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Un nuevo concepto en vinoteca para seducir a los treintañeros

Los hermanos Chemea, de 21, 23 y 26 años, desarrollaron la cadena Winery
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21 de agosto de 2000  

La mayoría de las vinotecas de Buenos Aires parece cortada por la misma tijera: predominan los tonos oscuros y abundan la madera y los elementos dorados en la decoración.

Pero no es el caso de Winery, la cadena que han comenzado a desarrollar los hermanos Chemea. En sus locales mandan los colores claros y el aluminio, y la iluminación le inyecta aires de modernidad a una propuesta que se recorta nítidamente sobre la estética del rubro.

A simple vista, Winery se distingue por su imagen, pero también ofrece otros condimentos: sillas y mesas para degustar bocadillos, servicio de cafetería y vino servido en copas, para beber antes de comprar.

Chemea es un apellido vinculado con la industria textil desde hace 45 años. David, el padre de Amelia (23), Moisés (21) y Jaime (26), es uno de los tres dueños de la marca de indumentaria, que tiene 48 locales repartidos por todo el país.

Sin embargo, los hijos decidieron independizarse de la tradición familiar y en julio de 1999 se iniciaron en el mundo del vino.

El punto de partida fue un local en Avenida del Libertador y Federico Lacroze, que rápidamente conquistó los favores de los vecinos de Belgrano.

La apertura se financió con un préstamo familiar, pero con el primer Winery en marcha, los hermanos obtuvieron oxígeno suficiente para impulsar por sus propios medios la marcha del negocio.

"Nos propusimos desarrollar un nicho entre los consumidores jóvenes, con una propuesta más moderna y más integral", describe Amelia, que, aunque no ejerce, es licenciada en Comercio Exterior.

La repercusión del primer local -muy celebrado por bodegueros, periodistas especializados y consumidores experimentados- los llevó a fines del año último a replicar la experiencia en el Village de Pilar, donde, curiosamente, casi el 50% de sus clientes son mujeres.

En plan de convertir la marca en un lugar de referencia para los amantes de la buena vida y los placeres gourmet, los Chemea (Jaime, el hermano mayor, cursa en paralelo la carrera de Arquitectura, y Moisés, el menor, la de Publicidad) están a pocas semanas de inaugurar un tercer local.

El punto elegido es la esquina de Leandro N. Alem y Paraguay. Allí, además de vinos de primera categoría, montarán una cafetería y un wine bar. "En la planta baja funcionará la vinoteca y habrá cinco o seis mesas para café y snacks. Y en el subsuelo tendremos un bar y un restaurante", adelanta Amelia.

Los Chemea pondrán a disposición de sus clientes una carta breve y sofisticada y ofrecerán los servicios de un sommelier. El cubierto promedio será de entre 15 y 20 pesos y tendrán una variedad de 40 vinos para beber por copas.

Equipos especiales

Hasta hoy, en Buenos Aires, no abundan las posibilidades de ordenar vinos por copa, por el problema que significa la conservación de aquellos de mayor precio una vez que se destapa la botella.

Pero Winery contará con una máquina especial para inyectarles nitrógeno a los envases, de modo que los vinos podrán mantenerse hasta 15 días sin sacrificar sus propiedades.

En el subsuelo del local de Alem también habrá un salón para fumadores, con juegos de living y atmósfera hogareña.

Winery trabaja con la mayoría de las bodegas top de la Argentina, y tiene acuerdos con los importadores de las principales marcas del mundo.

Las bocas de Belgrano y Pilar también financiarán la apertura de un cuarto local en San Isidro, para el que ya están buscando locación.

Los hermanos también han recibido propuestas de inversores y es posible que lleguen muy pronto a Córdoba y Mendoza.

E incluso a San Pablo, en Brasil, como punto de partida para lo que imaginan como el inicio de su expansión internacional.

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