incremente la competencia o que no lleguen compañías internacionales interesadas en el negocio", sostiene Mareque.
Y agrega: "El mercado de seguros de autos tiene un gran potencial de crecimiento en la Argentina. Lo mismo ocurre con otros rubros, donde las oportunidades de desarrollo son mayores. Es el caso de los seguros de vida o de incendio, donde todavía está todo por hacer."
La transición
Con la estabilidad económica, las compañías de seguros comenzaron a transitar por un proceso de reconversión.
"Antes las empresas actuaban dentro de un circuito donde existía una seudoprotección por parte del Estado, que por entonces retenía el monopolio del reaseguro. Cuando esto desapareció, cada operador quedó librado a su propio conocimiento y experiencia del negocio. El cambio de las reglas económicas generó una transición, que es la que en este momento están viviendo las aseguradoras en la Argentina", explica Jesús Mareque, de Seguros Visión.
Sucede que en épocas de alta inflación las compañías podían darse el lujo de tener resultados técnicos negativos, porque la ganancia la obtenían en el circuito financiero.
Pero con la estabilidad las cosas son diferentes. Como en todo proceso de cambio, también en este caso hay ganadores y perdedores.
Durante el ejercicio anual 1996/1997, sobre 118 compañías que operaron en el ramo automotor apenas 16 lograron un resultado técnico positivo, o sea que el ingreso por primas fue superior a los egresos por gastos de producción.
Pérdidas
Otra pauta del momento por el que atraviesa el sector son los 350 millones de dólares que el año último perdieron las aseguradoras de autos por pago de siniestros.
Situación que se agrava cuando se echa un vistazo a las pérdidas del mercado asegurador en general: 1000 millones de dólares en los últimos siete años.
"Tampoco hay que olvidar la deuda que el hoy desaparecido Instituto Nacional de Reaseguros (Inder) mantiene con las compañías de seguros", acota Horacio Grosso, de La Buenos Aires, que afirma que "se trata de un monto superior a los 600 millones de dólares, más los siniestros que aún permanecen en juicio y sobre los que todavía no hay sentencia". Desde el inicio del proceso de liquidación, en enero de 1991 (cuando Domingo Cavallo llegó al Ministerio de Economía y dispuso iniciar el proceso de desregulación en el sector), los reclamos por deudas cruzadas entre las compañías y el Inder fueron una constante. Incluso llegaron a investigarse mecanismos de corrupción entre algunos empleados jerárquicos del organismo y un grupo de aseguradoras, que actuaba presuntamente en connivencia para "fabricar" siniestros y abultar de ese modo las facturas por cobrar en la caja del Instituto.
Finalmente, luego de un largo proceso de consolidación, el Estado acordó con los privados la documentación de la deuda mediante un bono que, según se quejan, se liquida con cuentagotas.





